Pedro Iglesias de Paul asume el priorato de la Cartuja de Miraflores

Monje cartujo/Cartuja de Miraflores
Monje cartujo / Cartuja de Miraflores

El cartujo ocupará el máximo cargo de la Orden Monástica de la Real Cartuja de Santa María de Miraflores

Ismael del Álamo
ISMAEL DEL ÁLAMOBurgos

Sucesión en el priorato de la Real Cartuja de Santa María de Miraflores. El cartujo Pedro Iglesias de Paul ha sido elegido nuevo prior del monasterio burgalés por excelencia del siglo XV. Tras un proceso de elección interno, celebrado el 31 de octubre, el cartujo Pedro Iglesias de Paul sucede al actual prior, que continuará su vida dedicada a Dios en la localidad argentina de Córdoba.

Este cambio en el mando del priorato no debe de suponer ninguna novedad de cara al exterior, dado que la Orden Monástica de la Real Cartuja de Santa María de Miraflores es una institución centenaria, fundada por San Bruno en 1084. Su estilo de vida, basado en la oración y el silencio en clausura, hace que el contacto con ellos sea algo realmente extraordinario.

Únicamente, la web de la cartuja, en la que se publican blogs de los propios monjes, es el canal que permite conocer más sobre su modo de vida. En ella se puede descubrir que el cartujo se acuesta muy pronto, entre las siete y media y las ocho de la tarde. Cuatro horas más tarde, a las 23:30 de la noche, se levanta y comienza su jornada. Tras asearse y orar un rato, sobre las 0:15 horas la campana de la torre de Miraflores llama a los monjes a la oración de la noche en la iglesia del templo. Es el momento en el que celebran los denominados maitines y laudes, una oración cantada, compuesta de salmos y lecturas de las sagradas escrituras.

Los cartujos dedican la noche a la oración, principlamente maitines y laudes

El oficio litúrgico nocturno es uno de los más apreciados por estos cartujos noctámbulos, que oran hasta las dos y cuarto o tres de la mañana. «De vuelta a su ermita el cartujo hace una breve oración a la Virgen María en su oratorio y se acuesta sin tardanza». Tras cuatro horas de descanso, el despertador de los cartujos suena a las seis y media de la mañana, momento en el que se levanta y reza en la celda su primera oración. Hora y media después, a las ocho, se reúne la comunidad en la iglesia para asistir a una misa que siempre es cantada.

Un día dedicado a la oración casi al completo en el que queda tiempo durante la mañana para otros quehaceres como el estudio, la lectura y los trabajos manuales, que permite a los cartujos castellanoleoneses vivir de su artesanía gracias a la venta de pétalos de rosa cultivados, prensados y engarzados por las manos de estos hombres de Dios.

Es difícil ver a los cartujos de cerca y en una agrupación numerosa
Es difícil ver a los cartujos de cerca y en una agrupación numerosa / Cartuja de Miraflores

Seis siglos entre los burgaleses

Cabe recordar que su existencia se remonta al siglo XV. Desde ese momento, Enrique III 'El Doliente' construyó un palacio de caza que después entregó Juan II -el padre de Isabel La Católica- a los cartujos, tras contar con el beneplácito del obispo de Burgos, Alonso de Cartagena. En 1454 se produjo un incendio que destruyó el palacio. Desde ese año, hasta 1488, se desarrollaron las obras del nuevo edificio, después del impulso que llevó a cabo la reina Isabel La Católica al encargar la labor de restauración a los reconocidos maestros Juan y Simón de Colonia.

En la actualidad existen cuatro casas cartujas en toda España; la de Burgos se suma a una lista conformada por la de la Cartuja de Porta Coeli en Valencia, la Cartuja de Montalegre en Barcelona y la Cartuja de Santa María de Benifasar, en Castellón.

Y así, sin alzar la voz ante los humanos pero sí la oración ante Dios, los cartujos van cumpliendo siglos. Con fe en el silencio.

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