La cuchillada que mató a Benita fue «un golpe dado a conciencia y con fuerza»

La vista oral ha continuado este viernes con la declaración de los forenses/PCR
La vista oral ha continuado este viernes con la declaración de los forenses / PCR

La víctima tenía heridas defensivas, «de libro», en las manos/El forense considera «más factible» que las heridas del acusado sean autoinfligidas

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Muerte homicida por arma blanca, ocurrida a consecuencia de un sangrado interior y exterior intenso, combinado con una insuficiencia ventilatoria por desgarro del pulmón. Es la conclusión del informe forense sobre la muerte de Benita Núñez en la madrugada del 17 de julio de 2016, en el que se indica que la arandina no falleció de manera instantánea, sino que sufrió «una muerte diferida» por una de las dos heridas registradas en el tórax, «mortal de necesidad».

En la cuarta sesión de la vista oral, en la que se juzga a José Tomás V.M., acusado de un delito de asesinato con alevosía, ha tocado escuchar a los forenses, quienes han explicado los informes elaborados tras el levantamiento del cadáver y la posterior autopsia a la víctima. El forense responsable de esta última ha explicado que Benita Núñez presentaba dos heridas en el tórax. Una de siete centímetros, que se ejecutó «con violencia» aunque es menos profunda que la otra, pues la víctima conseguiría frenarla con algún tipo de movimiento.

Y una segunda (si bien los forenses no saben precisar cuál de las dos cuchilladas se practicó primero), de diez centímetros, que «penetró profundamente», llegando casi hasta la columna vertebral tras atrevesar el pulmón. Fue esta la cuchillada que acabó con la vida de Benita, y el forense la ha definido como «un golpe dado a conciencia y con fuerza». En ambas se detecta que el agresor «aplicó energía», pero no se puede indicar con seguridad si este estaba situado frente a la víctima o si la tenía sujeta por el cuello y la agredió desde atrás.

La víctima presentaba heridas en la nariz y la boca, siendo la interpretación «más lógica» que se las causaran al taparle para que no respirase o gritase

Un escenario de Benita sujeta por el cuello con su agresor a la espalda «es compatible» con las pruebas, pero también lo sería una agresión de frente. Y lo mismo ocurre para las lesiones menores que se encontraron en los alrededores de la puñalada mortal. «Lesiones de intimidación», como se conocen en el ámbito forense, y que fueron «puntazos» con un cuchillo, dados con menos energía, de manera muy seguida y con la víctima prácticamente inmóvil, ha explicado el forense.

Junto con estas heridas, Benita Núñez presentaba también unos 15 cortes en las palmas de ambas manos, todos ellos en el interior, ninguno en el exterior. Son heridas típicas de defensa, «de libro», ha insistido los dos forentes, que se ocasionan cuando se intenta repeler un ataque con arma blanca, tanto tratando de frenarlo con las palmas como utilizando la mano para agarrar el filo del cuchillo. Los forenses tienen claro que son heridas defensivas, si bien no pueden descartar que se pudiesen producir, al menos alguna de ellas, cuando la víctima cogiese un cuchillo por el filo y el agresor intentase quitárselo, como argumenta la defensa.

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El informe forense recoge, igualmente, moratones en los brazos de la víctima, «compatibles con un mecanismo de agarrón o sujeción», aunque no se afirma con total seguridad. Y heridas en la nariz y los labios, ocasionadas, como forma «más probable» por la presión de la mano del agresor sobre la nariz y la boca, con la intención de impedir que la víctima respirase o gritase. Es la «interpretación más lógica, plausible y altamente problable».

Autoinfligidas

Por lo que respecta a José Tomás V.M., los forenses han explicado que solo presentaba tres heridas, «superficiales», en el antebrazo izquierdo producidas por la punta de un cuchillo. «No tienen nada que ver con lesiones de defensa», han asegurado. «Se explican más como mecanismo de autolesión que como mecanismo de autodefensa», han insistido, pues están agrupadas en una misma zona y exigiría una inmovilización total del brazo, lo que no coincide con una situación de pelea. «Es altísimamente improbable» que se produjesen en una pelea.

Además, la forense encargada del levantamiento del cadáver ha señalado que, en la noche de autos, José Tomás V.M. no presentaba ninguna alteración psicológica, era una «persona tranquila, distante, sin repercusión emocional de lo ocurrido». Y ni entonces ni después, en el hospital, refirió haber sufrido más daño que los tres pinchazos en el brazo, ningún golpe en el resto del cuerpo.

Las heridas del acusado se explican más como un mecanismo de autolesión que como un mecanismo de defensa

En la penúltima sesión se han analizado también los estudios de fibras y ADN realizados, y previamente han declarado cuatro testigos de la defensa, el cuñado del acusado, un compañero de trabajo y dos de sus jefes. En sus declaraciones han coincidido en que José Tomás V.M. no era un hombre mentiroso, ni agresivo, no manipulador ni controlador. En el ámbito laboral nunca dio un problema, pero sí que era una persona «seria, retraída».

Trabajador e introvertido

Los testigos han explicado cómo el acusado (quien ha estado llorando durante la declaración de su cuñado) les ha referido en alguna ocasión que tenía problemas con su mujer y han sido testigos, a través del mismo, de algunas situaciones de desconfianza. No obstante, en el ámbito laboral, conocían poco a Benita Núñez y, las contadas ocasiones en las que habían visto a la pareja junta, no habían detectado ningún comportamiento extraño.

Por su parte, el cuñado de José Tomás V.M. sí que ha insistido en que este «tenía miedo» a su exmujer, con la que la familia política mantenía una relación «nula». «Cuando nos encontrábamos nos saludábamos, pero siempre teniendo cuidado», ha manifestado, insistiendo en que al causado se le veía triste y muy serio. Y en los dos años previos al suceso, el cuñado «le veía que no era libre para hacer lo que quería», pues estaba controlado por Benita.

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