El regreso de los evangelistas a Quintanilla de las Viñas

El pleito por la titularidad de la ermita de Quintanilla de las Viñas o la falta de seguridad complican que los sillares robados de este templo regresen a su 'hogar', de donde salieron a la fuerza hace 15 años

Los dos sillares de Quitanilla de las Viñas en su devolución al Museo de Burgos. /APM
Los dos sillares de Quitanilla de las Viñas en su devolución al Museo de Burgos. / APM
Aythami Pérez Miguel
AYTHAMI PÉREZ MIGUELBurgos

Cuando llevas más de 15 años fuera de tu hogar la vuelta nunca es como uno la imagina. El tiempo ha pasado y ha cambiado a todos. Esto mismo les ha ocurrido a los dos sillares visigodos robados en el año 2004 de la ermita de Quintanilla de las Viñas, Monumento Nacional desde 1929.

Las obras representan a dos evangelistas y el pasado miércoles regresaron a su provincia, Burgos, pero es una incógnita si volverán a su hogar, la ermita de Quintanilla de las Viñas. Por el momento descansan para un tratamiento de conservación en el Museo de Burgos. Allí están también el resto de sillares que componen el conjunto artístico y que fueron depositados allí tras el robo para evitar un expolio mayor. Este gesto puede ser ya una pista sobre el destino final de las piezas. Aunque esto se conocerá en abril, tras una decisión que tomará el Consejo de Patrimonio Histórico.

El acto de devolución de los sillares estuvo plagado de gestos, por lo que se dijo y por las ausencias. El director general de Bellas Artes dejó claro que los sillares son ahora propiedad del Estado por haber salido del país ilegalmente. La ausencia del acto, muy significativa, fue la de algún representante del clero. Y es que, en este caso, se discute el destino de los sillares, la titularidad de los mismos e, incluso, quién es el propietario de esa ermita visigoda de Quintanilla de las Viñas. Mientras la Audiencia no diga lo contrario, la Iglesia es la propietaria tras inmatricular el templo la Diócesis en 2015. La sentencia judicial todavía no es firme pero no parece un despiste que el Ministerio de Cultura y la Junta se olvidasen de invitar al acto de devolución de las piezas al que, por ahora, es titular del templo.

La Diócesis está molesta, reclama los sillares porque la ermita es suya. Otra cosa es que los pueda conservar y proteger, tanto estos como la ermita o los cientos de inmuebles que tiene repartidos por la provincia. ¿Se avecina otra demanda? Pertenezcan los sillares al Estado o a la Iglesia parece que ambas instituciones, por el momento, se olvidan de que el acervo histórico y cultural de un país pertenece, en realidad, a sus ciudadanos. ¿Y qué pasa con la opinión de los vecinos? Por el momento, no importa mucho.

En Quintanilla de las Viñas el corazón dice una cosa y la cabeza otra. El corazón es partidario de que los sillares regresen a la ermita, el lugar para el que fueron creados. El patrimonio debe ser accesible y estar abierto a los ciudadanos, especialmente en el mundo rural. Esta ermita genera movimiento y atractivo en un zona que sufre especialmente la despoblación. Quien escribe estas líneas suscribe este planteamiento pero también es cierto que este patrimonio no es exclusivo de nuestra generación. Por solidaridad y responsabilidad, estos sillares deben ser preservados para el disfrute y conocimiento de generaciones futuras.

Pero ¿se puede garantizar su seguridad en la ermita? Una alarma en el templo no es suficiente. Los sillares pueden estar lejos ya cuando la patrulla de la Guardia Civil llegue. Si se refuerzan puertas y ventanas lograrán entrar por otro lado. En la provincia burgalesa la Iglesia tiene sin esclarecer más de 200 robos de obras de arte. Cuando se decida sobre el destino final de estos bienes, si es que la Iglesia no inicia otro pleito, se debería tener como objetivo hacer del patrimonio cultural un agente impulsor del medio rural. Este robo es un efecto más de la despoblación.

Si no se puede garantizar la seguridad de los sillares, de todo el conjunto de sillares, más aún ahora que se han mediatizado, se podría optar por unas réplicas. Catedrales como las de Notre Dame o Siena no lucen en el exterior sus esculturas originales. En la catedral de Burgos se optó por réplicas en resina, pero no dieron el resultado que se esperaba, habría que intentar que no sea así en este caso. El objetivo es que los bienes no estén descontextualizados y contribuyan al impulso del medio rural, al que pertenecen, por lo que se podrían instalar en otro edificio del pueblo donde su seguridad sí esté garantizada. Esta historia no debería tener un desenlace en el que Quintanilla de las Viñas se quede sin las piezas bien protegidas o sin unas réplicas decentes en la ermita.