Todo por la educación

El profesor burgalés Juan Jesús García Velasco lleva 13 años yendo cada verano a enseñar a niños de países subdesarrollados

El profesor burgalés rodeado por sus alumnos durante el verano/BC
El profesor burgalés rodeado por sus alumnos durante el verano / BC
Ismael del Álamo
ISMAEL DEL ÁLAMOBurgos

Cuando la vocación lo inunda todo, no existen barreras geográficas que la frenen. Eso le ocurre a Juan Jesús García Velasco, un profesor de matemáticas burgalés que, desde hace 13 años, dedica sus vacaciones de verano a mejorar las condiciones educativas de niños de Bolivia, Tanzania, Zimbabue o Perú. Es precisamente en Perú, concretamente en Villa Rica, donde ha conseguido poner en marcha un proyecto de cooperación estable, a través de la ONG Persona Solidaridad de la que es miembro.

En Villa Rica, él y otros voluntarios, dedican un mes o mes y medio durante el periodo estival, a atender a niños con discapacidad intelectual. En esta localidad peruana, al igual que en muchas otras en vías de desarrollo, estos niños acuden al colegio sin recibir una atención especial y a menudo sus familias los mantienen en casa. La oferta de dar desayuno y almuerzo a estos alumnos ha hecho que algunos de sus padres les escolaricen, solo por el hecho de tener una mejor alimentación. De esta manera se puede evitar que esos niños queden completamente excluidos de la sociedad.

«Nuestro objetivo final es que nuestros estilos de vida cambien»

Por otro, también colabora desde hace más de una década con un albergue para niñas estudiantes que viven en condiciones insalubres. Además de él, más de medio centenar de personas, en su mayoría estudiantes universitarios, han acudido a Villa Rica durante un mes de voluntariado para colaborar en estos dos proyectos a lo largo de estos 13 años. Sin embargo, Juanje, como le conocen todos, reconoce que «en un mes se puede ayudar muy poco», pero es que la cooperación durante ese mes en un lugar como Villa Rica u otro en el que se trabaje, generalmente transforma a quien participa.

«Nuestro objetivo final es que nuestros estilos de vida cambien», explica y darse de bruces con una realidad en la que se ve que el estilo de vida de los países desarrollados lleva a la destrucción del planeta por la sobreexplotación de recursos, cambia la forma de ver las cosas. Por eso, cada voluntario que tiene la generosidad de dedicar sus vacaciones a ayudar a los demás «más que ayudar resulta ser ayudado», sentencia el voluntario.