La guerra de espías desembarca en el juicio del procés

Captura de la señal institucional del Tribunal Supremo en el juicio del procés. /Efe
Captura de la señal institucional del Tribunal Supremo en el juicio del procés. / Efe

Hasta cinco agentes revelan los seguimientos y contravigilancias que se hicieron mutuamente el 1-O Mossos y Policía Nacional

MELCHOR SÁIZ-PARDO y MATEO BALÍNMadrid

Aquel domingo de otoño de 2017 no solo hubo urnas y cargas policiales en los colegios de Cataluña. Aquel 1-O, en las calles y carreteras hubo un verdadera guerra silente entre los Mossos, de una parte, y la Policía Nacional y la Guardia Civil, de otra. Una batalla de espías, seguimientos, chivatazos, vigilancias, contravigilancias y, sobre todo, desconfianzas que finalmente hoy afloraron en el Supremo con la narración de hasta cinco funcionarios diferentes.

Los dos inspectores, dos agentes y una oficial de la Policía Nacional relataron el que, quizás, sea el episodio culmen de esta batalla entre cuerpos policiales, otrora amigos. Todos ellos eran miembros del llamado 'Indicativo Sol 47' de la Policía Nacional, uno de los grupos de funcionarios destinados a labores información para garantizar la seguridad de los antidisturbios y de la Policía Judicial que debía retirar el material electoral en Barcelona capital y que acabó, sin embargo, haciendo labores de «contravigilancia» para neutralizar los seguimientos que la policía autonómica estaba haciendo a las fuerzas de seguridad del Estado. 

«Nos mordieron»

Todo comenzó, tal y como explicó ante el tribunal el jefe del indicativo que operó en el barrio de Les Corts, en el primer centro electoral que controlaron los agentes encubiertos, el colegio Joan Boscà. «Los congregados fueron capaces de mordernos (identificarles) según llegábamos. Tuvimos que ponernos las capuchas», relató el inspector, que explicó que este hecho le dejó con la mosca detrás de la oreja, pero que sus suspicacias crecieron todavía más cuando vio en las inmediaciones un coche de los Mossos aparcado junto a otro coche de paisano. «Aquello no me gustó», rememoró este miércoles el mando de 'Sol 47'.

Ante el temor de que la policía autonómica estuviera dando chivatazos a los concentrados en los colegios de los movimientos de las Unidades de Intervención Policial (UIP, antidisturbios), el mando del CNP ordenó entonces establecer una contravigilancia a los propios antidisturbios.

«Cerco de defensa»

Y esa decisión, según relataron el inspector y sus cuatro subordinados, fue acertada. El grupo de agentes de paisano de la policía se desplazó, antes de la llegada de los antidisturbios, al siguiente colegio en el que iban a actuar las UIP, el Pau Romeva. Antes de llegar al centro ya vieron que había dos coches de los Mossos d'Esquadra cerrando el paso, pero lo que más sorprendió a los agentes del CNP «infiltrados en la masa» es que solo minutos antes de la llegada de los policías, el soplo de que los UIP habían elegido ese colegio para actuar ya se había extendido entre los concentrados. «Jefe, acaban de avisar al colegio que llega la policía y han montado el cerco de defensa», fue el mensaje que llegó de los infiltrados en el Pau Romeva, antes de que los congregados, armados con «cadenas, palos y cascos» cerraran con candados las puertas y montaran «barricadas».

Los antidisturbios tuvieron «que abortar ese primer intento de entrar al colegio y volver a punto seguro». Y fue entonces, según relataron los testigos, cuando detectaron a los mossos espías. Todos los policías que declararon coincidieron en su descripción: en la parte de atrás del colegio había dos varones, uno de ellos calvo, dedicados a hacer un seguimiento en directo a los antidisturbios. Estos tipos, supuestos Mossos según apuntaron los testigos, usaban «discretos» (pinganillos conectados a radios), escondían defensas extensibles y pistolas en sus ropas y uno de ellos, vestía las típicas «botas tácticas» de las unidades policiales.

Cuando los antidisturbios finalmente decidieron entrar en el colegio, los espías no les perdieron la pista. «Durante toda la intervención (de la UIP) no pararon de comunicar. Lo vimos porque hablaban al cuello», explicó uno de los agentes, rememorando la típica imagen del agente de paisano dando novedades a través de un micro en su pechera.

«Cuando la UIP acabó, estos señores corrieron hacia un Seat Ibiza de color gris claro que habían aparcado cerca de una gasolinera y siguieron persiguiendo al convoy de la UIP». Una simple comprobación telefónica destapó el que quizás sea el capítulo de espionaje a las fuerzas de seguridad del Estado el 1-O mejor documentado. El Ibiza tenía «matriculas reservadas» de la «presidencia de la Generalitat». Las placas que usan los vehículos camuflados de los Mossos.