El violador múltiple no rehabilitado quería ser policía

El violador múltiple Gregorio Cano. /Atlas
El violador múltiple Gregorio Cano. / Atlas

Pese a sus intentos durante el juicio, el dictamen forense descartó cualquier trastorno mental o de la personalidad

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Comenzó actuando los fines de semana, a partir de medianoche, en la Verneda, un barrio que enseguida se le quedó 'pequeño'. Ascensores, portales y pisos de otras zonas de la Ciudad Condal se convirtieron en el escenario de las agresiones sexuales del violador múltiple Gregorio Cano Beltri. Siempre armado con una navaja, atacaba a mujeres «delgadas» que rondaban la veintena y que estuviesen solas. En la mayoría de los casos, les obligaba a practicarles una felación.

El 8 de marzo de 1998 escogió a su última víctima. Se trataba de una agente de policía vestida de paisano que simulaba caminar sola por un descampado -otro de los lugares poco transitados que frecuentaba-, pero que era observaba por otra compañera. El violador picó el cebo y fue arrestado. Ya hacía más de tres años que estaba rehabilitado de su adicción a las drogas y al alcohol, según él mismo confesó durante el juicio. Aunque estaba limpio, tenía trabajo y novia estable, alegó esquizofrenia, periodos de amnesia y también se escudó en un problema de control de impulsos. Sin embargo, los forenses descartaron cualquier trastorno. Vamos, que se lo inventó.

Quiso ser Policía

Era uno de los cinco hijos de un matrimonio marcado por el carácter autoritario del padre, un expolicía nacional. Otro de sus hermanos era también agente de la ley, una carrera que él mismo había pretendido seguir. Sin embargo, dejó los estudios en BUP y se marchó a Zaragoza a realizar el servicio militar.

A sus 28 años, fue condenado por 17 violaciones consumadas y 40 tentativas de violación cometidas entre el 23 de febrero de 1997 y el 1 de mayo de 1998. Se encontraron restos de semen en ropa de las víctimas y en algunos ascensores de los edificios donde cometía las violaciones y también huellas digitales en un espejo de un ascensor. Le cayeron 167 años de prisión tras reconocer los hechos y pedir perdón a las víctimas y a su entorno. El acusado explicó que no estaba en sus «cabales» cuando se produjeron las agresiones, desde el 23 de febrero de 1997 hasta el 1 de mayo de 1998. Hoy ha salido en libertad después de haber cumplido en la cárcel Brians 2 en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona) los 20 años de prisión que el artículo 76.1 del Código Penal prevé como pena máxima.

El ministerio público ha activado el protocolo de vigilancia «no invasiva» previsto para el seguimiento de los antiguos presos considerados como peligrosos. Así lo ha determinado tras estudiar los informes de los responsables tratamiento del centro penitenciario en el que ha cumplido su condena, que alertan de que el violador múltiple no está rehabilitado y su riesgo de reincidencia es elevado. No hay constancia de que durante su estancia en prisión pidiera la castración química, como se ha publicado en algunos medios de comunicación.

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