«La llegada al poder de populismos ha reducido la ayuda al desarrollo»

El profesor Orazio Attanasio, en una estancia de la sede madrileña de la Fundación BBVA. /R.C.
El profesor Orazio Attanasio, en una estancia de la sede madrileña de la Fundación BBVA. / R.C.

El catedrático ve «difícil» cumplir el objetivo de la ONU de erradicar la pobreza extrema en el mundo para 2030

Alfonso Torices
ALFONSO TORICESMadrid

Orazio Attanasio (Nápoles, 1959) es un prestigioso economista que ocupa desde hace años múltiples cargos directivos en destacados centros de análisis e investigación británicos. Está especializado, entre otras áreas, en el diseño y evaluación de políticas contra la pobreza y para la mejora de oportunidades de la infancia en países en desarrollo. El catedrático del University College de Londres viajó a Madrid para dar una conferencia en la Fundación BBVA.

-¿El mundo avanza o retrocede en la lucha contra la pobreza?

-Está avanzando en los últimos 20 o 25 años. Se han hecho muchos progresos en la reducción del número de pobres, que han disminuido mucho. Ahora, eso no quiere decir que todo esté bien, porque este proceso de reducción de la pobreza se ha acompañado de muy poca redistribución en muchos países. Los pobres han bajado mucho en China y en la zona de la India gracias a la expansión del comercio internacional. Pero al mismo tiempo se han generado grandes bolsas sociales en países de Occidente que se han quedado atrás, con habilidades que repentinamente se han quedado obsoletas. Desgraciadamente las sociedades occidentales no han sido capaces de desarrollar programas capaces de lograr que el progreso económico sea compartido equitativamente entre muchos.

-¿Se podrá cumplir el objetivo de la ONU de erradicar la pobreza extrema en 2030?

-Veo difícil pensar que en once años vamos a cumplir ese objetivo. Hay regiones en el mundo que todavía están muy atrás. Pienso sobre todo en África, donde la pobreza es todavía muy endémica. Incluso en la India ha habido mucho progreso, pero hay sectores de la sociedad que están muy atrasados. Y en los países occidentales, como he dicho, la globalización ha creado bolsas de pobreza. Me gustaría pensar que se va a cumplir, pero va a ser difícil.

-¿Se ha notado un desplome de la cooperación al desarrollo desde el inicio de la crisis?

-Sí, pero no solo es consecuencia de la crisis. Hay varias cosas que han contribuido al mismo tiempo. Hemos visto aparecer fuerzas populistas en muchos países, que se vuelven más nacionalistas.

-¿La llegada de populismos al poder contribuye al descenso de la ayuda al desarrollo?

-Claro, porque muchas veces los populistas se alimentan del nacionalismo y dicen tenemos que prestar atención a lo que está pasando en mi país; los otros no importan.

-¿Qué programas y redes de protección mínimas debería tener cualquier país?

-Una cosa fundamental es garantizar que todos tengan oportunidades más o menos equitativas. Y para lograrlo es importante desarrollar programas hacia la primera infancia, porque sabemos que lo que le pasa a un niño en los primeros tres años es fundamental y va a tener consecuencias a muy largo plazo. Que las carencias de los padres no afecten a los hijos.

-¿En qué consisten esos programas orientados a la infancia?

-Obviamente que los padres tengan recursos económicos suficientes es importante, pero no es lo más importante. Lo son más programas de estimulación temprana para los niños y para los padres, para que se garantice que el niño crece en un entorno que es el más conducente a un desarrollo adecuado.

«La búsqueda de rédito electoral impide aplicar algunas buenas decisiones contra la pobreza»

-Usted ha luchado contra la pobreza infantil en Colombia e India. ¿Qué medidas de éxito serían exportables?

-Las intervenciones que intentan mejorar las prácticas de crianza, la estimulación con juegos, imágenes o libros, siempre que estén bien diseñadas. Lo que intentamos hacer es cambiar el comportamiento de unos agentes que son los padres, pero para ello hay que diseñar unas políticas que ellos acepten y hagan suyas. No dar lecciones sino involucrarlos y buscar siempre la complicidad de los líderes de esas comunidades para implantarlas.

-¿La búsqueda de rédito electoral de los políticos, de éxitos a corto plazo, impide poner en práctica algunas buenas decisiones contra la pobreza?

-Sí, seguro. Yo lo he visto. Hemos hecho evaluaciones de programas que no funcionaban, o incluso tenían un efecto negativo, pero eran muy rentables desde el punto de vista político. Los políticos sucumbían a la tentación de mantenerlos. Por contra, hemos hecho evaluaciones de programas que funcionaban bien y se pararon porque no tenían la rentabilidad política.

-¿Qué papel juega la familia como red de seguridad en los países en desarrollo?

-En general, juega un rol potencialmente importante. Por varios motivos. Porque en muchas situaciones el Estado hace muy poco. Y porque en otras ocasiones es una alternativa al mercado privado, porque existe más información y confianza. Se pueden cerrar acuerdos. Si ambos tenemos unos ingresos con riesgos, si yo estoy mal tú me ayudas y si tú estás mal yo te ayudo.

-¿Los gobiernos deberían mantener las inversiones en educación aún en las etapas de crisis?

-Sí, claro. Las intervenciones deben mantenerse, pero hay que tener cuidado con el dinero, porque los recursos son escasos. Hay que hacer intervenciones que sean buenas, que funcionen. Hay que evaluar de forma continuada. Y sobre todo garantizar que, aunque haya una crisis, no paguen las consecuencias en el largo plazo los niños y jóvenes. Hay que mantener intervenciones que garanticen la igualdad de oportunidades.