La Institución Fernán González honra a sus académicos fallecidos en una nueva publicación

Los actuales académicos comenzaron el proyecto con nmotivo del 70 aniversario de la Institución/GIT
Los actuales académicos comenzaron el proyecto con nmotivo del 70 aniversario de la Institución / GIT

La academia recopila en un nuevo volumen las bigrafías de 52 académicos ya desarecidos, que forman parte de la «historia de Burgos»

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

La Institución Fernán González está acostumbrada a contar la historia de Burgos. Sin embargo, ahora ha decidido contar su propia historia, que «también es la de la ciudad y la de la provincia». Así, la academia acaba de publicar el volumen 'Académicos que fueron', un libro dedicado a los académicos numerarios ya fallecidos que han ido dando empaque al trabajo de la Institución durante sus 71 años de historia.

Según ha explicado hoy el director de la academia, José Manuel López González, el proyecto surgió el año pasado con motivo del 70 aniversario. Sin embargo, dada la dificultad que entrañaba su elaboración, no ha sido hasta ahora cuando el volumen ha visto la luz. Pero la espera ha merecido la pena.

En el libro se recogen las biografías de los 52 académicos numerarios ya fallecidos, incluyendo, obviamente, a los 14 miembros fundadores de la Institución. Sirve pues el libro como homenaje y reconocimiento a figuras como Tomás Alonso de Armiño, Teófilo López Mata, Carlos Frühbeck o Gonzalo Martínez Díez, el último en fallecer, que durante años colaboraron en el estudio y difusión de la historia burgalesa.

Han sido los propios académicos actuales los encargados de realizar las biografías de todos ellos. Trabajo este que, en algunos casos, no ha sido fácil, sobre todo a la hora de buscar fotografías. En este sentido, López Gómez ha explicado que «se ha intentado adscribir a cada académico actual con aquellos con los que mantuvo algún tipo de relación» para realizar un «perfil personal y profesional» de calidad.

Y el resultado es más que satisfactorio. Al menos así lo consideran los responsables de la Institución, que han encomendado el diseño de la portada a Pepe Carazo, quien ha seleccionado una imagen de la biblioteca de San Agustín para ilustrar la obra. Ahora, el volumen ya forma parte de la extensa bibliografía de la Institución, que confía en que sea una «herramienta de trabajo» para los académicos del futuro.

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