El Patrimonio burgalés en peligro IX: Iglesia de Santa María de Padilla de Arriba

Un vecino crea un museo al aire libre para mantener vivo el recuerdo del monumento

Vestigios de la iglesia de Santa María de Padilla de Arriba/Javier Gómez Crespo (Montacedo)
Vestigios de la iglesia de Santa María de Padilla de Arriba / Javier Gómez Crespo (Montacedo)
César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

Podría decirse, si fuera una persona, que la iglesia de Santa María de Padilla de Arriba ha tenido mala suerte. Primero, porque una obra de restauración en el siglo XIX no valió para nada, y, posteriormente, porque a mediados del siglo XX no se tenía el respeto por el patrimonio cultural que se tiene actualmente.

La historia contemporánea del monumento no es positiva, pero el escultor local Emilio Torres quiere que, al menos, se mantenga vivo el recuerdo del templo. Por ello, en la zona adyacente ya ha colocado una veintena de figuras que conforman un museo al aire libre. 'La Virgen Blanca', 'La segadora y la espiga' o 'La niña saltando a la comba' son tres ejemplos de este arte en la calle.

Su sueño es llegar más allá. El artista reconoce que levantar de nuevo el monumento es imposible. Pero, por el contrario, cree que sería muy interesante que, a modo de homenaje, se marcara en el suelo la planta completa del edificio románico datado entre los siglos XII y XIII. Un edificio que, además, era de lo más singular, puesto que contaba con dos naves y, posiblemente, con piedras labradas procedentes de un antiguo templo visigótico destruido durante la invasión musulmana.

Pero estas características solo se pueden ver en los libros de historia; nadie puede comprobarlo in situ. Actualmente solo queda en pie la pared de poniente, conocida popularmente como 'torre caída', y una pequeña parte del ábside derecho. En 1863, el Arzobispado presentó un proyecto valorado en 9.042 reales para reparar una grieta que surgió en la esquina de las tapias del oeste y del norte, pero, como se avanzaba unas líneas antes, resultó un rotundo fracaso. «Taparon con adobes una grieta. Fue una chapuza», comenta Torres.

Detalle de los restos de la iglesia.
Detalle de los restos de la iglesia. / Javier Gómez Crespo (Montacedo)

Los vaivenes finiseculares en España y el inicio de la vigésima centuria, con la Primera Guerra Mundial, no eran el caldo de cultivo perfecto para mantener en buenas condiciones una iglesia que necesitaba mimos. Como a perro flaco todo son pulgas, en 1920 se cayó el campanario, lo cual empeoró la situación del monumento.

Ante esta situación, el escultor afirma que, por la razón que fuera, el pueblo no se movilizó para defender la iglesia de Santa María. «Es más, por esta época, desmontaron el retablo y lo llevaron a la otra iglesia del pueblo», añade Torres. A este hecho se sumó uno más habitual, pero no por ello menos sangrante, el expolio de los vecinos, que fueron cogiendo las piedras para darlas un segundo uso. Así se mantuvo durante unas décadas, hasta que en los años 60 se ejecutó la estocada de muerte. El Ayuntamiento socavó los cimientos del inmueble del lienzo norte de la iglesia y utilizó el material para la construcción de la cerca del camposanto.

Ahora, en el siglo XXI, Torres desea que «esta mancha roja en el patrimonio de Padilla», que entró en la Lista de Hispania Nostra el 30 de diciembre de 2018, se rehabilite como espacio para el arte y sirva de recuerdo a un templo que en el pasado sirvió como lugar de oración y de entierro -porque antiguamente se enterraba en las iglesias- a los vecinos de esta localidad de la comarca de Odra – Pisuerga.

 

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