Kiev, ciudad de colinas verdes, cúpulas doradas y el gran río Dniéper

Kiev, ciudad de colinas verdes, cúpulas doradas y el gran río Dniéper

La urbe ucraniana acoge este sábado la final de la Champions entre Real Madrid y Liverpool

RAFAEL M. MAÑUECO

Kiev, capital de Ucrania y sede de la final de la Liga de Campeones del sábado entre el Real Madrid y el Liverpool, está en el origen del Estado ruso y su cristianización. El caudillo escandinavo Rúrik estableció un asentamiento en el entorno de la actual ciudad rusa de Nóvgorod en el siglo IX y su descendientes se expandieron después hacia el sur, conquistando tierras y poblados hasta tomar Kiev en el año 882.

Surgió así la Rus de Kiev, bajo el reinado de Oleg el Profeta. Un siglo después, Vladímir el Grande o el Santo, como se le conoce también, obtuvo el trono y contrajo matrimonio con la princesa bizantina Ana, hermana de Basilio II, para lo que tuvo que abrazar el cristianismo. Un monumento dedicado a ese primer monarca ruso de fe cristiana se erige hoy día en Kiev a orillas del impresionante y majestuoso Dniéper, río que marca inexorablemente el carácter de la ciudad.

También sus verdes colinas, sus coloridos edificios y las cúpulas doradas de las numerosas iglesias son el sello de esta bonita y agradable urbe de tres millones y medio de habitantes. La huella soviética está presente, pero no desmerece, salvo que nos traslademos a los barrios periféricos, en donde abundan las interminables hileras de colmenas humanas.

Con Vladímir y su hijo, Yaroslav el Sabio, a quienes se considera los verdaderos creadores del primer Estado ruso unitario, Kiev se convirtió en un centro religioso autónomo de Bizancio. Su cultura era una mezcla de elementos escandinavos, eslavos y bizantinos. Fue la época cuando empezaron a construirse templos y monasterios y la casta escandinava (varegos) se terminaron de eslavizar y cristianizar.

De visita obligada, por tanto, es la catedral de Santa Sofía, levantada en la primera mitad del XI por orden de Yaroslav, en el promontorio que era entonces el centro amurallado de Kiev. El nombre de la ciudad viene de una leyenda que atribuye la fundación del asentamiento, mucho antes de que llegaran los varegos con Oleg al frente, a tres hermanos, el mayor de los cuales se llamaba Kii. Hay también un monumento dedicado a ellos. Santa Sofía, en donde está enterrado Yaroslavl, fue reformada durante los siglos XVII-XVIII y se añadieron elementos barrocos a su arquitectura.

Cerca de la catedral se puede ver también la llamada Puerta de Oro, una de los pocos elementos que se han conservado de la muralla medieval, y el formidable monasterio Mijaílovski (San Miguel), que fue «hospital de campaña» para acoger a los heridos durante la revuelta del Maidán (diciembre de 2013-febrero de 2014).

Desde el monasterio y caminando por la calle Desiátinna se avanza hasta la iglesia de San Andrés, que da nombre a la cuesta que allí mismo comienza. Bajar paseando la pendiente hasta llegar a la calle Pokróvskaya es uno de los principales atractivos turísticos de Kiev. La cuesta está llena de tiendas, anticuarios, puestos callejeros, galerías de arte, restaurantes, bares y museos, uno de ellos la casa en donde habitó el escritor Mijaíl Bulgákov (Maestro y Margarita, Guardia Blanca, Corazón de Perro).

Una vez abajo, se puede andar un kilómetro más y visitar el museo dedicado a la catástrofe nuclear de Chernóbil.

También es indispensable la visita al monasterio de las cuevas, Kievo-Pechérskaya Lavra, con sus impresionantes momias de los monjes en nichos perforados en angostos túneles. Figura en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Muy cerca se puede ver también el museo al aire libre en recuerdo de la II Guerra Mundial, que alberga la inmensa estatua «Madre Patria».

Pero el centro neurálgico de Kiev es el Maidán Nezalézhnosti (Plaza de la Independencia), escenario de dos sonadas revueltas, la primera en 2004 y la segunda 10 años más tarde, y de las trágicas muertes que un puñado de francotiradores perpetraron el 20 de febrero de 2014 durante las multitudinarias protestas en contra del entonces presidente Víctor Yanukóvich.

La calle Jreshatik parte en dos la plaza y su recorrido a pie es muy recomendable hasta llegar al mercado de Besarabia, que merece también un visita. Allí comienzo el bello bulevar Tarás Shevchenko, desde donde se puede acceder al edificio de la Universidad de Kiev, cuyo edificio principal está pintado de rojo.

Por detrás del mercado Besarabia, a través de la calle Bolshaya Vasilkóvkaya, se llega hasta el Estadio Olímpico, escenario del choque entre Real Madrid y el Liverpool. Toda esta zona y Kiev en general está lleno de restaurantes de todo tipo, de cocina española incluida, y se come bien por lo general. En muchas de las calles aledañas a la Jreshatik hay además numerosos pubs y alguna discoteca. Kiev es una ciudad que nunca duerme, especialmente durante los fines de semana. Y tiene fama de segura y afable con los extranjeros, pese a la guerra en el este del país.

La oferta cultural es también enorme y, si quedara algo de tiempo libre, es muy aconsejable comprar entradas para el Teatro Nacional Académico de Ópera y Ballet en la calle Vladímirskaya número 50.

Otra parte de Kiev que merece la pena inspeccionar es en donde se encuentra la sede del Gobierno, la Rada Suprema (Parlamento) y la Presidencia, en las calles Mijaíl Grushevski y Bancova. Desde la calle Institútska se puede bajar hasta el Maidán, pero pasando antes por el mirador frente al Hotel Ucrania. Permite contemplar una magnífica vista de la plaza con las cúpulas de Santa Sofía al fondo.

El metro, aunque no tan espectacular como el de Moscú, es también un atractivo, además de ser el mejor y más barato medio de transporte. Tiene la estación más profunda del mundo, Arsnalna, con 105,5 metros de profundidad. La de Admiralteískaya en San Petersburgo tiene 102 metros bajo tierra y la de Puhung, en Pyongyang, la capital de Corea del Norte 100 metros. Park Pobedi en Moscú tiene sólo 84 metros de profundidad.

Pero para orientarse más o menos por la ciudad conviene aprenderse el alfabeto cirílico y no es difícil. Unos minutos durante el viaje de avión hacia Kiev es suficiente y ayuda muchísimo.

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