Rajoy y Sánchez se miden el jueves y el viernes en una moción de censura exprés

El líder del PSOE recibe el aval del comité federal a su iniciativa contra el presidente del Gobierno con su promesa de no hacer cesiones

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

No habrá que esperar mucho. La continuidad de Mariano Rajoy al frente del Gobierno se dirimirá en el Congreso este viernes con la votación de la moción de censura registrada por el PSOE a apenas 24 horas de conocerse la sentencia del 'caso Gürtel'. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, fijó ayer la fecha después de hablar con el propio líder de la oposición y candidato a la Moncloa, Pedro Sánchez. Los socialistas defienden que cuanto antes, mejor.

La rapidez con la que Pastor ha buscado encaje a la iniciativa contra el Ejecutivo popular, con un debate que empezará el jueves -el plazo mínimo marcado por el reglamento de la Cámara-, contrasta con la calma mostrada el año pasado frente a la moción de censura de Pablo Iglesias. Pero las diferencias son notables. Entonces, nadie, ni siquiera Podemos, daba un duro por la formación de un Gobierno alternativo. Ahora, aun siendo difícil, podría constituirse. Y la sensación de que el presidente está en el alero es tan real que institucionalmente conviene despejar la incertidumbre cuanto antes.

Los socialistas, además, creen que también a ellos les viene bien que el asunto no se alargue demasiado. «Nos evita mucho desgaste», dicen en la dirección. Desde el primer día han querido presentar su propuesta como una obligación «ética» para todas las fuerzas políticas y han asegurado que no negociarán nada con nadie. Hasta ahora, de hecho, no se han puesto en contacto con ningún partido. De este modo, aspiran a achicar el espacio a las críticas del PP sobre sus eventuales cesiones a los independentistas.

Es cierto que Sánchez no hace ascos a ningún voto. Lo volvió a dejar claro ayer ante el comité federal del PSOE, reunido para la ocasión, cuando apeló a la «responsabilidad» de los 350 diputados del Congreso para «construir un gran acuerdo nacional por la regeneración democrática». Pero de nuevo lanzó un mensaje tranquilizador al electorado y, sobre todo, a los barones que el próximo año se enfrentan a las urnas:. «Esta es una moción de censura para un Gobierno del PSOE que va a garantizar el orden constitucional».

Nadie le puso pegas, ni dentro ni fuera, a pesar de que en privado algunos dirigentes territoriales sí expresan su temor a que la iniciativa salga adelante con cualquiera que no sea Ciudadanos o Podemos y recelan de la idea de Sánchez de gobernar por un periodo indeterminado antes de convocar elecciones. Después de su gestión de la crisis territorial en los últimos meses, su beligerancia contra el secesionismo y su apoyo al 155 en Cataluña la desconfianza que antaño mostraban los críticos ha quedado diluida. Y, además, ya no tienen la fortaleza interna necesaria como para torpedear sus decisiones.

Sin concesiones

La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, y el presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page, incluso alabaron en público la moción de censura, registrada sin aval previo de los órganos socialistas. «Si algo se ha conseguido es que partidos que estaban cerrados en banda se abran ahora a una convocatoria electoral», dijo Page. «El partido ha utilizado un instrumento que está en la Constitución y espero que los partidos que defienden el orden constitucional garanticen la gobernabilidad», dijo Díaz, tras subrayar la promesa de la dirección de que no habrá «acuerdos ni concesiones» con el secesionismo.

En la ejecutiva socialista son muchos los que admiten que, en realidad, es muy difícil que la moción salga adelante. «Las cosas están un 80%-20% en nuestra contra», admite un dirigente cercano al secretario general. Si Ciudadanos se cierra en banda a un Gobierno presidido por Sánchez, como ha dado a entender Albert Rivera hasta ahora, su única opción es la suma de Podemos, Nueva Canarias (un diputado), los independentistas catalanes y vascos (ERC, PDeCAT y Bildu) y el PNV.

La dirección socialista admite que no será fácil construir un Gobierno alternativo

Es el apoyo de los nacionalistas vascos, en todo caso, el que ven más complicado. A pesar de que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, dijo este fin de semana que si quería su respaldo Sánchez tendría que comprometerse con los «presos políticos» (en alusión a los procesados por el juez Pablo Llarena), los representantes en el Congreso de Esquerra y la antigua Convergència han dado muestras de estar dispuestos a dar su voto gratis.

En un intento de ganarse al partido de Andoni Ortuzar -con quien, no obstante, tampoco ha habido aún conversaciones formales- la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, dio a entender ayer que los socialistas estarían dispuestos a asumir el presupuesto pactado por Rajoy. «Se trabajaría, en todo caso, en los presupuestos del año siguiente», dijo en RNE.

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