La ministra de Sanidad y los médicos creen que parir en el domicilio es «un retroceso»

Elena Fernández, con su bebé en brazos, al frente de las familias que se concentraron en el HUCA a favor del parto en casa. / PABLO LORENZANA

«Multiplica por tres la mortalidad neonatal», advierten los expertos que inciden en que siempre ha de estar presente un profesional acreditado

A. COLLADO / A. ARCEOviedo

La ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, advirtió ayer de que «modas» como la de parir en casa o el movimiento antivacunas suponen «un retroceso» con respecto a los «importantísimos avances» registrados en las últimas décadas en salud. «El parto es un momento muy crítico» tanto para las madres como para los recién nacidos, incidió Carcedo, quien apuntó que la atención hospitalaria en los alumbramientos ha permitido reducir la mortalidad perinatal a un dos por mil en España y detectar enfermedades congénitas que hoy son tratadas «desde el minuto cero». Si hay partos domiciliarios, sentenció, «tienen que ser vigilados y controlados», ya que «la mujer no solo pone en riesgo su vida sino las condiciones futuras de vida de sus hijos».

Además, la ministra abogó por reconocer «la cantidad de vidas que se salvaron con las vacunas, los controles perinatales y las buenas condiciones sanitarias a la hora del nacimiento». Admitió que hay que seguir avanzando «en la humanización» de la atención hospitalaria en los partos, pero sin olvidar la necesidad de ofrecer unas garantías «mínimas» a la hora de dar a luz «pensando en los niños, que no tienen culpa».

Por su parte, el presidente de la Asociación de Ginecología del Principado, Manuel Hernández Bermudo, confirma que «cada vez hay más tendencia» a plantearse el parto domiciliario. Para ello, dice de manera taxativa, deben cumplirse, al menos, tres condiciones: «Que el embarazo esté entre la semana 37 y la 42, que se trata de un único feto y que tenga presentación cefálica (es decir, que esté en la posición deseable)». Solo en los casos que cumplan estos requisitos y no presenten ningún factor de riesgo y siempre y cuando haya un profesional acreditado atendiendo el parto «puede ser en casa». Aún así, el riesgo de mortalidad neonatal se triplica en los partos domiciliarios. Este porcentaje, de todos modos, no llega a ser «excesivo» a no ser que se combine con otros factores, como haber superado la semana 42 de gestación.

El jefe de sección de Obstetricia y Ginecología de Cabueñes, Javier Arenas, es de la opinión de que «parir en casa debería pasar a la historia si no hay un sistema organizado para ello». Aún así, matiza, nunca se alcanzarán «los elementos de seguridad que te da un hospital, por lo que supone retrasar siglos en la seguridad maternal y fetal». Pero es un tema espinoso. «Hay que ser cautos y tener en cuenta el respeto a las decisiones serias de la mujer gestante». Para una decisión como la tomada judicialmente en Oviedo, dice, «quiero pensar que había pruebas lo suficientemente convincentes para actuar en consecuencia, por la seguridad del feto».

El reconocido ginecólogo José Solís también encuentra el parto en casa «un riesgo innecesario para la mujer y para el niño», aunque como Arenas llama la atención sobre «la opción libre de la madre de asumir los riesgos para ella y sus hijos». El problema, señala, «es que un 6% de los partos se complican lo suficiente como para que todos sean atendidos en un hospital, ya que no vienen marcados con una 'x' los que serán».

Elena Fernández, representante de la asociación El Parto es Nuestro, defiende las ventajas de un entorno tranquilo, sin presiones. «El hospital es un entorno hostil. Pares en casa tomando seguridades, con dos matronas profesionales y útiles médicos. El sistema sanitario es un servicio, no una imposición», defiende.

«La secuestraron en un hospital tras haberla incapacitado judicialmente»

Por su parte, el presidente de la Asociación de Ginecología del Principado, Manuel Hernández Bermudo, confirma que «cada vez hay más tendencia» a plantearse el parto domiciliario. Para ello, dice de manera taxativa, deben cumplirse, al menos, tres condiciones: «Que el embarazo esté entre la semana 37 y la 42, que se trata de un único feto y que tenga presentación cefálica (es decir, que esté en la posición deseable)». Solo en los casos que cumplan estos requisitos y no presenten ningún factor de riesgo y siempre y cuando haya un profesional acreditado atendiendo el parto «puede ser en casa». Aún así, el riesgo de mortalidad neonatal se triplica en los partos domiciliarios. Este porcentaje, de todos modos, no llega a ser «excesivo» a no ser que se combine con otros factores, como haber superado la semana 42 de gestación.

El jefe de sección de Obstetricia y Ginecología de Cabueñes, Javier Arenas, es de la opinión de que «parir en casa debería pasar a la historia si no hay un sistema organizado para ello». Aún así, matiza, nunca se alcanzarán «los elementos de seguridad que te da un hospital, por lo que supone retrasar siglos en la seguridad maternal y fetal». Pero es un tema espinoso. «Hay que ser cautos y tener en cuenta el respeto a las decisiones serias de la mujer gestante». Para una decisión como la tomada judicialmente en Oviedo, dice, «quiero pensar que había pruebas lo suficientemente convincentes para actuar en consecuencia, por la seguridad del feto».

El reconocido ginecólogo José Solís también encuentra el parto en casa «un riesgo innecesario para la mujer y para el niño», aunque como Arenas llama la atención sobre «la opción libre de la madre de asumir los riesgos para ella y sus hijos». El problema, señala, «es que un 6% de los partos se complican lo suficiente como para que todos sean atendidos en un hospital, ya que no vienen marcados con una 'x' los que serán».

Elena Fernández, representante de la asociación El Parto es Nuestro, defiende las ventajas de un entorno tranquilo, sin presiones. «El hospital es un entorno hostil. Pares en casa tomando seguridades, con dos matronas profesionales y útiles médicos. El sistema sanitario es un servicio, no una imposición», defiende.

«Se ha incapacitado judicialmente de un día para otro a una mujer solo porque está embarazada. Todo el mundo consciente, según la Ley de Autonomía del Paciente, puede ejercer sus derechos, pero no se la ha dejado. La tienen secuestrada en un hospital», sentenció Elena Fernández, visiblemente contrariada con lo ocurrido.

«Los riesgos en el embarazo son variados y frecuentes; pero haya el riesgo que haya, el paciente tiene la última palabra. El protocolo no es ninguna ley. La mujer debe poder escoger entre todas las alternativas que se ofrecen», recordó Fernández, rodeada de otras madres y niños nacidos también, algunos de ellos, en su domicilio.

«Yo he tenido un hijo en casa y a otro en el hospital», aseguró otra de las asistentes, Sinaida Teijeiro. «La gente piensa que damos a luz de cualquier manera, pero no es así», afirmó.

«Podría escribir un libro con la lista de problemas que he tenido tras tener a mi hijo en un hospital, pero no en casa», exclamó a su lado otra de las defensoras, María Luz Díaz. «Siempre ha sido así», clamó.

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