Estépar cierra un círculo de ocho décadas de dolor y duelo

Los cuerpos de 96 represaliados de la Guerra Civil, víctimas de las «sacas» descansan en un panteón común, fuera de las fosas en las que fueron enterrados

Los restos recuperados han sido analizados y descansan con dignidad/PCR
Los restos recuperados han sido analizados y descansan con dignidad / PCR
PATRICIA CARROBurgos

Descansan ya en digna sepultura. Los 96 cuerpos recuperados de las fosas comunes del Monte de Estépar, pertenecientes a represaliados en los primeros meses de la Guerra Civil, fueron inhumados en la tarde del 30 de septiembre en el cementerio de Estépar. Con la emoción a flor de piel, los familiares de algunos de los asesinados asistieron a un acto de «verdad, justicia y reparación», un acto que cierra heridas abiertas hace ochenta años, un «círculo de dolor y duelo» de unos hechos que permanecieron décadas en el silencio.

Los 96 cuerpos se han inhumado en el panteón adquirido por la Coordinadora por la Recuperación de la Memoria Histórica, impulsora de la iniciativa junto con Espacio Tangente y la Asociación Cultura Denuncia. Se desconocen sus identidades, solo se sabe con total certeza que fueron asesinados entre el 2 de agosto y el 12 de octubre de 1936, periodo en el que se practicaron las denominadas «sacas», extracciones de presos del Penal de Burgos para su fusilamiento y posterior enterramiento en una fosa común.

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Juan Montero, arqueólogo y codirector de los trabajos junto con el antropólogo forense Francisco Etxeberría, recuerda que se tienen documentadas 16 «sacas» practicadas durante esos primeros meses de la Guerra Civil con destino el Monte de Estépar. Tras el levantamiento del 18 de julio, los sublevados acometieron un exhaustivo proceso de represión y depuración, apresando a políticos, afiliados a partidos de izquierdas, maestros, gente de la cultura o simplemente a personas sospechosas de ser adeptas a la República.

Los detenidos eran enviados al Penal de Burgos y, de allí, de manera periódica se les extraía para ser asesinados, siendo el Monte de Estépar el gran cementerio al que fueron a parar 371 represaliados, de acuerdo con la documentación conservada en la prisión de Burgos. La Coordinadora comenzó a trabajar en 2004, cuando los familiares de las víctimas empezaron a movilizarse, exigiendo saber qué había pasado con sus seres queridos, apresados y desaparecidos, y reclamando la búsqueda y recuperación de sus cuerpos.

Primeros (y únicos) recuperados

En 2012, con la última ayuda concedida por el Ministerio de Presidencia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, llevaron a cabo un estudio con georradar que les permitió ubicar tres fosas comunes. Las catas arqueológicas posteriores confirmaron la presencia de huesos y en julio de 2015 se llevó a cabo la primera campaña de excavación, en la que se recuperaron 70 cuerpos. Además, se descubrió una cuarta fosa, en la que se trabajó en abril de 2015, y en la que se encontraron 26 más.

Juan Montero reconoce que, «lamentablemente», es muy posible que el resto de fosas hasta completar los 371 represaliados documentados se hayan perdido, pues el Monte de Estépar ha sufrido muchas alteraciones en los últimos ochenta años. Por ese motivo, y habida cuenta de que no disponen de testimonios fiables sobre las probables ubicaciones, las excavaciones se han parado. Y ahora el trabajo se centra en la «titánica» labor de identificar los restos, para lo que cuentan con registros antropológicos y forenses, y los testimonios de las familias.

Eso sí, estos últimos son parciales y escasos, en algunos casos. Quedan pocos hijos de los represaliados, y la mayor parte de los familiares son nietos o biznietos. La información que ellos pueden tener de lo ocurrido hace 80 años es escasa, y no solo por el tiempo pasado, sino porque las familias callaron durante décadas. «No se podía hablar en casa», comentan las familiares, y así lo recuerda también Montero. Imperaba la ley del silencio, impuesta y autoimpuesta.

De todos modos, la Coordinadora por la Recuperación de la Memoria Histórica ha afirmado que la inhumación en Estépar no es un punto final, sino un punto y seguido. Se seguirá trabajando con las familias, para ampliar las cuarenta muestras de ADN recogida, y para buscar nuevas «pistas» que ayuden a una futura identificación de los restos, o incluso a la localización de nuevas fosas comunes. «No abrimos heridas, sino que las cerramos«, asegura Lourdes Sastre, la presidenta de la Coordinadora.

«Queremos verdad, justicia y reparación para las víctimas», insiste Sastre. Se trata de dar voz a los asesinados, para demostrar que «la sangre derramada entre las encinas da sus frutos», y que no se ha conseguido callar a los familiares. Seguirán luchando para defender la dignidad de aquellos que murieron por motivos ideológicos. SIEMPRE PRESENTES, como reza el monumento de la artista Susana Rioseras y bajo el cual descansan los represaliados de Estépar.

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