Los pequeños genios del mundo rural

La plataforma 'Smartick' busca acercar las matemáticas a los pueblos colaborando con la escuela de Espiciencia situada en Espinosa de los Monteros

Comunidad de aprendizaje científico que nace en Espinosa de los Monteros/Ricardo Ordóñez/ICAL
Comunidad de aprendizaje científico que nace en Espinosa de los Monteros / Ricardo Ordóñez/ICAL
NOELIA MARISCAL/ICALBurgos

En la localidad burgalesa de Espinosa de los Monteros se lleva a cabo desde hace ocho años un proyecto que permite a los niños aprender ciencias de la manera más divertida. Pequeños con edades comprendidas entre los 3 y los 16 años desarrollan sus capacidades en esta pequeña y humilde escuela puesta en marcha por Bárbara de Aymerich, una joven licenciada en Ciencias Químicas y, que ahora comparte docencia junto a otros tres maestros especializados en materias STEAM.

Cuando Bárbara, que también imparte clase en la Universidad de Burgos (UBU) se mudó a Espinosa, se dio cuenta de que era necesario acercar la ciencia al medio rural, por lo que propuso al Colegio Público 'Santa Cecilia' la incorporación de una actividad extraescolar, que permitiese a los niños aprender ciencias de una manera divertida. Sin embargo, esta idea no cuajó, por lo que Bárbara decidió llevarla a cabo por su cuenta.

En un principio, esta pequeña escuela empezó con seis niños, pero con los años esta cifra ha ido creciendo y actualmente cuentan con más de 100 en toda la comarca, incluyendo Villarcayo y Villasana de Mena. Samuel Martínez, uno de esos niños que empezó con Bárbara cuando tenía seis años hoy tiene 13, y ayuda a De Aymerich con las clases de los más pequeños, «mi becario» como lo denomina la profesora.

En esta pequeña escuela los niños aprenden todo tipo de enseñanzas STEAM, como ciencia, tecnología, matemáticas, arte, ingeniería, química, biología, geología, de una manera divertida. «Trabajamos por proyectos», señala Bárbara, «cada año nos dedicamos a una temática en concreto pero abordándola desde un punto de vista científico», resume De Aymerich y explica que desde Espiciencia tratan de «encontrar ideas innovadoras, para acercarles a la ciencia y a la tecnología de muchas formas, y que a ellos cada vez les guste más».

En este sentido, la encargada de Espiciencia afirma, que para que los niños se interesen por la ciencia «hay que empezar desde el principio», para así «crear las vocaciones científicas». A esto añade, que si no se empieza a motivar a los niños desde una edad muy temprana, cuando llegan a la adolescencia, es más complicado. Un pensamiento con el que Samuel coincidió señalando que «en el colegio se empieza tardísimo en ciencias» y, que la mitad de sus compañeros de clase se aburren porque no entienden lo que están dando.

Bárbara explica también, que para idear los métodos de enseñanza en Espiciencia, implican mucho a los niños en este aprendizaje, puesto que ellos mismos les dan ideas acerca de los temas que más les interesan, e incluso los propios padres sugieren muchos de estos proyectos. Actualmente los pequeños se encuentran trabajando en proyectos relacionados con la aeronáutica y el cuerpo humano, «también estamos haciendo otro sobre la química en el día a día, y trabajando con cosmética», indica la licenciada en Ciencias Químicas.

Además, estos 'pequeños genios' realizan durante el curso excursiones a ferias científicas y tienen videoconferencias por Skype con científicos de diversas partes del mundo, como expertos en biología marina, genetistas o profesores expertos en inmunología. Asimismo, según asegura Bárbara, llevan a cabo «proyectos con centros similares al nuestro en otros países».

Uno de los proyectos más interesantes que están llevando a cabo este curso, es el uso de Smartick, un método de aprendizaje online de matemáticas, que está orientado a niños de entre cuatro y catorce años. La directora Comercial de Smartick, Berta González de Vega señala que la plataforma busca no solo que los niños mejoren sus resultados en esta asignatura, sino también, que «ganen confianza con las matemáticas y autoestima». Asimismo, indica que, «por desgracia sigue siendo una asignatura que le provoca cierto temor a muchos niños, y en un mundo tan tecnológico como el que vivimos no es lo que nos hace falta».

La empresa española, que recientemente superó la barrera de los 15.500 alumnos alrededor de todo el mundo, utiliza sesiones diarias de 15 minutos, donde los niños realizan una serie de ejercicios matemáticos diseñados de acuerdo a sus conocimientos. González de Vega explica que su reto es conseguir que «por lo menos durante 15 minutos estén muy concentrados en una sesión de ejercicios», que además deben realizar todos los días, lo que «fomenta un hábito de estudio y unas rutinas que les vienen bien a los niños», añade.

Desde que Smartick se puso en contacto con Bárbara en el mes de septiembre, los pequeños disfrutan de esta aplicación, que les ayuda a mejorar y entender mejor las matemáticas. La respuesta de los pequeños fue unánime, asegurando todos que estaban encantados con Smartick, «nos gusta mucho», señaló uno de los alumnos, «el del móvil es mucho más divertido», añadió otra.

Por su parte, Bárbara afirmó que tanto ellos como sus familias «están encantados», y ya comienza a notarse «mejoría en cálculo, en la comprensión de los problemas y en la capacidad de autonomía a la hora de ponerse a trabajar con la aplicación», añade la docente. Incluso los pequeños alumnos de Espiciencia, han creado sus propios problemas para Smartick, una propuesta que lanzó la plataforma, para que los niños incluyesen «problemas con situaciones más propias de estar en el campo», explica Berta.

La educación en el mundo rural para evitar la despoblación

La directora Comercial de Smartick explica que la idea de colaborar con Espiciencia, llegó tras conocer el proyecto educativo gracias a algún reportaje, y que su intención con esta colaboración es que la gente sepa, que «viviendo en un pueblecito pequeño de Castilla y León, también se puede tener un método de enseñanza de calidad». Asimismo señala que están «muy orgullosos de la calidad de Smartick, de primer orden mundial, desde un pueblo pequeño de Castilla y León».

Por su parte, Bárbara declara que considera muy importante fomentar más la educación en el ámbito rural, porque «es una de las bases para evitar la despoblación», agrega. «El que los niños que están en los pueblos estén bien formados, tengan accesible todo este tipo de recursos, va a evitar mucho el concepto de que los niños de los pueblos no tienen posibilidades», asegura la docente, de hecho, «tienen las mismas o más posibilidades que los niños de las ciudades para tener una buena educación», remarca.

En este sentido, De Aymerich manifiesta que «gracias a las nuevas tecnologías tienen a su disposición muchísimas más opciones», y gozan de la suerte de vivir «en contacto con la naturaleza», por lo que en su opinión «es uno de los remedios de la despoblación», asevera.

Asimismo, aconseja a aquellas familias, que a lo mejor no quieren ir a vivir a los pueblos, porque piensan que sus niños no van a tener esas opciones, «yo he tenido la posibilidad de llevarme a mis tres niñas fuera porque trabajaba en la ciudad», cuenta, «pero no quiero, quiero que estén aquí», añade.

Por otro lado, Joserra Oyanguren, otro de los profesores de Espiciencia y encargado de impartir las clases de informática y robótica, argumenta que su intención es «enseñar vocaciones» a los niños, con el objetivo de que «vean que existen más oportunidades, como las nuevas tecnologías e Internet». Para ello dan a los pequeños la oportunidad de descubrir lo que es una impresora 3D, de poder diseñar y construir sus propios videojuegos, para que vean que hay «cosas diferentes». En definitiva, los pequeños «lo que hacen es descubrir este mundo y luego deciden por donde van», concluye el profesor.

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