Francis Mojica: «Algún día se crearán humanos a la carta»

Francis Mojica posa tras una charla. /Efe
Francis Mojica posa tras una charla. / Efe

El precursor de la gran esperanza científica para curar enfermedades genéticas, el microbiólogo asegura que la tecnología CRISPR podrá retardar el envejecimiento pero no lograr la inmortalidad

DOMÉNICO CHIAPPE

El pistoletazo de salida de la carrera científica actual para curar enfermedades por medio de la «edición del genoma» la dio un científico español a los 30 años. Cuando hacía su tesis doctoral, Francis Mojica encontró una repetición en el ADN de una bacteria de las salinas que bautizó como 'CRISPR' (léase 'crísper') y se empeñó en descubrir qué sentido tenían dentro de «ese cuerpecito tan pequeño de un procariota, con información genética muy limitada». Un esfuerzo que no dio resultados durante los primeros diez años de trabajo solitario, a veces clandestino. «En mi estancia postdoctoral hacía experimentos a escondidas para ver si CRISPR tenía algún efecto sobre la estructura del ADN», recuerda Mojica en Salamanca, donde ha sido elegido para clausurar el encuentro de 600 rectores de 26 países, reunidos en el encuentro de la red colaborativa Universia, organizada por el Banco Santander. Quien ha revolucionado la biomedicina sólo pide tomarse dos cervezas antes de la entrevista.

Mojica persistió, empeñado, casi obsesionado, en desentrañar los secretos de las secuencias que se agrupan por familias y que a su vez contienen fragmentos de ADN de los virus que habían atacado a estas bacterias quizás millones de años antes. «Somos muy pocos los que, cuando conseguimos encontrar algo tan grande como las CRISPR sin saber lo que iba a ser, tenemos la insensatez de buscar algo, fracaso tras fracaso, hasta que un buen día aparece la respuesta. Me decían: 'Chaval, dedícate a otra cosa, porque probablemente estás perdiendo el tiempo. Y podían haber tenido razón'».

- ¿Qué hubo de azar, intuición, pálpito, olfato?

Un poquito de cada. Pero la cuestión es darle importancia a ese azar y seguir trabajando. Las primeras repeticiones no las encontré yo. Un grupo en Japón las reportó en 1987 en la E. coli, dos años después publicaron un segundo artículo y lo dejaron. La diferencia es que yo, siempre que tuve la oportunidad, seguí trabajando con ellas. Hice experimentos dirigidos a saber si estaban activas, qué función podían cumplir, en qué otros microorganismos estaban presentes. Si algo se mantiene en bacterias con una distancia evolutiva de miles de millones de años y en ambientes tan distintos, me dice que es muy importante y una característica ancestral. Tenía que ser relevante desde el punto de vista biológico. Y cuando vi que nadie le prestaba atención, todavía más.

- En 2005 advirtió que las CRISPR podían relacionarse con la inmunidad de los individuos, ¿conocer cómo se protegieron las bacterias puede salvar vidas humanas?

Eso es lo que parece. Cuando uno conoce la existencia de un mecanismo tan peculiar, como el sistema de inmunidad adquirida de organismos como las bacterias procariotas, empieza a plantearse el potencial que puede tener dentro del campo de la microbiología. Si además se desarrollan unas herramientas fantásticas (las CRISPR-can, de investigadores como Charpentier y Doudna) derivadas de este sistema de defensa para diagnosticar y estudiar enfermedades y en un futuro curarlas, la atracción y la repercusión, tanto científicas como sociales, son tremendas. Hay expectativas que superan la realidad. Si se llegara a todo lo que se espera de las CRISPR, sería un verdadera barbaridad. Es demasiado. O, a lo mejor, no. Existen más de 8.000 enfermedades genéticas distintas, muchas enfermedades infecciosas, que podrían ser abordadas. Supongo que alguna se podrá curar.

- ¿Cómo se siente cuando ve que estas posibilidades existen gracias a tu hallazgo?

Más orgulloso no se puede estar. No me lo llego a creer. Sobre todo porque al principio, al descubrir que era un sistema de inmunidad en bacterias, nos dimos por muy satisfechos. Para nosotros, como microbiólogos, aquello era enorme. Y sin embargo, no tuvo una gran repercusión hasta que pasaron diez años.

- Adelante el cronómetro unos cuantas décadas y hable en clave de ciencia ficción. ¿Cómo será el futuro con las CRISPR?

Habrá un cambio de mentalidad, por lo mucho que se puede llegar a conseguir con las CRISPR: generar seres humanos a la carta. No serán transgénicos, pero sí editados genéticamente, si se logra modificar un error genético con garantía absoluta de que no va a producir ninguna alteración no deseada. Eso quiere decir que se podrán evitar las enfermedades de los seres humanos antes del nacimiento. ¿Eso es ético o moral? Ahora mismo crear individuos on características mejoradas genera rechazo en mucha gente. Algún día llegará. Si no con las CRISPR, sí con alguna otra herramienta.

Una vida sin películas

El microbiólogo y profesor de genética en la Universidad de Alicante Francis Mojica no va al cine desde 1996. «Estaba en Inglaterra cuando fui por última vez, a ver una película sobre la Guerra Civil española que me recomendaron mis compañeros de laboratorio», dice. «A veces intento ver televisión o algún deporte, pero no soy capaz de mantener la atención porque tengo tendencia a estar pensando en varias cosas al mismo tiempo».

- Pero para leer las CRISPR, que son secuencias de letras del ADN, necesita focalizar mucho esa atención.

¡Porque me interesan! Solamente soy capaz de prestar atención a algo que realmente me interese, como un artículo científico. A veces dejo una película cuando faltan diez minutos para el final. Antes sí me gustaba, cuando estaba más joven. He cambiado mucho de gustos.

- CRISPR es acrónimo de 'Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats'. ¿Por qué las definió como «palíndromos» (oraciones que pueden leerse en ambas direcciones)? ¿Le gustan los juegos de palabras?

No te creas. En aquel momento pensé que todas las repeticiones eran palindrómicas. Aunque ninguna lo es totalmente, sí hay cuatro o cinco letras, dentro de ese abecedario del ADN compuesto por 30 o 40 letras, que se repiten de forma invertida y son parcialmente palindrómicas. Pero hay muchas secuencias canónicas CRISPR que no lo son.

- Cuando lee esas líneas, ¿le narran algo?

Sí, que un ser vivo, y menos una bacteria, no se puede permitir en ningún caso mantener una estructura regular si no tiene una función importante.

- ¿Las repeticiones son diferentes en cada organismo o es la misma en cada especie?

Pueden variar muchísimo.

- Es una historia personal, entonces.

Son historias personales. Originalmente podría ser una que luego ha ido divergiendo en distintos organismos. Normalmente se puede reconocer un cierto patrón, un cierto consenso de secuencia, lo que reafirma el hecho de que probablemente en un origen era muy concreta que se repetía muchas veces. Cuando lo veía, me decía: esto no es una secuencia cualquiera, es un patrón, una estructura, una disposición. Es algo mucho más complejo.

- ¿Pensaba que era relevante para su supervivencia?

No tenía ni idea. Pero sí que era algo fundamental.

- ¿Cree que el ser humano llegará a ser inmortal?

Seguro que no. Inmortal no puede ser.

- ¿Ni gracias a las CRISPR?

Vivimos en presencia de oxígeno. Y el oxígeno, oxida. No puedes estar continuamente reparando los daños que generados por la actividad. El envejecimiento es inevitable. Se podrá retardar, evitar que aparezcan enfermedades asociadas con la edad. Pero la inmortalidad. las bacterias son inmortales porque la célula se divide y da lugar a dos. ¿Ha muerto la anterior? No, va a seguir viviendo. Las bacterias de hoy proceden de otras de hace 4.000 millones de años, aquellas iniciales que siguen existiendo hoy en día. Pero un organismo como el nuestro, pluricelular que no se divide por bipartición, no puede ser inmortal. ¡pero yo soy microbiólogo, o sea que mi opinión no vale para nada!

Por su aportación precursora a esta cadena de hallazgos en la secuencia de ADN, con los que ya empezaron ensayos clínicos en humanos, de los que poco se conoce aún, Mojica ha recibido importantes reconocimientos de la comunidad científica, como el Albany Medical Center Prize (2017) o el Premio Rey Jaime I. Se le menciona para el Nobel. Pero él hace «ciencia básica», teorías a partir de la observación. Una experimentación metódica poco espectacular. En este campo, los héroes suelen ser los que encuentran dónde y en qué aplicar esos descubrimientos. Él, sin embargo, parece no darle importancia a los galardones, y prefiere hablar de virus bacteriófagos y azares genéticos, para luego perderse entre los trajes oscuros de los rectores de las universidades, ante los que dará un discurso algunas horas más tarde.

 

Fotos

Vídeos