El alcalde de Nueva York quiere desmontar a Trump en las elecciones

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, en un acto contra la contaminación en la ciudad./AFP
El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, en un acto contra la contaminación en la ciudad. / AFP

Bill de Blasio empieza con mal pie entre sus paisanos y se enfrenta a otros 22 rivales demócratas

MERCEDES GALLEGOCorresponal en Nueva York (EE UU)

Por una vez, Donald Trump se divierte leyendo el New York Times y otros periódicos de su ciudad natal. Es más, le están haciendo el trabajo de atacar a sus rivales. El último en saltar al concurrido ruedo donde ya luchan 23 candidatos por la nominación presidencial del Partido Demócrata es el alcalde de Nueva York Bill De Blasio, «el peor alcalde de EE UU», dice la contracampaña del presidente. «Los neoyorquinos le odian».

Sobra decir que ninguna de esas afirmaciones es cierta, lo que ya se da por hecho de los tuits de Trump. Con todo, una encuesta de Quinnipiac University reveló el mes pasado que el 76% de los neoyorquinos no quiere que se presente. La mayoría prefiere que se centre en el trabajo de gobernar la ciudad de los rascacielos, donde quedan tantos problemas por resolver.

«¿Si no se ha destacado aquí cómo lo va a hacer en el escenario nacional?», se preguntaba la columnista del New York Times Jennifer Senior. Era, quizás, la forma más suave de atacarle. En la ciudad que nunca duerme, donde la testosterona de Wall Street y la competitividad de Madison Avenue disparan la adrenalina, las relajadas costumbres de un alcalde incapaz de madrugar ha sentado mal entre los neoyorquinos.

De Blasio no apura los minutos, sino que dedica al menos una hora diaria solo en llegar hasta gimnasio de su antiguo barrio en Brooklyn, donde se le puede ver tranquilamente en la cinta a las 10 de la mañana. Quienes casi no le ven son sus colaboradores en el Ayuntamiento, a donde el año pasado fue una media de diez días al mes, según el rotativo. Los tabloides no lo han tratado mejor. La portada del New York Post retrataba las presuntas carcajadas de quienes escuchaban la noticia y el Daily News caracterizaba al alcalde de casi dos metros vestido de Big Foot por las montañas del país.

Las incursiones presidenciales de los pocos alcaldes neoyorquinos que han aspirado a la presidencia suelen acabar en Florida, donde ni los jubilados emigrados al estado con menos impuestos y más sol votaron por Rudy Giuliani en 2008. La de De Blasio parece estar atascada en casa, aunque él tenga la vista puesta en Iowa.

Los demócratas creen que ya hay una saturación de candidatos progresistas que no podrán convencer a la América más conservadora para vencer a Trump, que es lo que realmente les importa. Por lo tardía de su decisión puede que De Blasio ni siquiera alcance el 1% en las encuestas requerido para participar en los debates del mes que viene. Por el contrario, el gobernador de Montana Steve Bullock, que se lanzó al ruedo apenas dos días antes que el alcalde de Nueva York, recaudó un millón de dólares en apenas 24 horas, la otra alternativa para aparecer ante las cámaras.

La posibilidad de conectar con la parte rural y conservadora del país es más atractiva que las propuestas de guarderías gratuitas que De Blasio ha hecho realidad. De ahí que el exvicepresidente Joe Biden, el favorito, inaugure este viernes su sede de campaña en Pensilvania y el senador Bernie Sanders defienda sus ideas en la cadena Fox. Según la última encuesta de Quinniapiac, apenas otros ocho candidatos llegarían al primer debate que organiza NBC en Miami el 26 de junio, un espectáculo que sin duda el presidente no se perderá.