Naturaleza salvaje, historia y patrimonio a orillas del Río Molinar

La localidad de Tobera reúne en apenas unos centenares de metros un conjunto emeritorio único, una herencia del paso del Imperio Romano y un sistema de cascadas espectacular

El río Molinar se precipita sobre Tobera. / GIT
Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Hay lugares en los que la naturaleza y la historia se dan la mano para crear algo único. Enclavada a orillas del río Molinar, que durante siglos ha ido tallando el perfil del paisaje, se erige Tobera, una de esas joyas que pueblan la provincia de Burgos. La historia de la localidad está ligada a dos circunstancias que allí coinciden. Por un lago, su cercanía con la ciudad de Frías, oficialmente, uno de los pueblos más bonitos de España y con una herencia histórica y cultural como pocos. Por el otro, la orografía, que ha marcado con agua su destino.

De hecho, la acción del río Molinar abrió un desfiladero que, ya en la edad clásica, se convirtió en paso obligado para viajeros y mercancías. Por allí pasaba la antigua calzada romana que unía Briviesca con Orduña. Una calzada cuyos restos aún hoy son visibles, como así lo es el complejo emeritorio ubicado en el extremo sur de la localidad. Allí, el humilladero del Cristo, la ermita de Nuestra Señora de la Hoz y el puente romano forman una de las estampas más fotografiadas del norte de la provincia.

Pero la herencia arquitectónica no es el único tesoro de la localidad. Y es que, tras ese paso triunfal por mitad de los Montes Obarenes, el río Molinar se precipita sobre el casco urbano, formando un sistema de cascadas utilizadas desde tiempos inmemoriales para diversos usos. Molinos, batanes y pisones configuraron el origen de un asentamiento ligado como pocos al agua que hoy se erige como un reclamo turístico.

En total, cinco cascadas que, combinadas con sus respectivas pozas, atraen cada año a miles de turistas, imbuidos por el sonido de las aguas precipitándose antes de alcanzar la corriente del Ebro, que transita un par de kilómetros al norte.

Para ellos, años atrás se adaptó un paseo que arranca formalmente en el conjunto emeritorio y desciende por la margen derecha del río hasta el núcleo urbano para, posteriormente, regresar al punto de inicio. Poco más de un kilómetro en el que la naturaleza y la acción del hombre se dan la mano en perfecta armonía; en el que el rumor del agua precipitándose acompaña a los moradores de Tobera. Quizá, la mejor banda sonora posible.

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