El Vaticano «urge» a los episcopados a reunirse con víctimas de abusos

Audiencia del papa Francisco. /Efe
Audiencia del papa Francisco. / Efe

Los encuentros deben realizarse antes de la cumbre vaticana sobre pederastia de febrero para «aprender de primera mano el sufrimiento que han soportado» estas personas

DARÍO MENORCorresponsal en Roma (Italia)

El Papa Francisco es consciente de que el escándalo de los abusos sexuales a menores cometidos por eclesiásticos amenaza con empañar todo su pontificado y hacer olvidar la ilusión de cambio y de renovación que generó en un primer momento. Para tratar de conseguir que las Iglesias locales se involucren de una vez en la respuesta a este problema, convocó el pasado noviembre una cumbre del 21 al 24 de febrero en El Vaticano en la que los presidentes de los episcopados de todo el mundo debatirán sobre cómo proteger a los menores dentro de la Iglesia. En un intento de que el encuentro marque de verdad un punto de inflexión, los organizadores de esta cita pidieron ayer por carta a los presidentes de las conferencias episcopales que se reúnan con víctimas de abusos en sus propios países. Les dijeron que «urgen» esas entrevistas personales para «aprender de primera mano el sufrimiento que han soportado» estas personas.

«El primer paso debe ser tomar conciencia de la verdad de lo ocurrido», insistieron los miembros del comité organizador, formado por los cardenales Oswald Gracias y Blase J. Cupich, el arzobispo Charles Scicluna, secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y el jesuita Hans Zollner, presidente del Centro para la Protección de Menores en la Pontificia Universidad Gregoriana. Llama la atención que el Pontífice se haya olvidado de designar en el comité a algún experto en la materia de lengua española, pues es de América Latina de donde provienen hoy la mayor parte de las denuncias sobre abusos sexuales que llegan a Roma. Tras el estallido del problema en Estados Unidos, Irlanda, Alemania y Australia, ahora le toca el turno a naciones de lengua española como Chile, cuyo episcopado ha tapado estos casos durante décadas. También la Iglesia de nuestro país ha optado hasta hace bien poco por mirar hacia otro lado y considerar que era casi inmune a la pederastia eclesial.

Además de invitarles a entrevistarse con víctimas antes de la reunión de febrero, los organizadores de la cumbre enviaron a los presidentes de los episcopados un cuestionario, cuyo contenido no fue publicado, para que expresen «sus opiniones de manera constructiva y crítica» a medida que progresan en «la identificación de dónde se necesita ayuda para llevar a cabo reformas ahora y en el futuro», y para ayudar «a tener una visión completa de la situación en la Iglesia». La carta concluyó con un llamamiento a todos los líderes eclesiales locales para que se unan «en solidaridad, humildad y penitencia para reparar el daño causado, compartiendo un compromiso común de transparencia y responsabilizando a todos en la Iglesia».

El portavoz vaticano, Greg Burke, destacó que la petición a los participantes en la cumbre a reunirse con supervivientes de abusos supone «un modo concreto de poner a las víctimas en el primer lugar, y de darse cuenta verdaderamente del horror que han vivido». El encuentro de febrero, según Burke, estará enfocado en tres temas: responsabilidad, asunción de responsabilidades y transparencia.

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