El papa Pablo VI y el arzobispo Óscar Romero ya son santos

El papa Pablo VI y el arzobispo Óscar Romero ya son santos

Francisco canoniza al Papa Montini y al arzobispo salvadoreño asesinado mientras celebraba misa en una multitudinaria ceremonia en el Vaticano a la que asistió la Reina Sofía

DARÍO MENORRoma

El papa Pablo VI y el arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero ya son santos. El Papa Francisco les ha canonizado en la ceremonia que ha presidido este domingo en la plaza de San Pedro del Vaticano ante miles de fieles, entre ellos la Reina Doña Sofía, que encabezaba la delegación española y a la que Jorge Mario Bergoglio ha dirigido un saludo especial al final de la misa. Además del Papa Montini y del arzobispo salvadoreño, asesinado en 1980 mientras oficiaba misa por un francotirador, han sido también inscritos en el libro de los santos la religiosa española Nazaria Ignacia March Mesa y otros cuatro nuevos santos.

En su homilía, Jorge Mario Bergoglio ha puesto a los siete como un modelo a seguir para los católicos recordándole a los fieles que tienen una vocación universal a la santidad: «Todos estos santos, en diferentes contextos, han traducido con la vida la Palabra de hoy, sin tibieza, sin cálculos, con el ardor de arriesgar y de dejar». Bergoglio ha comentado que Pablo VI, en el que tanto se inspira en su pontificado, fue «un profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres», mientras que ha aplaudido que Romero «dejara la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida» ayudando a los más desfavorecidos.

El Papa ha aprovechado su homilía para advertir sobre los riesgos de la avaricia, al decir que «la riqueza es peligrosa y dificulta incluso la salvación», aplicando este mismo consejo a la Iglesia. Ha invitado a «dejar las riquezas, la nostalgia de los puestos y el poder, las estructuras que ya no son adecuadas, los lastres que entorpecen la misión y los lazos que nos atan al mundo». Sólo por medio de un «salto hacia adelante en el amor» se evita que «nuestra vida y nuestra Iglesia se enfermen de 'autocomplacencia egocéntrica'».

Con el ascenso a los altares de Romero, la Iglesia católica reconoce a este símbolo de la lucha por los pobres cuyo proceso de beatificación se vio obstaculizado durante años por una parte de la jerarquía eclesiástica, que lo veía como a un peligroso simpatizante del marxismo. El cardenal Gregorio Rosa Chávez, que fue secretario personal de Romero, consideró que el nuevo santo aporta «cuatro elementos» a la comunidad cristiana: «la opción por los pobres, la lucha por la justicia, la defensa de la vida humana y ser voz de los que no la tienen». En su opinión, «la gente lo siente así», como refleja la enorme devoción popular entre los latinoamericanos por 'San Romero de América'. «Es un santo que encarna todo lo que el Concilio Vaticano II nos enseñó y eso tiene un precio, el martirio», explicó Rosa Chávez.

 

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