Ignacio Cosidó, el portavoz indiscreto

Cosidó en su despacho en la Policía en 2012./Alberto Ferreras
Cosidó en su despacho en la Policía en 2012. / Alberto Ferreras

A fuerza de exabruptos y de aceptar complaciente el papel de ariete se ha labrado una carrera en el PP

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Acredita el extraño mérito de que el nombre del portavoz del PP en el Senado se haya hecho familiar. Porque quién conocía hasta ahora al jefe de la bancada popular (o de otro partido) en la Cámara alta. Ignacio Cosidó puede apuntarse ese tanto, y lo puede hacer gracias a una metedura de pata, o no. Envió a todos los senadores de su grupo las interioridades de la negociación del Consejo General del Poder Judicial y destapó lo que debía permanecer en la oscura sentina de las operaciones políticas. ¿Fue un error o fue el detonante de una operación de más calado?

Ha sido y es uno de los arietes contra los gobiernos socialistas, sobre todo para los asuntos vinculados al terrorismo. Cuando el PP necesitaba un perro de presa en términos parlamentarios, allí estaba él. Su nombre abandonó el anonimato en 2005, era portavoz en la comisión de Interior en el Senado y en un debate con el entonces alto comisionado para las víctimas del terrorismo, Gregorio Peces-Barba, padre de la Constitución y expresidente del Congreso, tildó a su oponente de «alto comisionado para el diálogo y el amparo de los verdugos terroristas». Y se quedó tan tranquilo. El revuelo fue notable. Pero no lo entendía porque a su entender solo había hecho «una crítica política».

Años más tarde, ya en el Congreso, protagonizó memorables enfrentamientos a propósito del chivatazo a ETA en el bar Faisán con Alfredo Pérez Rubalcaba, a la sazón titular de Interior. Para el portavoz popular, el ministro había llegado al cargo «para gestionar la paz sucia de ETA», acusó al socialista de actuar «en connivencia» con los terroristas, y al fiscal general Cándido Conde Pumpido, que pasaba por allí en un debate, le acusó de «estar enlodado en la negociación con ETA».

Casado, con su mayoría en el Senado, le ha convertido en una de las caras más visibles de la oposición

La verdad es que ya apuntaba maneras tras el atentado yihadista del 11-M de 2004. Allí se sumó a las teorías conspirativas de todo pelaje que alimentaron algunos desde la cúpula del PP y ciertos medios de comunicación. Es de los que aún hoy mantienen que no se sabe «toda la verdad» sobre la masacre, y aunque ya no carga las tintas sobre ETA por aquella matanza, tiene una visión reduccionista del islam. «Los musulmanes suponen un riesgo para nuestra democracia», dijo en un seminario de FAES en 2008.

Tres líderes

A fuerza de exabruptos se ha labrado una carrera en el PP. Otros méritos profesionales debe tener este licenciado en Ciencias Políticas y doctor en Historia Contemporánea pero no han adquirido la misma relevancia. Su disciplina y discreción interna le han permitido contar con la confianza de José María Aznar, Mariano Rajoy y Pablo Casado. Pocos en el PP pueden decir lo mismo. Clasificado por sus propios compañeros como integrante del ala derecha del partido, mantiene que Podemos es «el neobolchevismo» que «amenaza nuestro sistema constitucional» y es «un riesgo para la democracia». Un pensamiento que no obsta para que hace dos meses se definiera como «liberal sin adjetivos». Liberalidad que tampoco coarta que sea un católico fervoroso, hermano de la Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Madre de la Amargura de Palencia y miembro del Opus Dei -al llegar a una ciudad que no conoce suele preguntar por las iglesias y sus horarios para ir a misa y comulgar-.

Cosido, con su reloj con la imagen de San Antolín.
Cosido, con su reloj con la imagen de San Antolín. / Alberto Ferreras

Con esta trayectoria de senador y diputado de pierna dura, gestiona ahora una de las perlas de la corona opositora del PP. Ser portavoz en el Senado no es un premio de consolación, en otros momentos pudo serlo, pero ahora no. Los populares, con su mayoría absoluta en esa Cámara, la han convertido en su ariete opositor. En ella, por ejemplo, el presidente del Gobierno tendrá que rendir cuentas por su discutida tesis doctoral, y Cosidó estará en primera línea. Un premio para uno de los pocos dirigentes que estuvo con Pablo Casado desde el primer día. Cuando la mayoría repartía sus apoyos entre Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal, él es 'casadista' de la primera hora. El líder del PP recompensó su fidelidad y también envió una señal de la oposición que quería hacer.

La sombra de la 'policía patriotica' y de Villarejo

Ignacio Cosidó estuvo al frente de la Policía Nacional 1.783 días, entre enero de 2012 y noviembre de 2016. Fueron los cinco años más convulsos de una institución, marcada desde entonces por el estigma de la 'policía patriótica', la camarilla policial y política que llegó incluso a ser objeto de una comisión de investigación en el Congreso.

Aquella comisión zanjó en sus conclusiones, aprobadas en septiembre de 2017 por el Pleno de la Cámara baja, que «en el Ministerio del Interior, bajo el mandato del señor Fernández Díaz, usando de manera fraudulenta el catálogo de puestos de trabajo, se creó una estructura policial bajo las instrucciones del señor Cosidó Gutiérrez (…) destinada a obstaculizar la investigación de los escándalos de corrupción que afectaban al Partido Popular y al seguimiento, la investigación y, en su caso, la persecución de adversarios políticos». Cosidó, que en su comparecencia ante la comisión se puso de perfil y dijo no haber estado jamás al tanto de los enjuagues de sus propios subordinados más directos con el ministro, aguantó el chaparrón en el Senado y se mantuvo en su escaño.

Pero el pasado siempre vuelve. Cosidó tendrá que volver a comparecer en otra comisión de investigación, en la de la supuesta caja B del PP, el próximo 11 de diciembre. Ha sido llamado por otro asunto muy turbio e íntimamente relacionado con la 'policía patriótica': la 'operación Kitchen', el operativo montado por el excomisario José Villarejo en 2013 con fondos reservados de la policía que dirigía Cosidó para robar a Luis Bárcenas los documentos comprometedores para el PP que tenía en su poder.

La Audiencia Nacional ya ha abierto una pieza separada en el 'caso Villarejo' para investigar la 'operación Kitchen'. Nadie en el tribunal de la calle Génova descarta que Ignacio Cosidó pueda acabar como imputado en este asunto, aunque lo sería ante el Supremo si no abandona antes su escaño en el Senado.

 

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