Burgos, cerezos en flor

Los cerezos en flor se recortan sobre los montes cubiertos de bosque./GABRIEL DE LA IGLESIA
Los cerezos en flor se recortan sobre los montes cubiertos de bosque. / GABRIEL DE LA IGLESIA

La floración de los frutales crea un paisaje de insólita belleza en este valle burgalés próximo al País Vasco

Elena Sierra
ELENA SIERRA

Hay tiempo de sobra para preparar la excursión al rincón burgalés que no tiene nada que envidiar al valle de las cerezas más famoso: el Jerte. El de Las Caderechas, quetiene más de 40.000 cerezos y tampoco se queda corto en manzanos -del tipo reineta, aunque se intentan recuperar algunas autóctonas-, así que cuando están en flor son una maravilla. Suele ocurrir a mediados o finales de abril, pero depende el tiempo que haya hecho en este valle que disfruta de un microclima debido a su situación geográfica, entre el páramo de La Lora, los Montes Obarenes y la depresión de La Bureba. O el viento de la paramera, que crea su propio paisaje de piedras y arbolillos torcidos o zona de cereal...

Las Caderechas (Burgos)

Dónde
La localidad se encuentra a 62 kilómetros de Miranda de Ebro.
Web
www.turismoburgos.org.

Y aquí, en este sitio protegido por los montes, todo es verde, abundan los bosques y los cursos de agua, y las flores de cerezos y manzanos se convierten en reclamo una vez al año. Las siguientes ocasiones en las que estos árboles llaman a la gente a acudir en masa es el primer domingo de julio, con la Feria de la Cereza que se celebra en Salas de Bureba, y el segundo de octubre, con la Feria de la Manzana de Cantabrana, ya cerquita de Terminón o lo que viene a ser lo mismo, al lado de Oña.

Al valle -o los valles, porque la carretera va recorriendo el principal pasando por otros que lo conforman- se puede acceder por cualquiera de estos dos pueblos, e incluso por un tercero, al norte, que se llama Hozabejas (si se viene desde Villarcayo). Cualquiera de las entradas es igualmente buena y da la oportunidad de adentrarse en Las Caderechas disfrutando al mismo tiempo del patrimonio natural y del arquitectónico. Porque, por supuesto, los pueblitos minúsculos que hay diseminados por el valle tienen sus iglesias románicas, sus torres, sus casonas blasonadas y las más humildes pero igualmente interesantes con sus balconadas que remiten a una arquitectura de montaña, sus callecitas que serpentean por alguna ladera mientras cae el agua por aquí y por allá. Y luego están los nombres de los sitios, que tienen también su aquel: Quintanaopio, Aguas Cándidas, Rucandio, Huéspeda. ¡Huéspeda!

Recomendaciones

El Rincón del Convento
Pegadito al enorme complejo del convento de Oña se alza este edificio que acoge hotel, bar y restaurante. En el bar, tapas y pintxos; en el restaurante, los platos de la gastronomía local, en la que abundan el cordero y los embutidos, las carnes de caza y las hortalizas de unos campos muy ricos bañados por el río Oca. (Convento, 16. Oña. 947300455/| 693379281. elrincondelconvento.es.
Blanco y Negro
Abre de viernes a domingo para comer y los viernes y los sábados también para cenar este restaurante de cocina fusión entre Castilla y Senegal. Mejor llamar para reservar. La brocheta de cordero se sirve macerada y a la brasa con cuscús y macedonia de verduras, el atún rojo con puerro tostado y acompañado con salsa de pasta de cacahuetes y el pollo a la parrilla macerado al limón con salsa de cebolla y arroz blanco jazmín. (Calle Del Agua, 23. Oña 947300152. samablancoynegro.com).
Puerta de Caderechas
Lo mejor es llamar antes para asegurarse de que se va a poder comer en este horel, no vaya a estar abierto solo el bar y tengamos que buscar mesa a última hora. (Capitán Rueda, 30. Terminón. 947300241/ 629531 254). Si está cerrado, se puede ir en dirección Poza de la Sal, a menos de 15 minutos, y comer en Casa Martín (Calle la Calzada, 9473021 03) una menestra de verduras, unos huevos con patatitas y morcilla y un pedazo de tarta de zanahoria casera, entre otras muchas recetas de la carta. El menú ronda los 13 euros.
Embutidos Mari Paz
Por 10,95 se puede uno llevar de Mari Paz una cajita con algunos de los productos imprescindibles de la casa. Tres morcillas de Burgos -las de arroz-, un chorizo, cuatro morcillitas pequeñas de verduras y un par de latas de paté de sabores distintos entran en el lote. En el mostrador y la nevera, de todo lo demás: tocino, panceta, carnes... (Calle Convento 10, Oña. embutidosmaripaz.eu).

En Hozabejas, de paso, pueden verse los restos de un acueducto del siglo XVII que tenía como misión llevar las aguas del arroyo del mismo nombre hasta las huertas y los campos de frutales. Hay muchas casas que se caen a cachos, muros anchos y escudos que hablan de un pasado mejor, se nota que aquí hubo movimiento: es un pueblo situado en el desfiladero que unía Cantabria y La Rioja, lugar de paso obligado para hacer negocios.

Ojo a los corzos

Hay carreterillas por las que se puede hacer una ruta circular, con algunos desvíos, de extremo a extremo del valle y con paradas en miradores desde los que otear no todo a la vez, debido a las revueltas de los caminos, pero sí buena parte de lo que en breve será un mar de florecillas blancas. En cualquier otra época del año merece la pena el viajecito para ver los campos de frutales, las extrañas formas de las rocas y los bosques de pino, quejigo y encina de los que salen corzos, jabalíes y ardillas. Ver un par de corzos observando entre los cerezos es una imagen para el recuerdo.

De Salas de Bureba hacia Aguas Cándidas y de allí hacia Hozabejas, Río Quintanilla, Rucandio, Huéspeda, Madrid de Caderechas y Herrera -en estos tres, más altos, se abarca una buena parte del paisaje-, Ojeda, Cantabrana, Bentretea y Terminón. Desde aquí se sale ya a la carretera que une Poza de la Sal y Oña, donde hay que ir a comer.