UN MONASTERIO CON VIDA

El yermo camaldulense de Herrera, en Miranda de Ebro, nota el interés creciente de la comunidad en todo el mundo

El yermo camaldulense de Nuestra Señora de Herrera./EL CORREO
El yermo camaldulense de Nuestra Señora de Herrera. / EL CORREO
César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

«Hay un interés por nuestra vida en el yermo. Es un tiempo de esperanza». Así describen desde el monasterio de Nuestra Señora de Herrera, en Miranda de Ebro, la tendencia creciente de personas interesadas en ser eremita de la congregación de los camalduenses de Monte Corona, que choca con el descenso de fieles en el país y la falta de vocación en otros grupos religiosos.

Actualmente residen ocho monjes en este monumento, aunque hace unos años han llegado a residir doce. La cifra no es elevada, pero es el máximo que permite la congregación fundada por san Romualdo en 1024, reformada por Pablo Justiniani en 1529 y que llegó al exclave mirandés de Herrera en 1923. En ocasiones pasadas se llegó a afirmar que había 'lista de espera', si bien en el inmueble reconocen que a día de hoy, pese a las preguntas de interesados, existen plazas libres.

Coincidiendo con este interés, la comunidad hizo una llamada para ampliar las instalaciones con una celda para un monje y una hospedería externa para mujeres. Esta instalación es de vital importancia para las visitas familiares, puesto que ellas (ellos sí) no pueden entrar en la clausura y tenían que dormir en un hotel de Miranda de Ebro o de Haro.

La respuesta fue positiva y están llevando a cabo la reforma, que ronda los 90.000 euros. «Va a buen ritmo y esperamos que esté concluida en Pascua de Resurrección», declara. Los tabiques interiores de las celdas, que dividen el espacio en oratorio, comedor, estudio y habitación con baño, ya están levantados, si bien aún queda introducir las fontanería, la electricidad y revestir las paredes y abovedar los techos.

Estas construcciones, que se sumarán a las doce celdas para eremitas que existen en la actualidad y a la hospedería interna para hombres, servirán para completar el día a día de la comunidad, en el que se combina la oración en silencio y soledad y la vida en común. Además, la sede de Miranda de Ebro sirve como noviciado (actualmente hay uno) y también acoge a un donaro, una persona que pertenece a la orden pero que no hace los votos.

Respecto al auge de las vocaciones camalduenses, reconocen que la divulgación, bien mediante folletos o bien con libros, y la vida en fraternidad de los religiosos provocaron un crecimiento de llamadas a la comunidad, que cuenta con conventos en América, Italia y Polonia, entre otros lugares. El único yermo español es el de Herrera, que está formado por seis españoles, un colombiano y un italiano.