Sánchez recupera el «no es no» para el referéndum y la independencia de Cataluña

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un mítin. / EFE/Vídeo: Atlas

El líder socialista alerta de que hay «un riesgo real» de que entre PP, Ciudadanos y Vox consigan la mayoría parlamentaria

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Pedro Sánchez ha recuperado el «no es no» que le costó el cargo de secretario general del PSOE hace tres años para garantizar que con un Gobierno socialista no habrá referéndum ni independencia de Cataluña. Respondía de esta manera a los continuos emplazamientos que recibe de los candidatos de PP y Ciudadanos sobre una supuesta connivencia con Esquerra y JuntsxCat para alcanzar la investidura a cambio de contraprestaciones soberanistas.

El debate sobre el conflicto político en Cataluña es el terreno menos cómodo para Sánchez, defensor del diálogo con las fuerzas independentistas frente a las exigencias de Pablo Casado y Albert Rivera de aplicar la mano dura sin contemplaciones. En esa dialéctica electoral, reconocen los propios socialistas, llevan las de perder en la mayor parte de España, como se comprobó en las elecciones de Andalucía del 2 de diciembre. El candidato socialista intentó hoy dar una respuesta contundente a los emplazamientos del PP y Ciudadanos en un acto de su partido en Zaragoza. «No es no. Si hay un Gobierno socialista, no habrá independencia en Cataluña, no habrá referéndum por la independencia», afirmó.

La apelación al doble 'no' no es casual porque esa frase en su boca es sinónimo de obstinación. La acuñó para mostrar su negativa a apoyar la investidura de Mariano Rajoy tras las elecciones de junio de 2016, en contra de la opinión mayoritaria de la dirección del PSOE y de los barones territoriales, que a toda costa quería evitar unas terceras elecciones en las que las perspectivas socialistas eran más que negras y a las que se hubieran visto abocados si se frustraba la investidura. Se impuso, tras un tormentoso Comité Federal, la opción de la abstención que permitió la elección de Rajoy, y Sánchez dimitió como secretario general y días después dejó su escaño en el Congreso.

El candidato socialista señaló que la independencia forma parte de un imaginario que sirve a los intereses de los secesionistas «y de la derecha». A los primeros, porque mantiene viva la llama soberanista que tiene el respaldo de casi la mitad de los catalanes. A los segundos, porque les sirve para erosionar a Sánchez con la acusación de complicidad con Quim Torra y los separatistas. «El independentismo y la derecha -afirmó- saben que la independencia no se va a producir porque la Constitución no lo regla, no lo reconoce y (porque) la comunidad internacional ha dado la espalda a los líderes independentistas». Pero, sobre todo, añadió, porque «los propios catalanes no quieren la independencia, lo que quieren es quedarse en España».

La centralidad

El problema con el que se tropieza Sánchez es que su apuesta por el diálogo con Torra, Esquerra y JuntsxCat no ha surtido hasta ahora efectos para desactivar la pulsión soberanista, aunque haya logrado una relativa normalización de las relaciones entre las administraciones. Tampoco ha servido para rebajar el discurso inflamado del presidente de la Generalitat ni de los líderes soberanistas. Ha dado, en cambio, argumentos a Casado y Rivera para organizar una campaña electoral centrada en el debate territorial y en las acusaciones al presidente del Gobierno de haber tejido acuerdos inconfesables bajo la mesa con el independentismo.

Sánchez aprovechó ambos discursos para reivindicar la centralidad del PSOE porque está alejado del «viaje a ninguna parte» de los defensores de la segregación de Cataluña y de los afanes «recentralizadores» de PP, Ciudadanos y Vox para poner en tela de juicio del Estado de las Autonomías.

Pero el candidato socialista reservó la traca final de su artillería electoral para las tres formaciones conservadores y se olvidó de los soberanistas. En busca de la movilización del electorado socialista, alertó del «riesgo real» de que la suma de los escaños tras el 28 de abril de PP de «las tres derechas» alcance la mayoría parlamentaria. Un escenario que por ahora no se contempla ningún sondeo electoral. Las encuestas apuntan a que entre PP, Ciudadanosy Vox pueden obtener una mayoría en votos, pero no en escaños por las particularidades del sistema electoral.

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