Viaje a la NASA, una experiencia inolvidable

La burgalesa Laura Rojo solo tiene palabras positivas de su estancia en el Rocket Center de la agencia espacial estadounidense, en la que llegó a probar el 'helado de astronauta'

La burgalesa Laura Rojo, en el Rocket Center de la NASA en Alabama./Laura Rojo
La burgalesa Laura Rojo, en el Rocket Center de la NASA en Alabama. / Laura Rojo
César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

Viaje a la NASA podría ser el título de una novela de aventuras o de una película de ciencia-ficción, pero en este artículo no hay nada inventado por un guionista. Es todo real. La burgalesa Laura Rojo Guerrero ha estado del 4 al 10 de agosto en el Rocket Center de la agencia espacial estadounidense de Huntsville (Alabama) y se ha sentido como una científica. Incluso ha tenido las mismas sensaciones que un astronauta por el espacio.

«La experencia ha sido increíble, inolvidable, fantástica...», asegura la joven de 17 años, a quien se la acaban los adjetivos -todos positivos, claro- para describir su estancia en el Space Camp de la NASA, al que llegó gracias a un programa de becas que puso en marcha la Embajada de Estados Unidos para celebrar el cincuenta aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Más de 740 estudiantes participaron en el proceso de selección enviando un vídeo en inglés, una redacción sobre la exploración espacial y dos certificados, uno de conocimientos de la lengua de Shakespeare y otro de las notas escolares.

Solo ocho fueron los elegidos y entre ellos estaba Laura, que narró a los estadounidenses que le gusta la exploración especial «desde pequeñita», que quiere estudiar física y que quería aprovechar la experencia para aprender. Sus previsiones no estaban mal encaminadas. Su estancia en Alabama fue muy enriquecedora. «Nos dieron muchas charlas muy interesantes y conocí a gente muy importante, como al astronauta Don Thomas», explica. También visitó el museo del Rocket Center, en el que se expone, entre otras cosas, una maqueta del Saturno V.

Laura Rojo, en Burgos tras volver de la NASA.
Laura Rojo, en Burgos tras volver de la NASA. / Gabriel de la Iglesia

Laura también pudo llevar a la práctica los conocimientos que fue adquiriendo poco a poco. No todo fue escuchar y ver. Se montó en simuladores de entrenamiento para los astronautas y comprobó las sensaciones de las personas que viajan al espacio. Además construyó un pequeño cohete accionado con un propulsor, participó en una misión espacial o buceó un tanque de ocho metros. En este caso, pudo ver las dificultades para realizar movimientos en microgravedad. De todas estas labores destaca «la importancia de trabajar en equipo», ya que las prácticas eran colectivas y recuerda que cada actuación era importante para conseguir que el desenlace fuera positivo. «Si una fallaba, fallábamos todos», indica.

La joven, que el año académico que viene cursará segundo de Bachillerato en el colegio San Pedro y San Felices, probó el helado de astronauta, que, como toda la comida que se lanza al espacio, está deshidratado. «Sabe distinto», declara. Eso sí, el resto de alimentos que la sirvieron en Alabama fueron 'terrestres' o, mejor dicho, estadounidenses. En cambio, la temperatura de las habitaciones sí que era baja, como la de la Estación Espacial Internacional (EEI). «Teníamos la temperatura baja, no bastante, pero sí para mantita», comenta.

Ahora, tras volver a Burgos, muchos amigos insisten en decir «Laura, vas a trabajar en la NASA». El futuro dirá dónde estará esta joven burgalesa en unos años. A día de hoy solo puede decir que estudiará Física en la universidad, que su viaje al Rocket Center fue «una experencia muy chula» que nunca olvidará y que se recomienda ir a cualquier persona interesada por la Ciencia. De hecho, ella querría volver.

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