Navidad para toda la familia en el idílico Principado de Andorra

Navidad para toda la familia en el idílico Principado de Andorra

El «país de los Pirineos» ofrece multitud de actividades para mayores y pequeños centradas en la nieve y el maravilloso entorno que le rodea

ÁLVARO ROMERO

El Principado de Andorra se caracteriza por ser uno de los países más pequeños del viejo continente, con tan solo 468 kilómetros cuadrados limita al sur con España, factor que le hace ser un enclave bastante accesible viajando desde territorio nacional. La cordillera pirenaica supone un entorno mágico para celebrar la Navidad y Andorra, «el país de los Pirineos», el lugar perfecto. Rodeado de cumbres, la nieve forma un precioso tapete blanco que adorna el paisaje cada invierno y ofrece un sinfín de posibilidades.

Viajar en familia hasta allí resulta todo un acierto. La diversión está asegurada con las numerosas posibilidades que ofrece, donde destacan las actividades en contacto con la naturaleza, para conocer el terreno, la fauna y la flora local.

Conociendo Andorra

Sorprende la cantidad de patrimonio artístico y cultural que acumula un país tan pequeño. Destacan los numerosos ejemplos arte románico que alberga, la mayoría de carácter religioso. Las localidades más interesantes son las capitales de cada parroquia: Ordino, La Massana, Andorra la Vella, Escaldes-Engordany, Canillo, Encamp y Sant Julia de Loria. Además, cuenta con pequeños pueblos de singular arquitectura local y vistas espectaculares, rincones rurales con un ambiente entrañable, como es el caso de Les Bons, Santa Coloma, Engolasters, Pal o Soldeu.

Andorra la Vella es el núcleo urbano más importante. Capital y centro neurálgico del país, eje comercial y multicultural, allí conviven sobre todo franceses, portugueses, españoles y andorranos. Ubicada junto al río Valira a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, se alza en la altura la torre de la iglesia de San Esteban, que data del siglo XI. El barrio antiguo es visita obligatoria, por su encanto y arquitectura de alta montaña. Callejones antiguos, estrechos y empedrados son la tónica habitual, siempre con la hermosura de los Pirineos de fondo.

Deslizándose por la nieve

La nieve es sinónimo de entretenimiento, sobre todo para los niños, supone un elemento abundante en los inviernos andorranos y la base de la mayoría de actividades que allí se realizan. El tubby es una de las más divertidas, consiste en deslizarse por las pistas nevadas en unos enormes neumáticos con forma de donuts gigantes, con mayores y pequeños a bordo. Controlada y dirigida a todos los públicos, ofrece la oportunidad de disfrutar de la naturaleza y el aire puro de las montañas.

Como si de la inhóspita Laponia se tratase en Andorra también es posible desplazarse en trineo tirado por huskies. Una de las experiencias más bonitas y exclusivas que allí se ofertan. Los perros sacan de paseo al turista en uno de los medios de transporte más antiguos y respetuosos con el medio ambiente.

La nieve sigue siendo protagonista, los niños pueden aprender a esquiar en cualquiera de sus escuelas, esquivando los obstáculos de los circuitos infantiles que las estaciones de esquí tienen preparados para ellos. También se organizan excursiones en raquetas que parten de diferentes puntos de Andorra, caminando con ellas es posible conocer el lado más bello de los parajes andorranos, por supuesto, en familia. Es posible, incluso, construir un iglú, conocer la historia de estas curiosas casitas de hielo y aprender a formarlas junto a profesionales.

Descensos de ensueño

Ya sea sobre el terreno o por encima de él, descender por el Pirineo es una de las experiencias más hermosas y divertidas. Actividades para la descarga de adrenalina y capaces de adaptarse a todas las edades. En tirolina, por ejemplo, visitante puede disfruta del espectacular paisaje a vista de pájaro lanzándose a más de 40 metros de altura recorriendo distancias superiores a 500 metros.

No menos divertido es el Tobotronc, considerado como el tobogán alpino más grande del mundo, con más de cinco kilómetros de largo y 400 metros de desnivel. Una de las prácticas estrella que consiste en un sistema biplaza sobre raíles, perfecto para compartirlo entre un adulto y un niño.

Relax para toda la familia

Además de velocidad, adrenalina y deportes de aventura, Andorra también oferta relajación y sosiego. El complejo de Caldea es el mejor de los ejemplos. Pionero en termoludismo, alberga en su interior una zona de juegos y relax dedicada a los más pequeños. Chorros de agua, talleres y jacuzzi que completan una experiencia termal diferente.

Para concluir una Navidad de diez hay que conocer la fascinante fauna que albergan los Pirineos. El parque de animales de Naturlandia es ideal para aprender en familia. No cierra en invierno, al contrario, es un momento perfecto para descubrir cómo vive en su hábitat natural la fauna local, donde destacan animales como el lobo, el muflón, el lince y el ciervo sika, entre otros muchos.

Degustando Andorra

La gastronomía local está pensada para los paladares más exigentes. Tradición e innovación se juntan para conseguir recetas exquisitas que ponen en valor los productos autóctonos. La calidad y el buen trato al género hace posible encontrar sabores sorprendentes y conseguir platos exquisitos, herencia de la fusión entre la cocina francesa y la catalana.

La carne de calidad es uno de los referentes de su gastronomía gracias al excelente trabajo de los ganaderos. Destacan la carne de ternera con el sello de «Indicación Geográfica Protegida (IGP)», así como carne de buey, de cordero, de cabrito y de equino, con el sello «Carn de qualitat controlada d'Andorra».

Andorra ofrece gastronomía de montaña tan deliciosa como contundente. Embutidos que se elaboran según la tradición, siguiendo recetas ancestrales, junto a hortalizas y legumbre ponen aún más sabor a esta tierra.

Nada mejor que reponer fuerzas y llenar el estómago en las llamadas «bordas», antiguas casas tradicionales de alta montaña donde antaño se guardaba el grano y el ganado. Hoy en día, reconvertidas en restaurantes, son un atractivo más para los amantes de la gastronomía. Las bordas permiten contemplar la arquitectura y decoración de la zona, en un ambiente cálido y acogedor.

 

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