Noam Chomsky, premio Fronteras del Conocimiento en Humanidades

Noam Chomsky. /MICK TSIKAS (EFE)
Noam Chomsky. / MICK TSIKAS (EFE)

El lingüista estadounidense es el padre de las teorías modernas sobre el lenguaje humano y uno de los más grandes intelectuales vivos

Alfonso Torices
ALFONSO TORICESMadrid

La Fundación BBVA ha creado este año una octava categoría en sus prestigiosos premios Fronteras del Conocimiento, la de Humanidades, y ha decidido estrenarla a lo grande. El primer premiado con los 400.000 euros y un diploma es Noam Chomsky, el padre de las modernas teorías y estudios sobre el lenguaje humano y, para muchos, el intelectual vivo más importante del último medio siglo. Para Ignacio Bosque, el catedrático y miembro de la RAE que lo nominó, es «el candidato natural al premio, por ser el intelectual vivo más importante y el más citado (con unas 376.000 referencias en estudios de alto nivel), y por ser el mayor experto mundial en comunicación y lenguaje».

El jurado del premio, presidido por el catedrático de Filosofía Scott Soames, considera a Chomsky merecedor de esta distinción internacional «por sus contribuciones sin parangón al estudio del lenguaje humano». Este lingüista estadounidense (Filadelfia, 1928) es un intelectual de referencia mundial desde los años cincuenta del siglo XX, cuando expuso que el cerebro humano posee un conocimiento innato, preprogramado, que le permite adquirir y desarrollar el lenguaje, una rompedora teoría hoy mayoritariamente aceptada y cuyas implicaciones han impulsado nuevas vías de investigación en muy diversos campos científicos y humanísticos.

Chomsky es actualmente catedrático emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde ha desarrollado la mayor parte de sus investigaciones, y catedrático de la Universidad de Arizona. Su primer libro, 'Estructuras sintácticas', publicado en 1957, cuando tenía apenas 29 años, introduce el concepto de gramática generativa: la idea de que las reglas gramaticales de todas las lenguas son generadas por una gramática universal que el cerebro humano posee de manera innata.

De hecho, esta idea, que el lenguaje es un conocimiento previo y característico de los seres humanos, es la gran contribución científica de este intelectual y activista de izquierdas, que rebatió las teorías conductistas vigentes hasta entonces, que entendían el lenguaje humano como un aprendizaje de ensayo y error en el que los niños imitaban lo que escuchaban corrigiendo los fallos. Para Chomsky, en cambio, la mera respuesta a estímulos no explica la capacidad de los niños para crear oraciones del todo nuevas. La habilidad de producir un número infinito de estructuras –las oraciones– a partir de un número finito de elementos –las palabras– implica, en su opinión, que el cerebro humano nace programado con las reglas de la gramática universal que subyace a todas las lenguas, y que por tanto la adquisición del lenguaje no depende únicamente de aprender e imitar lo que otros hablantes le enseñan al niño.

Hablar no es imitar

«El simple hecho de que cualquier hablante pueda construir expresiones que nunca ha dicho y entender otras que nunca ha oído no puede explicarse a través de la imitación», destaca Ignacio Bosque para ilustrar la teoría del catedrático estadounidense. «Las palabras se agrupan de ciertas maneras en segmentos contenidos en otros mayores. A pesar de que las lenguas humanas presentan enormes diferencias entre sí, al menos aparentes, las relaciones que se dan entre esos segmentos son constantes, y son sensibles, además, a su constitución interna», resume el académico español sobre las aportaciones de este lingüista .

Según destaca el acta del jurado de este premios, Chomsky ha situado la investigación de la mente humana y sus productos «en una nueva y fructífera vía que abarca la lingüística teórica, la psicolingüística, las ciencias cognitivas, las filosofías del lenguaje y de la mente y la psicología cognitiva».

Con su visión del lenguaje como el producto de una facultad innata de la mente humana que lo genera con estructuras predefinidas, creen, Chomsky hizo posible el estudio «tanto desde el punto de vista científico como humanístico» del que podría ser considerado «el producto cognitivo más distintivo de la humanidad». El lenguaje, tras sus aportaciones, concluye el jurado, «pasa a ser no solo un instrumento de comunicación sino un objeto cognitivo-biológico emanado de la mente humana y, por tanto, en sí mismo una ventana al funcionamiento del cerebro».