Violencia de Género en Atención Primaria

¿Cómo van las cosas en casa?, puerta de entrada de la violencia de género en Atención Primaria

Sede de la Gerencia de Atención Primaria y los centros de Salud Cristóbal Acosta e Ignacio López Saiz/JAQ
Sede de la Gerencia de Atención Primaria y los centros de Salud Cristóbal Acosta e Ignacio López Saiz / JAQ

Médicos de familia y enfermeros disponen de un protocolo de actuación para detectar casos de violencia de género y situaciones de riesgo para mujeres víctimas

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Con una sencilla pregunta, que no siempre tiene que responderse con palabras, se abre la puerta a la detección de la violencia de género en el ámbito de la Atención Primaria. Se trata de escuchar, leer entre líneas si es necesario, atender los gestos y los silencios de las víctimas, para tratar de poner fin a situaciones que generan un sufrimiento físico y psicológico sin igual, y que compete a toda la sociedad.

Los médicos de familia y enfermeros en Atención Primaria disponen de un protocolo de actuación para detectar casos de violencia de género y situaciones de riesgo para las mujeres víctimas. Se trata de una prioridad, tanto social como sanitaria, recuerda María José Pereda, técnico de Salud en la Gerencia de Atención Primaria de Burgos y médico de familia.

Y todo empieza con una pregunta muy simple, muy poco comprometedora: ¿cómo van las cosas en casa? En términos generales, a las mujeres «no solo no les molesta que les preguntes sino que lo agradecen, sobre todo si tienen problemas en casa», afirma Pereda. Y esa pregunta debe realizarse, según marca el protocolo, a toda mujer mayor de 14 años, adaptándola a su situación personal y familiar.

Desde que una mujer empieza a sufrir violencia de género hasta que alza la voz y denuncia pasan, de media, 10 años. El maltrato en el ámbito de la relación de pareja es un proceso lento, que se agrava a medida que el agresor va ganando confianza y la víctima, perdiendo autoestima. Se empieza con pautas de control y aislamiento y se acaba con la violencia física, también sexual, y una violencia psicológica «que es mucho más destructiva».

Violencia de género entre adolescentes

Cualquier situación de violencia de género es preocupante. Sin embargo, detectar casos ya entre parejas de adolescentes muestra que se está fallando en la prevención primaria, en la educación, apunta María José Pereda. De ahí que la intervención de Atención Primaria arranque con mujeres a partir de los 14 años.

Se está fomentado la sumisión de la mujer, asegura, a través de cierto tipo de música, películas, series o literatura. Se difunde un concepto del amor y de la relación de pareja erróneos, Se aceptan los celos, el control, como muestras de amor.

Y así se empieza con los primeros pasos del maltrato, con parejas que aislan a las chicas de sus amigas, le cuestionan su forma de vestir, les piden acceso a sus móviles y cuentas de redes sociales... Y cuando se quieren dar cuenta son víctimas de violencia de género, explica Pereda.

El problema que subyace es que no existe un rechazo social al machismo; que durante muchos años se ha visto la violencia de género como un problema doméstico. Y la banalización que algunos políticos están haciendo ahora, cuestionando a las víctimas, «facilita la muerte de las mujeres» y las víctimas se sienten desatendidas.

«No existe igualdad entre hombres y mujeres» y, la evidencia más palpable es la violencia de género. Es la punta de todo un sistema de dominación, y casos como los de La Manada el reflejo de esa desigualda, de hombres que se rebelan contra el empoderamiento de la mujer.

Las denuncias son la punta del iceberg, recuerda Pereda, de ahí la importancia de realizar esa pregunta en Atención Primaria, pues puede ayudar en la detección precoz de un caso de violencia de género. ¿Cómo van las cosas en casa? y ¿cómo se resuelven las discusiones con su pareja? son la puerta de entrada y, en función de la respuesta (verbal o no verbal), el cribado profundiza para confirmar la situación de maltrato y determinar el grado de abuso que sufre la víctima.

Lo principal es detectar el caso de violencia, insiste Pereda, pero también si existe riesgo para la mujer tanto de ser asesinada como de querer suicidarse. Se valora el estado anímico en el que se encuentra, si su pareja es violenta, si ha amenazado con matarla o matar a sus hijos, si hay armas en casa....

Y todo ello sin olvidar las evidencias físicas de una agresión, y otros síntomas como depresión crónica, dolores musculares, migrañas o intentos de suicido que pueden ser una somatización de una violencia de género no expresada. Simplemente el hecho de que la mujer acuda mucho a la consulta, aparentemente sin motivo, o que no vaya cuando tiene cita, puede indicar que hay un problema grave en casa.

Acompañamiento

Una vez detectado el caso de violencia de género, en Atención Primaria se ponen a disposición de la víctima todas las herramientas del sistema, y es ella la que decida qué hacer. «Nuestro objetivo es acompañar a la mujer que sufre violencia de género», sin violentarla ni forzarla, afirma Pereda. «Tenemos que respetar sus tiempos» y, si no se encuentra con fuerzas para acudir al trabajador social, a los CEAS o denunciar, se le presta el apoyo que necesita.

Eso es así salvo que exista un grave riesgo para su vida, entonces se dan las comunicaciones oportunas, matiza la técnico de salud. Nunca se juzga a la víctima, ni se la cuestiona ni se debe de dudar de su palabra, insiste; hay que entender su situación, desculpabilizarla, acogerla y ayudarla en todo lo que se pueda. A veces es suficiente con que vea la puerta de la consulta abierta.

Así se actúa también cuando a Atención Primaria llegan los partes de lesiones procedentes de urgencias. Se da aviso a los médicos de familia para que hagan un seguimiento del caso y ofrezcan ayuda. «La puerta de la consulta tiene que estar siempre abierta», insiste María José Pereda, quien reconoce que los profesionales más sensibilizados son los que detectan un mayor número de casos. «Si no lo buscas, no lo encuentras», afirma.

Durante el año 2018, Atención Primaria intervino en 531 casos de violencia de género en Burgos. Se recibieron, además, 59 partes de lesiones. En lo que llevamos de año, se han recibido 14 partes de lesiones, de agresiones físicas, humillaciones, patadas... También partes que afectan a menores, que se interponen entre el agresor y su víctima y acaban siendo víctimas directas de la violencia de género.