Los afectados por daño cerebral adquirido reclaman más recursos para mejorar la atención integral

Los miembros de Adacebur repartieron información entre los viandantes. /GIT
Los miembros de Adacebur repartieron información entre los viandantes. / GIT

La Asociación de Daño Cerebral Adquirido (Adacebur) celebra el Día nacional intentando sensibilizar sobre una realidad «invisible»

Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Alrededor de 104.000 personas sufren cada año en España un ictus o un traumatismo que les cambia la vida. Muchos de ellos consiguen salir adelante, pero entonces comienza una nueva realidad. Una realidad que a menudo es «invisible». Así al menos lo aseguran los miembros de la Asociación de Daño Cerebral Adquirido de Burgos (Adacebur), que hoy han decidido salir a la calle para mostrar al mundo su situación coincidiendo con la celebración de su Día Nacional.

En total, se calcula que en España hay 420.000 personas afectadas por daño cerebral adquirido (DCA). Todos ellos, según han recordado los miembros de la asociación en un manifiesto, «tenían una vida en marcha». Sin embargo, «un día, de repente, un ictus, o un golpe en la cabeza; a veces un tumor cerebral, una anoxia u otras lesiones en el cerebro cambiaron sus proyectos de vida». Y es que, a pesar de haber salvado su vida, «hasta en un 89% de los casos, las secuelas provocan dependencia» en mayor o menor grado, una situación que trastoca de lleno su día a día y el de sus familias.

Y más aún teniendo en cuenta las barreras que se les presenta en la sociedad. «Gran parte de las personas con DCA no pueden acceder a recursos de rehabilitación especializados, ya que son escasos y están repartidos de manera desigual por el territorio». Es más, los propios servicios de valoración de la dependencia no están adecuados a su realidad, subrayan desde el colectivo.

Por eso, desde Adacebur se hacen eco de las exigencias de la Federación Española de Dano Cerebral Aquirido (Fedace) y reclaman a las administraciones la creación y puesta en marcha de una Estrategia Nacional de Atención al Daño Cerebral Adquirido, así como la creación de una categoría diagnóstica propia. A mayores, el colectivo también reivindica la elaboración de un censo de personas con DCA y que se incluya a la familia como parte beneficiaria del proceso de atención, y no solo como parte colaboradora.

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