El nuevo gobierno de Sánchez

El nuevo gobierno de Sánchez
ANTONIO PAPELL

A falta de que se oficialice mañana la lista del equipo ministerial completo, ya se conoce la práctica totalidad de las designaciones. Sánchez ha buscado un buen nivel y ha guardado los debidos equilibrios en la formación del nuevo Gobierno, procurando como es lógico la paridad y cuidando la presencia en el Ejecutivo de representantes de las principales federaciones. Y junto a pesos pesados con nutrida experiencia como la vicepresidenta Carmen Calvo, Teresa Ribera o Margarita Robles, están los principales miembros de la actual ejecutiva -de acrisolada lealtad a Sánchez- como Ávalos o Batet, y periféricos de valía, como la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, quien como consejera de Economía de Andalucía más ha presionado en pro de la reforma del sistema de financiación autonómica. Su nombramiento activa este designio y tiende puentes entre el nuevo jefe de Ejecutivo y Susana Díaz, con quien todavía Sánchez no había logrado establecer una relación de confianza.

De este panorama general emergen, sin embargo, dos figuras singulares que imprimen los principales caracteres al nuevo Ejecutivo, marcan su alcance y le otorgan una densidad que le proporciona un inesperado valor añadido: Borrell y Calviño. Ambos marcan una pauta precisa al enfoque de la cuestión catalana y conceden toda la credibilidad a un proyecto progresista que está dispuesto a sujetarse a los consensos de Bruselas sin renunciar a imprimir un tinte igualitarista, socialdemócrata, que reequilibre una sociedad que sale de la crisis muy desatentada. Por supuesto, quienes al hilo de la moción de censura han sugerido que Sánchez había pactado con los independentistas poco menos que la desmembración de España han quedado en ridículo.

El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Borrell, catalán de la Cataluña profunda y pirenaica, de linaje humilde y apellido racial, tiene un currículum inabarcable. Ingeniero, varias veces ministro, alcanzó la presidencia del Parlamento Europeo y ha sido uno de los intelectuales que han mantenido un discurso más lúcido contra el soberanismo, por el procedimiento de desentrañar sus falacias y de defender los valores de la igualdad, la solidaridad y el internacionalismo cosmopolita frente al localismo aldeano de sus antagonistas. Sus debates públicos con Junqueras y otros líderes nacionalistas han viajado profundamente por Internet y han destruido en gran parte las fabulaciones del independentismo. Su libro 'Las cuentas y los cuentos del independentismo' ha dejado sin aliento a quienes exhibían mendaces razones para criminalizar al Estado español en este pleito.

Resulta que Borrell, por su propia biografía, tiene entrada franca en las cancillerías europeas, es un personaje de prestigio y con gran agenda en toda la Unión, y su papel pedagógico y en busca de la solidaridad europea frente al delirio de los independentistas será fecundo en extremo. Se explica la irritación de Puigdemont ante la noticia de su nombramiento, que acentuará la inanidad de su posición insostenible.

Pero, además, el hecho de que Nadia Calviño, hasta ahora directora general de Presupuestos de la Comisión Europea, probablemente la eurofuncionaria de más alto rango, se haya sumado al equipo gubernamental de Pedro Sánchez como ministra de Economía, refuerza aún más el vínculo de este Gobierno con los valores de la UE, disipa cualquier recelo que pudiera suscitar el acceso de la izquierda socialdemócrata al gobierno y termina de aislar al ultranacionalismo filonazi -el certero adjetivo es de Santo Juliá- que trata de imponer un régimen basado en criterios étnicos en una Cataluña dividida, cuyas heridas han de ser -Borrell dixit- profundamente desinfectadas.

En política, el devenir de los acontecimientos es poco previsible pero sí es relativamente fácil detectar el influjo del proceso político en el curso general de la historia. Y como ya ha ocurrido otras veces en la etapa democrática, lo único cierto es que cuando acabe el periodo que ahora arranca, y que no será muy largo por obvias razones de la propia coyuntura, ya nada será igual que al comienzo. El conflicto catalán gestionado por Sánchez, Borrell y Calviño, con la mirada puesta en Europa, cambiará de dimensión y de sentido, y tras la experiencia que se avecina, va a ser muy difícil que los propios catalanes consientan que el sectarismo perviva impunemente en el atormentado solar catalán.

 

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