Trump se rinde ante los demócratas

Donald Trump. /AFP
Donald Trump. / AFP

El presidente estadounidense acepta reabrir de forma provisional el Gobierno, tras 35 días de cierre, para negociar la seguridad fronteriza sin condiciones

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Hoy era día de paga, pero 800.000 funcionarios del Gobierno estadounidense volvieron a quedarse por segunda vez sin su cheque de quincena. Donald Trump recibió el suyo, pero lo que le dolía eran los ratings, que según la última encuesta conjunta de la cadena ABC y el Washington Post han caído a sus índices más bajos durante los 35 días que ha durado el cierre de Gobierno más largo de la historia. Hora de capitular.

La tregua del presidente, que acepta negociar sin precondiciones pero no deja de pedir 5.700 millones para construir un muro en la frontera, durará hasta el 15 de febrero, tiempo suficiente para visitar su mansión invernal de Mar-a-Lago en Florida y pronunciar el discurso anual sobre el Estado de la Unión, que todas las televisiones transmiten en directo. La portavoz del Congreso Nancy Pelosi le había retirado la invitación hasta que reabriese el Gobierno.

El anuncio fue bien recibido por los funcionarios, que acumulaban deudas en las tarjetas de crédito, y los aeropuertos que empezaban a cerrar por falta de controladores aéreos. El de La Guardia, que gestiona los vuelos nacionales en Nueva York, dio la alerta roja hoy, cuando empezó a rechazar aviones. Por parte de los demócratas, sin embargo, «nada ha cambiado».

Se referían al muro de la discordia, ese al que Trump dedicó hoy el grueso de su discurso desde el Jardín Rosado de la Casa Blanca. Una barrera «que puede ser de acero», concedió, que ve fundamental para la seguridad del país porque en los mundos de Trump acabará con cualquier tipo de tráfico ilícito. «Piensa en esto, ¿cómo van a entrar por los puestos fronterizos con cuatro mujeres en los asientos con la boca tapada por esparadrapo?».

Así respondía al apunte del telepromter: «[Hable del tráfico humano]». Sus ayudantes no habían tenido tiempo de hilar el discurso, pero la imaginación infantil de Trump, influenciada por sus muchas horas de televisión, no concibe que el 85% de las drogas incautadas en la frontera se hayan interceptado en los puestos fronterizos, según los datos oficiales del departamento de Protección de Fronteras y Aduanas de EE UU (CBP, por sus siglas en inglés). Los traficantes superan con mucho al presidente, en maña e imaginación.

«Una puñalada»

Para sus bases, la concesión del mandatario ha sido «como una puñalada», interpretó un senador republicano. Diez de los estados más afectados por la excedencia forzosa votaron por Trump en las elecciones de 2016. Sus seguidores lo consideraban un sacrificio necesario para poner presión sobre los demócratas, en control de la Cámara Baja, pero fue su líder el que no pudo aguantar la presión. «Trump ha perdido. Punto», titulaba una columna del Washington Post.

«Como sabéis dispongo de una alternativa muy poderosa que no quise usar en este momento, esperemos que no sea necesaria», advirtió el presidente. La bala que le queda en la recámara es declarar una emergencia nacional para apropiarse del dinero sin la aprobación del Congreso, algo a lo que su propio partido es renuente y que podría ser retado en los tribunales. La situación estaba a punto de empeorar. El trabajo de los funcionarios podía ser invisible, pero su ausencia empezaba a sentirse en la calle. Quienes esperan procesar estos días su declaración de la renta para completar un sinfín de asuntos se hubieran encontrado con que 14.000 funcionarios de Hacienda se habían resistido a la llamada de volver a sus puestos sin cobrar. «Nuestros funcionarios no pueden ser rehenes», advirtió el líder demócrata del Senado Chuck Schumer. «Esto no puede volver a ocurrir nunca más». La prueba de fuego llegará en tres semanas, cuando venza la tregua anunciada hoy.

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