Peligro en el corazón de las fresas

El primer ministro australiano come una fresa. /Dan Peleo (Efe)
El primer ministro australiano come una fresa. / Dan Peleo (Efe)

El Gobierno de Australia ofrece una recompensa de 65.000 euros para atrapar al saboteador que esconde afiladas agujas en las frutas

DOMÉNICO CHIAPPE

Los australianos han comenzado a comer las fresas rebanándolas con una cortadora de huevo. Prefieren los pequeños trozos rojizos al deleite de morderlas sin dejar escapar su zumo. Hacerlo ya no es seguro y los niños tienen miedo. Alguien coloca agujas y alfileres dentro, bien escondidos. Se han reportado más de 100 casos en ese país desde el 9 de septiembre.

Afiladas varillas de metal traspasando verticalmente el corazón de la fruta que han creado un problema internacional, cuando las laceradas fresas llegaron a Singapur y Nueva Zelanda, y la cadena de supermercados FairPrice anunció a principios de semana que no las importaría más. Otros hipermercados han empezado a utilizar detectores de metales o a ofrecer a sus clientes un reembolso para que devuelvan los productos sospechosos.

El caso se ha convertido en un asunto de Estado para los australianos desde que se reportara la primera aguja en Queensland. Se desconoce si el hombre que la encontró mordió la pulpa y se ensartó como un pez, pero sí ha trascendido que otros dos han tenido que ser hospitalizados en esa región del noroeste de la isla. Las autoridades han ofrecido una recompensa de 65.000 euros a quien dé alguna pista del culpable, han modificado las leyes para elevar la pena de prisión hasta los 15 años para quien contamine o use los alimentos para hacer bromas y el primer ministro Scott Morrison llamó «cobarde y gusano» al hasta ahora desconocido saboteador. «No es gracioso y pone en riesgo el sustento de los australianos», aseguró.

El sabotaje agrícola empieza a ocasionar grandes pérdidas a un sector que factura casi 100 millones de euros y el Gobierno plantea el uso de rayos X para controlar los contenedores agrícolas, además de mover su diplomacia para exculpar a sus campesinos. También se han encontrado objetos metálicos en una manzana, un plátano y un mango. Ante la alarma, la población ha reaccionado en defensa de los cultivadores de fruta con distintas acciones, como preparar pasteles de fresa y regalarlos. Una campaña impulsada por el Gobierno, entre otras medidas de solidaridad.

«Te buscaremos», había amenazado Morrison en su comparecencia y hace unos días detuvieron a un joven, que, según la policía de Nueva Gales del Sur, admitió haber hecho este tipo de «bromas» alguna vez, entre otras más. Sin embargo, el caso no ha avanzado desde entonces, pues la mayoría de pistas conducen a falsos reportes efectuados en redes sociales, con fotografías de fresas traspasadas por alfileres. El verdadero culpable -un «idiota» como lo llamó el primer ministro- todavía no ha sido atrapado. La psicosis colectiva continúa y se teme el efecto 'copycat'. Por si acaso, los hipermercados Woolworths, que es una de las mayores cadenas australianas, ya no venden agujas en ninguna de sus casi mil sucursales.

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