El señor de las jarras

El gusto de Emilio del Álamo por los objetos publicitarios de las marcas de whisky ha hecho que coleccione 1.400 lanzadores de agua

Emilio del Álamo, junto a una de las jarras que más aprecia de su colección/IAC
Emilio del Álamo, junto a una de las jarras que más aprecia de su colección / IAC
César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

Existen casi tantas aficiones como personas en el mundo. El gusto por el coleccionismo no se reduce a postales, sellos, monedas, cromos o cuadros. El burgalés Emilio del Álamo guarda lanzadores de agua, un objeto que ha pasado a la historia como 'jarra de whisky' porque los clientes de los pub británicos utilizaban su contenido para mezclarlo con la bebida alcohólica. A día de hoy cuenta con 1.400 unidades de 480 marcas distintas, un hito al alcance de muy pocas personas en todo el mundo.

Esta historia comenzó en 1978. Emilio tenía un bar y comenzó a tratar con representantes de marcas de whisky, que le regalaban algunas jarras como obsequio a un pedido de cierto valor. También comenzó a recopilar otros objetos publicitarios, como figuras, pequeños vehículos, cuadros o relojes de pared, aunque su predilección fueron las jarras. No obstante, junto a su extenso repertorio de objetos que tiene en su casa se pueden ver autobuses o incluso lámparas de Jameson, un barco de Passport y varios Papa Noel de Dewar's. «Me dio por la publicidad del whisky y ya llevo 40 años», agrega.

Más tarde inició un pique sano con otro hostelero local que provocó que, además de tiempo, dedicara dinero a esta afición. «Hasta entonces nunca había gastado nada», ratifica. Eso sí, siempre ha intentado adquirir objetos en muy buen estado, huyendo de piezas rajadas o agrietadas. También ha buscado lanzadores por bares de otras ciudades cercanas, como Santander, Bilbao o Palencia, pero el mayor espaldarazo a la colección de Emilio fue la llegada de Internet y de la página de subastas Ebay. «Vi marcas que no conocía», asegura el coleccionista. Entre las conocidas Cutty Sark, Ballantine's, J&B o la segoviana DYC aparecen otras que no son tan habituales en las barras de los bares, como Bowmore, Laphroaig, Tobermore, Daniel Crawford's o Peter Dawson, entre otras. De hecho, él mismo ha querido exponer su colección al resto del mundo a través de una página web en la que figura una buena parte de su colección.

Son consideradas en muchos casos como verdaderas obras de arte

Estos objetos, que ya no son tan populares, se hicieron famosos a finales del siglo XIX porque también sirvieron como espacio publicitario. Este hecho ha provocado que sean considerados en muchos casos como verdaderas obras de arte. «La jarras se crearon con el objetivo de incentivar la venta de whisky y para anunciar su marca», comenta Emilio, quien cree que se dejaron de fabricar porque se trata de una difusión excesivamente costosa.

Piezas fabricadas por los mejores

El coleccionista explica que las compañías de whisky encargaron la creación de estas joyas a importantes empresas cerámicas, como Royal Doulton, PDM o Shelley. También se fabricaron jarras de aluminio, de madera o de cristal, pero este burgalés prefiere las primeras. Tiene de todos los tamaños: pequeñas, grandes, con forma de animal y de persona. Incluso guarda una que incorpora un hilo musical. De hecho, la variedad es la principal característica de la colección, puesto que de las 1.400, solo tiene repetidas medio centenar.

Uno de los primeros lanzadores que recibió fue de White Horse, marca a la que guarda un especial cariño, puesto que entabló amistad con uno de los representantes. Actualmente tiene unas 30 jarras de esta marca, entre ellas, la más antigua de la colección, que está datada en 1900. Por ella, ya en el siglo XXI, llegó a pagar 470 euros, aunque el precio más habitual ronda los 30 euros, si bien es cierto que la factura se encarece al tener que sumarse los gastos de envío y, si fuera el caso, los de la aduana.

Cientos de marcas distintas copan las estanterías
Cientos de marcas distintas copan las estanterías / IAC

El respetable número de objetos y el hecho que ya no disponga de mucho espacio en su casa no merma la ilusión de Emilio por adquirir nuevas cosas. «Este mes he comprado una figura de Johnny Walker», comenta, a la vez que asegura que siempre que tiene tiempo libre echa un vistazo al ordenador por si hubiera novedades o cuando va a un bar mira la estantería en busca de alguna jarra que no tenga.

Vigías de este patrimonio

Por raro que parezca no es la única persona que tiene esta afición. No es el ni el único burgalés que ha invertido esfuerzos en juntar lanzadores de agua procedentes de Estados Unidos, Malta, Italia, Reino Unido o Francia. En este caso, la publicidad del whisky le dejó marcado allá por el año 1978 y aún no ha puesto límite a la colección, así que si alguna de las personas que tiene abandonado un objeto de este tipo en el trastero puede hablar con Emilio para entregárselo. Lo recogerá con una sonrisa de oreja a oreja y la tratará con mimo y un esmerado cuidado.

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