Cuento chino con final feliz

Reencuentro de las dos familias, con la hija y el padre biológico en el centro./TheCover.Cn
Reencuentro de las dos familias, con la hija y el padre biológico en el centro. / TheCover.Cn

Un taxista conmovió a más de 4.000 pasajeros con la búsqueda de su hija desaparecida hace 24 años hasta que, por fin, han vuelto a abrazarse

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Al borde de uno de los tantos caminos de Chengdú, ciudad china con carreteras en forma de tela de araña con epicentro en la plaza Tianfu, una pareja de vendedores callejeros descuidó a su hija de 3 años, mientras la niña jugaba y ellos negociaban con fruta. Ese día, 8 de enero de 1994, la pequeña Qifeng desapareció sin dejar rastro. Intentaron encontrarla en los alrededores, buscaron en hospitales y orfanatos, y pusieron anuncios en la prensa local. Pero no tuvieron éxito.

El mundo entonces era más pequeño y amurallado. No obstante, su padre, Wang Mingqing, y su madre, Liu Dengying, no la olvidaron, aun cuando ni siquiera conservaban una fotografía suya, informó la BBC. Tuvieron otros dos hijos. La hija menor se parecía mucho a Qifeng, según sus padres, que ampliaron y divulgaron una de sus fotos carnet, tomada cuando cumplió una edad similar a la que tenía la mayor cuando se perdió. Fondo rojo, pijama azul, rostro pálido que se imprimió en folletos y cojines. No es que los chinos sean todos iguales, como creen los occidentales, pero la búsqueda dio resultado 24 años después.

En esta historia con final feliz, las cosas sucedieron muy lentamente, y su desenlace comenzó en 2015, dos décadas después de aquel desafortunado día. Ese año, el padre se hizo taxista y la compañía para la que trabaja, Didi Chuxing, le permitió colocar una enorme pegatina en el cristal trasero y repartir tarjetas con los datos de Qifeng a 4.839 clientes exactamente, aseguró Wang al diario China Daily: «Siempre he estado esperando a un pasajero, mi hija desaparecida».

El mensaje del padre se amplificó gracias a la implicación de medios locales y de una presentadora de televisión, y a la mensajería móvil WeChat. Sin embargo, lo que resultó más efectivo fue el boca a boca de quienes subían a bordo. La búsqueda llegó a oídos de un dibujante de la policía, que hizo un retrato de cómo podría ser Qifeng de adulta. Esa imagen circuló por la red. A 200 kilómetros de Chengdú, una mujer, casada y madre de dos niños, llamada Kang Ying, se sorprendió con el parecido que ella tenía con ese dibujo. Ella sabía que había sido adoptada; sabía que se había perdido de niña.

A principios de este año, Kang Ying se decidió a hablar con Wang por videoconferencia. Afloraron los recuerdos de él, que le contó que su hija tenía una pequeña cicatriz en la frente, como ella, además de otras señas de identidad. Había que dar el siguiente paso, la prueba de ADN. No era la primera vez que Wang y Liu creían haber encontrado a su hija extraviada, hasta que la prueba definitiva desmoronaba sus esperanzas.

El primero de abril, día de los inocentes en China, obtuvieron el resultado: positivo. Por fin la habían encontrado. Este martes Kang Ying, su pareja y sus hijos viajaron en avión, desde la población de Panshi, al noreste del país, hasta la ciudad que Wang recorría con su taxi mientras hablaba de ella. Se encontraron frente a las cámaras. Se abrazaron. Hubo lágrimas. Posaron. «Me decían que no tenía madre. ¡Pero sí la tengo!», exclamó Kang Ying. No hay evidencia alguna de que hayan paseado en el taxi.

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