Los vecinos del centro de Aranda piden reducir el aforo del Sonorama y aumentar la limpieza y la seguridad

Plaza del Trigo durante uno de los conciertos en el casco urbano de Aranda. /EFE
Plaza del Trigo durante uno de los conciertos en el casco urbano de Aranda. / EFE

La Asociación de Vecinos de la Zona Centro se queja de que el festival «interfiera abusivamente» en la vida cotidiana y de que se haya convertido en «un botellón gigante»

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La Asociación de Vecinos de la Zona Centro de Aranda de Duero han dirigido varias quejas y propuestas al Ayuntamiento ribereño y a los promotores del festival Sonorama Ribera. Consideran estos vecinos que es «apremiante» tomas medidas como reducir el aforo para que el festival sea verdaderamente sostenible. «Tanto el Ayuntamiento como la organización deberían plantearse si es viable que Aranda, con una población censada que no llega a 33.000 habitantes, pueda recibir 110.000 personas en cinco días», apuntan.

Junto con esta medida también propone la asociación de vecinos la «contratación extra de cuadrillas de limpiadores que estén presentes en nuestras calles de forma continuada y la instalación de más contenedores y baños portátiles». También se pide «más vigilancia policial para sancionar las acciones incívicas y las violaciones de las ordenanzas municipales». Por último, se demanda una «limitación del horario de los conciertos que se celebran dentro del casco urbano para que los vecinos podamos hacer vida normal y descansar».

El malestar de estos vecinos está producido, según la Asociación de Vecinos de la Zona Centro, por «la deriva que ha tomado el festival en los últimos años y ante los excesos que hemos tenido que sufrir durante la última edición del mismo». Si bien reconocen la importancia de Sonorama para la proyección de Aranda, así como el esfuerzo de las personas que trabajan por hacerlo posible, apuntan que el «triunfalismo ciego» ha anulado la autocrítica.

Aseguran que el festival interfiere «abusivamente» con la vida cotidiana y muchos residentes tienen que «irse de sus hogares por no poder aguantar la confluencia de ruido, suciedad, gamberrismo, sensación de inseguridad y masificación que genera. Ninguna población que se respete a sí misma toleraría jamás semejante degradación».

Los vecinos lamentan que el actual modelo de Sonorama «nada tiene que ver con el de hace años» y afirman que se ha convertido en un «botellón gigante» con «ruido constante de las 11 de la mañana». Temen desde esta asociación vecinal que Aranda acabe convertido en «algo parecido a uno de esos infames destinos del turismo de borrachera».

También dudan de las cifras publicadas sobre los beneficios, ocho millones de euros, aseguran que el modelo de festival «genera beneficios a unos pocos y molestias innecesarias a muchos», ya que muchos comerciantes se ven obligados a tener que cerrar sus establecimientos, aseguran desde esta asociación.

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