El mayor donante de sangre de España anima a seguir sus pasos para ayudar a los demás

Enrique Francisco Ojea es el mayor donante de sangre de España./Pepe Marín
Enrique Francisco Ojea es el mayor donante de sangre de España. / Pepe Marín

El granadido Enrique Francisco Ojea, albaicinero, ha donado 324 veces y quiere seguir haciéndolo

DIEGO QUEROGranada

Son 324 veces las que ha donado sangre y asegura que seguirá haciéndolo mientras esté en 'paraje'. Enrique Francisco Ojea, que así se llama esté granadino del barrio del Albaicín de más pura cepa, es un hombre de récord, granadino, andaluz y nacional. Concretamente es la persona que más sangre ha donado en España, y lo mejor es que tiene ganas y tiempo de agrandar sus números los años que le dejen hacerlo.

Enrique llega unos minutos tarde a la cita en la calle Doctor Mesa Moles. Es normal, lo paran una gran parte de las vidas que, ajetreadas, se mueven todos los días por la zona de la Plaza de Toros. Médicos, enfermeros, comerciantes y todo el personal del Centro de Transfusión de Granada, lugar que ha convertido a fuerza de donaciones en su segunda casa. La apariencia ya nos dice que nos encontramos ante una persona especial, con sombrero negro y americana rosa, que destila frases que se podrían convertir en proverbios y que cuenta un sinfín de anécdotas vividas en este barrio, en el que ha vivido de todo.

Hace ya más de 30 años que Enrique llegó a la zona de la Plaza de Toros, aparcando coches. «Me dedicaba a buscarle sitio a los conductores, y con el tiempo fui haciendo amistad con los que tenía alrededor, llevaba una riñonera con treinta o cuarenta llaves», cuenta Enrique. Así, entre coche y coche y propina y propina comenzó a interesarse por lo que hacían en el Centro de Transfusión. «Yo ya había donado en el 84, cuando estaba haciendo en el Servicio Militar, porque me picaba el gusanillo y porque nos daban un permiso», explica el mayor donante de sangre de España.

Con ese gusanillo lleva ya 34 años, lo que le ha permitido convertirse en la persona que más sangre ha donado. La de ayer era la cuarta donación del año y más no va a poder hacer, por lo que volverá a acercarse por el centro ya en enero del próximo año, y a contabilizarlo en la aplicación de la Junta de Andalucía, que le dice cuántas donaciones ha realizado hasta ahora.

«Yo dono lo que necesiten en cada momento, sangre, plaquetas, lo que sea, yo me siento aquí y digo: pínchenme» Enrique Francisco Ojea

En el Centro de Transfusión le conocen todos, desde la administrativa hasta las enfermeras que se ocupan de las extracciones. «Es un ejemplo para todos», subraya María del Mar, que lo conoce desde hace tres décadas e incluso fue vecina suya en Albolote. «Vivió en mi pueblo un tiempo y a los dos semanas ya conocía a todo el mundo», relata esta enfermera.

Fuera de Granada también lo conocen. Martín Manceñido, presidente de la Federación Española de Donantes de Sangre aplaude el empeño de Enrique Martín con las donaciones. «Es una delicia contar con donantes así, y encima Enrique tiene una gran proyección por su edad. No es sólo el valor de la donación, es mucho más», asegura Manceñido. Lo cierto es que la provincia de Granada también destaca en las estadísticas de donación de sangre, muy por encima de Andalucía, que está casi a la cola nacional en este asunto.

El presidente de la Federación Española de Donantes de Sangre explica el método que ha seguido Enrique para entrar en la lista de los mayores donantes, la aféresis. Un procedimiento por el que se pueden donar distintos componentes de la sangre. Así, en algunos casos Enrique dona plaquetas, en otros plasma y otros días regala glóbulos rojos, lo que hace que el número de donaciones aumente considerablemente. «Yo dono lo que necesiten en cada momento, sangre, plaquetas, lo que sea, yo me siento aquí y digo: pínchenme», sostiene Enrique.

En estos 34 años, sólo ha estado seis meses en el dique seco, cuando le mordió un murciélago mientras limpiaba su casa

Además de donaciones, este albaicinero colecciona «amistades y conocidos» en la zona. También anécdotas como aquella vez en la que donando sangre con un brazo se le quedó dormida su hija en el otro, algunos días en los que algunos donantes han sufrido algún mareo, o aquella vez que un antiguo director del centro le dejó las llaves de su coche que estaba mal aparcado para que lo vigilara y se lo llevó la grúa porque él estaba donando sangre. Junto a Enrique, el gusanillo de la donación también lo tiene su familia, a la que ha inculcado el interés por ayudar a quien lo necesite. Y su mujer tiene que agradecer a una donación que esté hoy en buen estado de salud. Enrique rememora como un día que estaban donando sangre y la máquina le pedía más a su mujer de lo que ella podía dar. Tras esta extracción le diagnosticaron una insuficiencia aórtica.

En estos 34 años, sólo ha estado seis meses en el dique seco. Fue cuando le mordió un murciélago mientras limpiaba su casa. Tras varias vacunas y distintas pruebas médicas para comprobar que no estaba infectado, Enrique volvió a su segunda casa a donar «y supongo que el murciélago murió, porque yo estoy perfecto».

¿Pero hasta cuándo seguirá regalando sangre este hombre? Lo cierto es que no hay una edad límite para poder regalar el líquido que recorre nuestro cuerpo, y Enrique admite que no tiene ninguna prisa por dejarlo. «Me gusta sentirme como me siento, estoy en la gloria. Esta es la manera de sembrar y recoger el bien, no me pongo enfermo, tengo trabajo cuidando a personas mayores, tengo familia, y claro que hay problemas, pero son la salsa de la vida. En tus brazos está sentirte como un superhéroe, así que siéntate», remacha este albaicinero que ha regalado 160 litros de sangre. Y los que le quedan.

 

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