El sucio traje de Neil Armstrong, retirado del museo hace una década, vuelve a exhibirse

Una empleada del Instituo Smithsonian trabaja sobre el traje espacial del Apolo 11 de Neil Amstrong./
Una empleada del Instituo Smithsonian trabaja sobre el traje espacial del Apolo 11 de Neil Amstrong.

Recuperada por el Instituto Smithsonian, la impoluta prenda blanca, que ahora es gris debido al polvo lunar, ha sido clonada

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

El proceso para vestirse dentro del Apolo 11 era complejo. Tanto como el propio traje confeccionado con material ignífugo. Antes de salir a la superficie lunar, Neil Armstrong y Buzz Aldrin se vistieron con esa escafandra espacial que llevaba los sellos de la NASA en el pecho, seis conectores en el torso y múltiples cremalleras. Más que el rostro de los astronautas, lo que se ha fijado en la memoria colectiva son dos trajes blancos que avanzan torpemente entre los cráteres. Varios años después de terminar el proyecto Apolo, la NASA donó el de Neil Armstrong al Museo Nacional del Aire y del Espacio del Instituto Smithsonian, ubicado en Washington (Estados Unidos).

El traje, tan resistente como para servir de escudo a la radiación y el vacío en 1969, no lo fue tanto como para soportar el paso del tiempo, que lo deterioró hasta tal extremo que la institución norteamericana decidió retirarlo de la vista del público en 2006, y lo acostó en una cámara aclimatada. El traje mas famoso de la Tierra se deshacía y tenía polvo lunar en sus fibras, por lo que el blanco ya se veía gris; los sellos estaban descoloridos, tenía manchas de «origen desconocido» y remiendos.

La apuesta comenzó en 2015, con una campaña de micro mecenazgo con el lema «traer de vuelta el traje espacial de Armstrong». La misión era recuperar, digitalizar y reproducir «la pieza más frágil del museo». Se podía contribuir con un dólar o con 10.000 (8.800 euros). El Smithsonian logró 640.000 euros, entre algo más de 9.000 personas, para una minuciosa restauración del original, que volvió a la exposición pública el 16 de julio aunque sin limpiarle el polvo lunar. Además hizo una copia digital en 3D por fuera y por dentro; fabricó 15 clones y confeccionó un maniquí exacto a sus costuras. Los retoques finales fueron pintados a mano. Un traje espacial nuevo cuesta unos 20 millones de euros, calcula la Agencia Espacial Internacional. El de Armstrong no tiene precio.