La historia de un abrazo partido

Pedro Sánchez (i) y Albert Rivera. /
Pedro Sánchez (i) y Albert Rivera.

Ni Sánchez ni Rivera se plantean reeditar el pacto que sellaron en 2016 por el que suspiran los sectores económicos y que rechazan los militantes del PSOE

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Para Pedro Sánchez, hay dos Albert Rivera: el dirigente con el que en 2016 firmó un pacto de legislatura que dio alas al centroizquierda, y del que conserva una buena opinión, y el personaje que ahora representa uno de sus máximos opositores, del que ha llegado a decir en su libro autobiográfico que «no es de fiar». La relación entre el presidente del Gobierno y el líder de Ciudadanos se ha congelado en estos tres años hasta romper todos los puentes.

El recelo y la desconfianza entre ambos dirigentes empezó a producirse nada más perder el socialista su investidura, malograda por la negativa de Podemos a permitir un Gobierno PSOE-Ciudadanos, y después de que el liberal -tras otras elecciones generales- pactase la de Mariano Rajoy. Sánchez nunca olvidó ese cambio de rumbo de su exsocio y así se lo hizo saber durante el debate de la moción de censura que desbancó al PP del Ejecutivo. El socialista subió a la tribuna y llamó desleal, mentiroso y persona «sin palabra» a Rivera. Aquello supuso un punto de inflexión en las relaciones y la situación nunca se recondujo. Al contrario. El distanciamiento se ha hecho mayor, alimentado por el ninguneo del ya presidente al líder de Ciudadanos, al que nunca ha invitado a la Moncloa, por donde sí han pasado Pablo Casado, Pablo Iglesias o Quim Torra y el resto de presidentes autonómicos.

Las conversaciones telefónicas entre ambos incluso son esporádicas y en los últimos meses no han existido. Ni tan siquiera el domingo hablaron después de que Sánchez ganase las elecciones con comodidad, aunque no por el margen que le daban las encuestas. Ni tampoco lo hicieron un día después, cuando el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, así lo dejó caer en una rueda de prensa. Albert Rivera se limitó a enviarle un WhattsApp para felicitarle.

Una falta de comunicación entre las dos partes que este miércoles volvió a quedar en evidencia después de que el Ejecutivo difundiese que Sánchez se reunirá la próxima semana con los líderes del PP, Ciudadanos y Unidas Podemos para analizar la situación política tras el 28-A sin que en el cuartel general naranja se tuviese confirmación oficial.

Aunque Rivera acudirá a la cita, nada hace presagiar que las aguas entre los dos vuelvan a su cauce. El líder de Ciudadanos tiene en su mano una de las dos llaves de la gobernabilidad del PSOE. Una reedición del 'pacto del abrazo' por el que ahora suspiran el mundo financiero y las organizaciones empresariales como garante de estabilidad, de cara sobre todo a la Unión Europea y a los inversores internacionales. Pero parece imposible que se vuelva a repetir la imagen de Sánchez y Rivera sellando un acuerdo bajo la mirada de los siete ponentes de la Carta Magna, cuyos retratos cuelgan de la sala Constitucional del Congreso.

«Con Rivera, no»

Sobre el papel ambos líderes acordaron un programa de «200 reformas» -que, entre otras cosas, se oponía a «todo intento» de convocar un referéndum de autodeterminación, acordaba la supresión de los aforamientos, o una reforma de la Carta Magna- y ataron sus destinos hasta que hubiese una investidura o unas nuevas elecciones.

El acuerdo contó además con el aval de los militantes del PSOE (ocho de cada diez lo respaldaron en una consulta interna), pero hoy la opinión predominante es «¡Con Rivera, no!». Así se lo corearon a Sánchez el domingo ante la sede de la calle Ferraz donde festejaban el triunfo electoral. «Lo he escuchado. Creo que ha quedado bastante claro», respondió a la multitud, aunque a continuación advirtió de que no iba a poner «cordones sanitarios» a nadie e iba a conversar «con todos». Una forma de dejar la puerta abierta a Ciudadanos y que el propio líder de los liberales se encargó de cerrar en una entrevista este martes. «Han votado los españoles, no la CEOE ni un banco», zanjó.

Rivera se sacudió cualquier presión e insistió en que el veto al PSOE adoptado por la dirección de Ciudadanos en febrero se mantiene, pese a que ambos partidos suman holgadamente mayoría absoluta en el nuevo Congreso. Con la mirada puesta en el 26 de mayo, donde tienen ante sí la oportunidad de culminar el 'sorpasso' al PP, a los liberales no les conviene abrirse a un acuerdo con los socialistas al tocar con los dedos el liderazgo del centro derecha.