Honor y gloria del Duque de Lerma

Regreso al siglo XVII, reviviendo la traslación del Santíssimo

PATRICIA CARRO

El cronista Pedro de Herrera sirvió en el último viaje en el tiempo disfrutado en Lerma. En la soleada mañana del domingo 22 de octubre, la Villa Ducal regresó al siglo XVII, y por sus calles volvieron a pasear Francisco de Sandoval y Rojas, el rey Felipe III, la Corte Real y una notable representación de nobles y autoridades eclesiásticas del reino de España. El Santíssimo Sacramento fue a la Colegiata de San Pedro, recordando aquel glorioso 7 de octubre de 1617 en el que el templo se inauguró, consagrado como iglesia colegial.

El esfuerzo de los lermeños, que llevaban meses trabajando en esta gran recreación histórica, último plato fuerte del programa conmemorativo del cuatrocientos aniversario del Complejo Monumental (Palacio Ducal y Colegiata), ha merecido la pena. Han recordado su poderoso pasado, cuando Lerma era una de las villas más importantes de Europa, en el campo político y también en el religioso, gracias a Francisco de Sandoval y Rojas. El duque hizo de la villa su fuerte, y la inauguración de la Colegiata fue un acto más de demostración de su poder.

Felipe III asistió al acto de inauguración de la Colegiata de San Pedro, muestra de poder de Sandoval y Rojas

La recreación del acontecimiento histórico partió de la Plaza de Santa Clara, inicio de la procesión de traslación del Santíssimo Sacramento desde el Convento de la Ascensión al templo de San Pedro. Encabezándola, los pendones de las villas de la comarca y la cruces parroquiales. Tras ellos, frailes y monjas y autoridades eclesiásticas. Bajo palio, la custodia, portada por el abad pontificado, y precedida por el Duque de Lerma, quien disfrutó de la admiración y el reconocimiento de cientos de lermeños.

De la Plaza de Santa Clara a la Plaza Mayor, donde se instalaron cuatro altares efímeros del siglo XVII, ante los que se hizo parada de oficio, acompañada por una acción algo más lúdica. Se recrearon bailes barrocos y se interpretaron músicas de la época. También Góngora y Quevedo deleitaron con un recital de poesía religiosa. Y, cumplidas las primeras obligaciones religiosas, la comitiva se dirigió a la Colegiata de San Pedro, para proceder a su inauguración, con bendición incluida.

Al abrigo de Roma

Tres años y medio se tardó en construir el nuevo templo, sobre la base de la iglesia preexistente, y fue gracias al trabajo de más de 1.000 almas, de obreros y peones, recordó el arquitecto durante su intervención, ya en el interior de la Colegiata. Las obras arrancaron un 28 de mayo de 1614, impulsadas por los Sandoval y Rojas, y concluyeron pocos días antes del 7 de octubre de 1617. El abad Pedro de Valdivielso leyó la bula apostólica del papa Pablo V que otorgó el título de colegiata a San Pedro, protegida por la sede de Roma y libre del poder del Arzobispado de Burgos.

El Duque se comprometió a entregar 2.000 ducados anuales, 1.700 destinados para la misas capitular, y así lo siguió haciendo aun cuando cayó en desgracia. Pedro de Herrera recordó que, solo un año después del gran acto de Lerma, Francisco de Sandoval y Rojas perdió el favor del rey “víctima de los entresijos de la Corte”. Lerma también fue perdiendo brillo, pero nadie le quitará ya su época dorada, su Palacio Ducal hoy convertido en Parador de Turismo, y su templo de San Pedro, aunque ya no sea colegiata.

La recreación de la traslación del Santíssimo Sacramento e inauguración de la Colegiata de San Pedro ha sido el último gran acto del programa conmemorativo del cuatrocientos aniversario del Complejo Monumental. Eso sí, se puede considerar un proyecto piloto que se consolidará como iniciativa permanente en el calendario festivo de la villa. Se ha contado con la participación de más de 200 lermeños, liderados por la Asociación Cultural El Arco, el Ayuntamiento y la parroquia. Las voces las han puesto los actores de La Hormiga y El Duende de Lerma.

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