Merkel se salva, Schengen peligra

Angela Merkel./Hayoung Jeon (Efe)
Angela Merkel. / Hayoung Jeon (Efe)

Juncker anuncia que la Comisión analiza la legalidad del pacto entre la CDU y la CSU, mientras Austria advierte de un efecto dominó en el cierre de fronteras

ADOLFO LORENTECorresponsal en Bruselas

Una vez superada con éxito la 'operación salvar a Merkel', la UE afronta ahora la 'operación salvar Schengen'. El acuerdo político alcanzado entre la CDU y la CSU para superar la grave crisis dentro del Gobierno alemán puede desencadenar un perverso efecto dominó en el cierre de fronteras interiores. Si Alemania lo hace «para controlar los flujos migratorios ilegales», también lo hará Austria, como ha sugerido desde Estrasburgo su canciller, Sebastian Kurz. Si vuelven los controles fronterizos, la libre circulacion de personas dentro de la UE, ese gran logro llamado Schengen, comenzará a ser pasado por la vía de los hechos. No hará falta que nadie certifique su muerte, la realidad lo hará sin ayuda alguna.

Merkel se ha salvado, pero aún está por ver el peaje que tendrá que pagar Europa. Además de los acuerdos bilaterales impulsados por la canciller para que países como España acepten la devolución de los asilados que registraron en su día, el acuerdo entre la CDU y la CSU prevé la creación de centros de internamiento para inmigrantes en la frontera bávara con Austria desde donde se examinaría su solicitud de asilo.

Primera duda, ¿esto es legal? Responde el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker: «No he estudiado todavía el acuerdo. He pedido al servicio jurídico de la Comisión que presente un dictamen 'ad hoc', pero me parece que está en línea con la legislación de la UE». Traducción: no gusta nada, pero hay que hacer de la necesidad virtud. Salvar a Merkel bien merece buscar cualquier resquicio legal que justifique estos centros. Extremar el control de las fronteras exteriores es el nuevo mantra de la UE. La duda es saber qué pasará con las interiores.

¿Qué hacemos con Schengen?«Si Alemania introduce medidas nacionales tendrá un efecto dominó y significaría que Austria tiene que reaccionar», advirtió Kurz, dejando la puerta abierta a establecer estos mismos controles en su frontera sur (linda con Eslovenia). «Como alguien que creció en una Europa sin fronteras, la presidencia austríaca de la UE hará todo lo posible para garantizar que a largo plazo tengamos de nuevo una Europa sin fronteras», recalcó el canciller, de 31 años.

El matiz «de nuevo» es clave. ¿De nuevo? ¿La Europa sin fronteras ya no existe? Conviene estar muy atentos a las palabras de Sebastian Kurz. Primero, porque se ha erigido en líder absoluto del sector duro de la UE, integrado entre otros por Italia o los «chicos malos» del Visegrado (Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa). Y segundo, porque este semestre lidera la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión y llevará las riendas de la agenda comunitaria en un momento clave.

Críticas de la Eurocámara

Kurz estuvo hoy en Estrasburgo, en la última sesión plenaria de la Eurocámara antes de las vacaciones de verano y que sirvió, entre otras cosas, para presentar el programa de su presidencia para estar semestre y para debatir sobre los resultados obtenidos en la cumbre de jefes de Estado y de gobierno celebrada el pasado jueves y viernes en Bruselas. «Siempre se habla del vaso medio lleno o medio vacío, yo prefiero verlo medio lleno», recalcó Juncker, quien defendió impulsar la colaboración con África. «No podemos decidir sobre ellos, sino decidir con ellos. No podemos dar la sensación de volver a las actitudes neocolonialistas», apostilló.

Eso sí, no ocultó su frustración en asuntos como el migratorio, donde los Estados miembros continúan de perfil a la hora de reformar las políticas de asilo (reglamento de Dublín). «No es que tenga un ego exagerado, pero si se hubiesen aprobado las propuestas de la Comisión de febrero de 2015, no estaríamos en la situación lamentable de ahora. No es el momento de dormirse en los laurales, hay que actuar. No es el momento de frenar, sino acelerar», arengó.

La intervención del presidente del Consejo, Donald Tusk, fue quizá la mejor metáfora del momento que atraviesa la UE. Alicaído, muy plano, se limitó a dar cuenta de los acuerdos alcanzados en la cumbre, como las plataformas voluntarias de desembarco dentro de Europa, abrirlos en terceros países o estrechar la colaboración con los guardacostas libios. No hay que olvidar que fue su propio equipo quien vendió la cita como «la madre de todas las cumbres». Tusk, muy dado a los grandes títulos, decidió ponerse de perfil en tono muy serio mientras los eurodiputados arremetían con dureza contra los gobiernos nacionales de los Veintiocho.

«Lo que vivimos no es una crisis migratoria, es una crisis política a costa de los inmigrantes. Miren las cifras antes de extender el miedo entre la población», recalcó el líder del grupo liberal, Guy Verhofstadt, quien recordó que las llegadas de inmigrantes a la UE han pasado de más de un millón en 2015 a menos de 50.000 hasta junio de este año. «El problema en Europa es que el único consenso que pueden acordar hoy es 'no en mi patio'», lamentó.

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