El PP ve en los pactos una vía para rebajar la tensión entre la cúpula y los barones

Casado, entre Núñez Feijóo y Moreno, saluda a los miembros del Comité Ejecutivo del PP el pasado lunes. /E. P.
Casado, entre Núñez Feijóo y Moreno, saluda a los miembros del Comité Ejecutivo del PP el pasado lunes. / E. P.

Cargos del partido creen que la prioridad debe ser mantener el poder allí donde se gobierna: Comunidad de Madrid, Castilla y León y Murcia

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Hubo un tiempo en el que el PP versionó aquello de que el poder es el mejor pegamento de los partidos políticos y concedió a la continuidad de Mariano Rajoy un efecto de cohesión. Los mismos que reconocían la necesidad urgente de renovación, temían el día después. En el caso de los populares todo iba a confluir. La moción de censura puso fin al mandato del expresidente y acabó con el precario equilibrio interno de la formación, que hoy, diez meses después de las primarias, vuelve a agitarse. El hundimiento en las urnas ha hecho aflorar nuevas discrepancias. Los pactos del 26-M podrían servir, sin embargo, para empezar a suavizar las tensiones entre la cúpula nacional y los líderes territoriales.

Los 66 escaños del 28 de abril se recibieron como un mazazo en todas las estructuras del PP. La dirección se apresuró a encargar un informe cualitativo que, según Pablo Casado, sitúa la corrupción y la gestión del Gobierno de Rajoy de la crisis territorial y económica como factores de desgaste de la marca. El diagnóstico de los barones, en cambio, dista mucho del que ha construido Génova. No pudo ser más claro Alberto Núñez Feijóo el pasado lunes en un almuerzo privado en la sede central de los populares. El presidente de Galicia reclamó a su jefe de filas un viraje a la centralidad y señaló como primer error la «derechización» del mensaje.

Hay un interés explícito en las direcciones territoriales del PP por participar desde ahora en el rumbo del partido. Algunas de ellas se quejan de no haber sido suficientemente escuchadas y creen que tampoco el proceso de elaboración de las listas contribuyó a integrar sensibilidades tras las primarias. A su juicio, y aunque intuyen que su demanda ha quedado, al menos temporalmente, aparcada, Casado debería acceder a sumar nuevas voces al equipo de dirección y reorientar su discurso. Pero lo acuciante, para unos y otros, es retener el poder territorial.

Momento de audacia

Es esta, las de los pactos tras las elecciones municipales y autonómicas, una operación que, además, el presidente del PP puede emplear, sostienen fuentes populares, para «limar asperezas» con las organizaciones regionales del partido –y, de paso, afianzar así su liderazgo–. La dirección nacional deberá asumir buena parte de las negociaciones con Ciudadanos y Vox, lo que ha despertado cierto temor en las filas conservadoras a que algunas instituciones se conviertan en moneda de cambio para amarrar otras.

Fuentes del PP en varios territorios señalan que la cúpula debería ser «audaz» y no ceder ni un milímetro ante Ciudadanos allí donde gobierna: Comunidad de Madrid, Castilla y León y Región de Murcia. De ahí que los mensajes de Génova y algunas informaciones publicadas que apuntaban a que las dos plazas madrileñas –incluido el consistorio– son la prioridad han encendido esta semana algunas alarmas en las filas conservadoras. Y la preocupación alcanzó el viernes al presidente castellanoleonés, Juan Vicente Herrera.

El Ayuntamiento de Madrid, un escaparate muy importante para los partidos, depende de Albert Rivera, que podría apoyar al PP para gobernar o llegar a un acuerdo con el PSOE y quedarse con la alcaldía a cambio de dar su apoyo a los socialistas en el Gobierno autonómico. Fuentes populares creen que esa batalla hay que darla hasta el final, pero llaman a no perder la perspectiva si de eso dependen los feudos tradicionales del partido.

En definitiva, señalan que se trata de tener una visión del PP cuya la columna vertebral son todas sus estructuras regionales y no desviar únicamente el foco a Madrid. En el partido hace tiempo que sostienen que Casado debería trascender y tener en cuenta la pluralidad del partido y sus necesidades, también discursivas, en cada territorio.