Récord de visitas al portaaviones 'Juan Carlos I'

Largas colas este sábado para ver el portaaviones 'Juan Carlos I', el buque insignia de la Armada española/BC
Largas colas este sábado para ver el portaaviones 'Juan Carlos I', el buque insignia de la Armada española / BC

7.500 personas soportaron colas de más de dos kilómetros para subir al buque

EVA MOLANO

Apabullante. Así fue el recibimiento que los vizcaínos dieron al portaaviones 'Juan Carlos I', el buque insignia de la Armada española, en su primera visita a un puerto del territorio. Ni la dotación del barco, compuesta por 400 militares, se lo esperaba. «Solemos ser muy bien recibidos allá donde vamos, pero esta está siendo una acogida espectacular. Nos sentimos super arropados y queridos por la sociedad de Vizcaya», reconocía Carlos Sánchez Riezu, teniente de navío, de 31 años.

Las cifras fueron de escándalo: 7.500 personas llegadas desde todas partes conocieron las entrañas del portaaviones. Hasta familias de comunidades vecinas, como Navarra o Cantabria, se acercaron para ver de cerca a este coloso de los mares, que también sedujo a ancianos, estudiantes... Hasta la fecha, el récord lo tenía Motril, donde lo visitaron 7.000 en un solo día. En Guecho, la jornada de puertas abiertas iba a prolongarse de diez de la mañana a seis de la tarde, periodo en el que cualquier ciudadano podía ver sus tanques, aviones y helicópteros de forma gratuita. Pero los responsables tuvieron que alargar el horario y permitieron el acceso al último grupo al filo de las siete menos cuarto. Unas 400 personas se quedaron sin poder ver el interior del buque militar más grande fabricado en El Ferrol: de 232 metros de eslora y 57 de manga en su punto más ancho.

La avalancha de curiosos se veía venir desde primera hora. Era sábado, el sol brillaba y miles de personas peregrinaron hasta el Puerto Deportivo de Guecho desde muy temprano para visitar la joya de la corona del Ejército. Hasta tuvieron que cortar el tráfico. A pie de muelle se empezaron a formar colas que llegaron a superar los dos kilómetros. La espera alcanzó las siete horas para quienes se pusieron en la fila sobre las diez y media. Para las dos de la tarde, más de 4.000 personas habían visitado ya el buque. En la cubierta del 'Juan Carlos I' había una fiesta, con cientos de visitantes preguntando a los oficiales todo tipo de detalles sobre los Harrier de despegue y aterrizaje vertical: el combustible que consume, la velocidad...

Iban pasando las horas de espera, pero los ánimos no decaían. Se podía ver a gente en la cola comiendo pintxos y bocadillos. Los militares repartían botellas de agua en las inmediaciones del acceso a la terminal de cruceros. Allí esperaban Sandra Rodríguez, de 24 años, vecina de Basauri, y su amiga Tatiana, una chica ucraniana con la que estudia un máster en Derecho Marítimo en la Universidad de Deusto. Armadas con una cámara de fotos, ya llevaban cuatro horas de cola. «Es una oportunidad. Nunca hemos estado en un buque de guerra y menos en un portaaviones».

«Aunque pierdas la mañana, merece la pena», decía Izaskun Fildalgo, de 17 años y vecina de Sestao, que sueña con algún día trabajar en el Ejército. Acudió con su padre, Agustín. Llevaban tres horas y pico de cola y les quedaban otras tantas, pero no les importaba. «Es un pedazo barco, el más grande de la Armada, y hay que verlo cueste lo que cueste. Aquí no suelen venir este tipo de navíos. Es una ocasión extraordinaria».

Vuelta a Rota

La Guardia Civil controlaba el acceso de los visitantes. Les dejaban entrar en grupos de cien, aproximadamente cada veinte minutos. Podían permanecer dentro el tiempo que quisieran. «Hace ocho años que nos entregaron el buque. Ya hemos organizado muchas jornadas de puertas abiertas, hemos cogido bagaje y decidimos que es mejor que las visitas sean libres y no guiadas. Porque así se da la posibilidad de que lo vea muchísima más gente en un solo día», apuntaba el teniente de navío.

Uno de los hándicaps fue que en Guecho la altura del muelle y de las mareas impedía desplegar dos rampas de acceso que hubieran permitido la entrada de más gente de forma simultánea. En su lugar, tenían que subir al barco por una escala, similar a la que se utiliza en los aviones. Sobre las 14.30 horas, la Ertzaintza comenzó a avisar a la gente que estaba en la última parte de la fila, a la altura del acuario, de que era probable que ya no pudieran entrar.

El tiempo se echaba encima y la Armada incluso envió un comunicado agradeciendo «la gran acogida» ofrecida al portaaviones, y recordando que este domingo también puede visitarse de 10.00 a 13.00 horas. Para ello, «se recomendaba madrugar». El portaaviones zarpará entre las cuatro y las cinco de la tarde. Llegará a Rota, su casa, el jueves. El próximo domingo volverá a partir de maniobras como buque anfibio en la zona de Cádiz.

«Nos hemos quedado sin pintxos desde primera hora»

Los bares del Puerto Deportivo no dieron abasto. Las miles de personas que atrajo el 'Juan Carlos I' aprovecharon para surtirse allí. «Nos hemos quedado sin pintxos desde primera hora. Ha sido una locura», decía Andrea Alama, camarera del Matxitxako. «Ha sido imposible dar servicio de terraza, y en general atender bien». La responsable del Bizargorri sacó adelante la mañana con otras tres personas. «No hemos podido dar un buen servicio». En el cercano Faro, todo volaba. «Hemos repuesto tres veces los pintxos, nos hemos quedado sin vasos... Han pedido un montón de cafés y pintxos para llevar», decía el camarero Jon Ander Estévez.