El patrimonio burgalés en peligro I: Santa María de Rioseco

La lucha de una comarca por mantener su patrimonio da sus frutos y la asociación Salvemos Rioseco espera que su trabajo sea reconocido por Hispania Nostra y, que en breve, el antiguo cenobio salga de la Lista Roja

Claustro del Monasterio de Santa María de Rioseco/BC
Claustro del Monasterio de Santa María de Rioseco / BC
César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

El Monasterio de Santa María de Rioseco entró en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra el 21 de octubre de 2008. Fue uno de los primeros monumentos burgaleses en formar parte del indeseable elenco, pero, por el contrario, también es uno de los que tarde o temprano puede salir de ella por la puerta grande.

La asociación Salvemos Rioseco, una entidad que une a vecinos y agrupaciones relacionadas con el Valle de Manzanedo y la comarca de Las Merindades, tiene entre ceja y ceja recuperar el edificio. Y poco a poco, con mucho esfuerzo e ilusión, lo está consiguiendo. Un buen premio a esta labor sería que el edificio dejara de estar señalado antes de que cumpla 10 años dentro del registro de Hispania Nostra.

Vista aérea del monasterio
Vista aérea del monasterio / BC

El antiguo cenobio, que data del siglo XIII, fue residencia de monjes benedictinos hasta la decimonovena centuria, cuando fue incluido entre los bienes a desamortizar. Este hecho, al igual que en otros lugares, supuso el inicio de la decadencia del monumento. En 1835 nadie quiso adquirirlo, por lo que el comisario provincial de la subasta, Francisco Arquiaga, se quedó con él, aunque por desgracia ya se encontraba en mal estado. Posteriormente volvió a manos de una institución de la Iglesia -en este caso, el Arzobispado- y, tras años utilizándose, el monumento acabó en el olvido y en la ruina.

El estado era deplorable y entró en la Lista Roja. Pero un grupo de entusiastas se puso manos a la obra para detener el deterioro y posible expolio de un edificio que está ubicado en un «entorno mágico bañado por el Ebro», según afirmó el coordinador de Salvemos Rioseco, Juan Miguel Gutiérrez Pulgar, cuando firmó el convenio con la Fundación Caja Rural para organizar la octava semana del voluntariado, una cita que se repite cada verano en agosto y que reúne de manera altruista a vecinos de la zona y a cooperantes de lugares tan variopintos como Portugal, Gerona o Sevilla. En 2017, se acercaron 157 personas de variada edad y origen hasta este paraje del norte de la provincia de Burgos.

La iniciativa arrancó en 2010 eliminando malezas y desbrozando el terreno con la colaboración de la Asociación Forestal Burgos. Al año siguiente, en 2011, llegaron los voluntarios que, de manera altruista, retiraron el escombro de la iglesia, colocaron losas y levantaron los altares que se habían caído. A ellos le siguieron otros grupos, que han avanzado en la consolidación del monumento. Además, de manera paralela, las administraciones públicas y entidades privadas también se han sumado a esta tarea, lo que ha repercutido positivamente en el monasterio. Próximamente, arrancará la construcción del tejado de la capilla norte gracias a una actuación de la Junta de Castilla y León.

Los resultados están a la vista. Antes nadie podía adentrarse en el edificio, ahora recibe turistas. Unas 6.000 personas ya han conocido este lugar que tanto cariño ha despertado en la zona y que se está convirtiendo en un símbolo de un valle formado por 16 pueblos y 150 habitantes. Este verano, como no podía ser de otra manera, seguirá abierto. Hasta el 15 de julio, las visitas guiadas están fijadas durante los fines de semana y, a partir de esa fecha, durante todos los días.

Por último, y no menos importante, gracias a esta rehabilitación, que ha sido premiada, el monasterio ha vuelto a ser fuente de cultura. Es testigo de talleres educativos, actuaciones musicales e incluso de un desfile de moda. Entre las próximas actividades ya programadas destacan un concierto del grupo Ensamble del Saxo del Patronato de Música de Ibiza el 30 de junio y una gala lírica el 20 de julio.

 

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