Tabas a volar en Briviesca

La localidad burgalesa celebró ayer la fiesta de La Tabera, en la que los bares de la ciudad se convierten, por un día, en casinos improvisados

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Briviesca vivió ayer una de esas jornadas marcadas en rojo en el calendario, en las que la tradición se covierte en la gran protagonista. Una tradición basada, en este caso, en la fortuna.

Un total de 18 establecimientos se han sumado este año -mediante licencia- a la Fiesta de la Tabera, una cita enmarcada en la celebración de Santa Casilda que cada año reúne en la capital de La Bureba a propios y extraños alrededor de mesas de juego. Quizá no tengan el glamour de los grandes casinos a los que acudía James Bond, pero, sin duda, atesoran mucha más historia y tradición.

La mecánica es simple. Una persona lanza una taba -hueso de la rodilla de la oveja- sobre una mesa en la que se han cruzado apuestas. Si cae 'tumbada', se sigue tirando. Si cae del lado de la 'carne', gana la apuesta el que la ha lanzado. Si por el contrario sale 'culo', ganan quienes han apostado en contra. Y se mueve dinero, quizá no tanto como hace algunos años, pero sí lo suficiente como para atraer la atención.

En esta ocasión, los encargados de inaugurar el juego fueron el subdelegado del Gobierno en Burgos, Roberto Saiz, y el delegado territorial de la Junta, Baudilio Fernández-Mardomingo. No deja de ser curiosa su presencia, y no por cuestiones particulares, sino porque cuenta la tradición que jugarse los duros a la Taba estaba prohibido siglos atrás, pero los vecinos de Briviesca aprovechaban la celebración de la Rogativa de Santa Casilda para saltarse la prohibición.

Y así ha llegado hasta nuestros días, evolucionando y contando con el favor de las instituciones, que durante un día autiorizan el juego coincidiendo con una jornada festiva. De hecho, el trasiego en las mesas de juego no es sino el colofón de una jornada en la que Briviesca se convierte en foco de atracción con la tradición como telón de fondo. Misa, procesión, almuerzo popular y juegos de azar, una combinación que pudiera parecer complicada, pero posible.

 

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