El ascenso de Esquerra disipa la sombra de las elecciones en Cataluña

Pere Aragonès (ERC), junto al presidente Quim Torra (JxCat), durante la sesión en el Parlament del pasado jueves./EFE
Pere Aragonès (ERC), junto al presidente Quim Torra (JxCat), durante la sesión en el Parlament del pasado jueves. / EFE

Torra y Puigdemont no encuentran en estos momentos ningún incentivo para llamar a los catalanes a las urnas

CRISTIAN REINOBarcelona

Quim Torra lo repite en todos sus discursos: «No aceptaremos las condenas». Cuando se produzcan las sentencias por el juicio del 1-O el Parlamento catalán dará una respuesta, repite también con asiduidad. Hasta la fecha, se daba casi por hecho que esa respuesta sería en forma de convocatoria de elecciones catalanas para intentar reforzar la mayoría independentistas y volver a lanzar un órdago al Estado con unos nuevo hechos de octubre. Hay otras opciones: una gran movilización por Europa, otro 1-O, una huelga de país como el 3-O o una nueva declaración en la Cámara catalana.

La posibilidad del adelanto electoral -aunque quedan meses hasta que se conozcan las sentencias- se enfría por momentos. El propio presidente de la Generalitat se ha encargado esta semana de descartar el anticipo de los comicios. «Sería irresponsable convocar elecciones, no me lo he planteado nunca, ni en este momento ni cuando haya las sentencias del Supremo. Pienso que la solución no pasa por unas elecciones, sino por cumplir el mandato que tenemos», aseguró esta semana. Nunca se había expresado con tanta claridad.

La consejera de la Presidencia, Elsa Artadi, corroboró su tesis. «No está en la agenda» de la Generalitat «convocar elecciones» , insistió la también portavoz del Ejecutivo catalán.

Lo más llamativo es que hace bien poco Torra no cerraba la puerta a esta posibilidad. La clave está en que, hoy por hoy, Junts per Catalunya (JxCat), que es quien ostenta la presidencia de la Generalitat y la prerrogativa de disolver la Cámara, no tiene nada que ganar con el adelanto electoral.

Las encuestas señalan que quien puede capitalizar el efecto de las sentencias del 1-O es Oriol Junqueras, señalado por la Fiscalía como el máximo responsable y para quien más años de prisión solicita. El presidente de ERC se está erigiendo en el líder del movimiento independentista desde la prisión.

Carles Puigdemont trata de hacer lo propio desde el Waterloo, pero las encuestas empiezan a darle la espalda. La última, la del CEO (de la propia Generalitat), conocida el viernes pasado, otorgaba 36-38 escaños a ERC, seis más que los que obtuvo en el 21-D del año pasado, mientras que JxCat perdería diez diputados, de los 34 actuales. Si el efecto de las acusaciones de la Fiscalía prima a Esquerra en detrimento de JxCat, lo mismo podría ocurrir tras las sentencias, sobre todo si el líder de ERC es el que se lleva la condena más alta.

Junqueras es el único político catalán que pasa del cinco según la valoración del electorado el sondeo del CEO. El máximo dirigente de ERC, en prisión desde hace un año, supera en punto y medio a Puigdemont. Las encuestas no apuntan a que el secesionismo esté en disposición de aumentar de manera considerable los 70 escaños que tiene en la actualidad. Y esa mayoría, ha admitido Artadi, no les permite «hacerlo todo».

Desconfianza en sus filas

Torra y Puigdemont, que son quienes tienen en su mano el adelanto electoral, miran además con recelo a Esquerra, que lleva tiempo flirteando con Catalunya en Comú y, indirectamente, con el PSC para reeditar el tripartito, en este caso liderado por la formación republicana. Esta posibilidad cobra fuerza tras la encuesta del viernes. Por primera vez, entre las tres fuerzas podrían sumar la mayoría absoluta. Se rompería así el bloque secesionista, tras seis años de 'procés'.

El centro derecha soberanista no puede poner en juego su permanencia en el poder (ha tenido la presidencia 31 años desde 1980). El otro motivo por el que Torra y Puigdemont no tienen muchos motivos para llamar a la ciudadanía a las urnas es el lío interno que hay en el espacio de JxCat y el PDeCAT. El expresidente de la Generalitat está ultimando la creación de la Crida, con el objetivo de lanzar un nuevo partido, pero el PDeCAT se resiste a quedar absorbido.

Hay riesgo de escisión, como ya pasó cuando se rompió CiU, lo que no es un elemento que invite a afrontar un proceso electoral. Así que todo apunta a que, hasta que el proyecto de la Crida no esté consolidado, Torra y Puigdemont no activarán el botón rojo de las elecciones. Luego está el papel de ERC. Los republicanos están volcados en tratar de aprobar los Presupuestos de Cataluña. Quieren presentarse ante el electorado como un partido de gobierno, serio y de gestión, el papel que se le atribuía en el pasado a CiU. Esquerra confía en Catalunya en Comú para sacar adelante las cuentas. Hace meses, esta posibilidad parecía remota, pero los comunes se han ablandado. Y si Pere Aragonès logra aprobar sus números, que se presentarán como los «más sociales de la historia», ERC hará todo lo que esté en su mano para alargar la legislatura. Y lanzar un mensaje de estabilidad, en contraposición con la situación del Gobierno central.

 

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