Rivera, el otro derrotado de la moción de censura

Albert Rivera posa tras una entrevista. /Alberto Ferreras
Albert Rivera posa tras una entrevista. / Alberto Ferreras

Ciudadanos está obligado a redefinir su estrategia para no difuminarse tras la ofensiva que promete el PP

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

De verse presidente del Gobierno a luchar por seguir en la brecha. El golpe de mano de Pedro Sánchez no solo ha liquidado políticamente a Mariano Rajoy sino que ha dejado malherido a Albert Rivera. El presidente de Ciudadanos no calculó bien y, de un plumazo, se ha quedado descolocado en el tablero político.

La estrategia de la formación liberal pasaba por utilizar la sentencia del 'caso Gürtel' para aplicar a Rajoy una receta similar a la que doblegó a los populares en Murcia y en la Comunidad de Madrid. Exigir la convocatoria inmediata de elecciones bajo la amenaza de sumarse a una moción de censura contra él para forzar unos comicios que, según todos los sondeos, ganarían y les dejaría en disposición de formar Ejecutivo con el PSOE o el PP.

Con la calculadora electoral en la mano, Ciudadanos puso en marcha el relevo en la Moncloa retirando al PP su apoyo parlamentario. Pero la maniobra del secretario general del PSOE no solo le robó la iniciativa a Rivera sino que ha desbaratado sus planes y ha frenado en seco sus expectativas de escalar hasta la Moncloa.

Ahora, los liberales se ven relegados en su tarea de oposición, a la sombra de un PP que en todo caso aún le superaba en el último CIS por 1,6 puntos. Así que Ciudadanos pasará a ser lo que hasta ahora ha sido Podemos respecto al PSOE, que no ha hecho más que restar sus perspectivas electorales en cada encuesta, hasta el punto de quedar relegados a la cuarta posición, cuando en la actualidad son la tercera fuerza con 67 diputados.

En las filas naranjas reconocen que han sido unos días difíciles y que, ante el nuevo escenario, toca redefinir la estrategia política para no difuminarse tras el látigo en el que se va a convertir el PP en la oposición. «Empieza un nuevo partido», admitía antes de la votación de este viernes uno de los diputados con más peso en el grupo. En la dirección de Ciudadanos son conscientes de que con el 155 ya desactivado en Cataluña y un nuevo Ejecutivo sin expectativas de convocar comicios pronto, corren el riesgo de ser los grandes olvidados en lo que resta de legislatura, mandato que Sánchez tratará de alargar al máximo,consciente de la debilidad de Rivera y su círculo.

Hasta ahora, el principal eje en que la formación naranja centraba su discurso de oposición era «la corrupción del PP», al tiempo que pactaba los grandes asuntos del país -los Presupuestos y la intervención en Cataluña- apelando al «sentido de Estado y de responsabilidad». Pero con el PP desalojado del Gobierno precisamente por corrupto, Ciudadanos pierde unos de sus argumentos más poderosos en la batalla por la hegemonía del centro derecha. Se enfrenta también a la capacidad de los conservadores de recuperar posiciones en los momentos malos, como ocurrió en 2004 y 2008.

Cataluña, eje de su discurso

Perdido el filón de la regeneración democrática a los liberales solo les queda explotar la cuestión catalana para arremeter contra Sánchez y seguir arañando votos a un lado y al otro del tablero. «La solución no puede pasar por que tomen las riendas los señores Torra, Rufián o Puigdemont», lanzó Rivera en más de una ocasión durante su intervención en el debate de la moción de censura. Ciudadanos aspira a «consolidarse como el muro de contención frente a los separatistas» y ante las posibles concesiones del nuevo presidente. En la cúpula naranja siempre han recelado del respaldo independentista a la censura ya que temían que podría llevar consigo el fin del 155 en sin un cambio de rumbo del soberanismo. «No van a apoyar al PSOE sin recibir nada a cambio», señalan.

En la formación liberal pronostican que la situación en los próximos meses, con Sánchez en la Moncloa y sus 84 diputados en la Cámara baja, será «de incertidumbre, inestabilidad y debilidad» y no descartan elecciones generales «en unos meses». Pero no las tienen todas consigo, de ahí que Rivera y los suyos no descarten dificultar la acción de Sánchez jugando con los tiempos parlamentarios en la Mesa del Congreso, un órgano que se ha demostrado fundamental durante el segundo mandato de Rajoy. Sus dos miembros son clave ya que decantan la balanza a favor del PP o del PSOE y Podemos para sacar adelante iniciativas o meterlas en el congelador.

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