Humor macabro con 'balconing'

Cartel que promociona el 'balconing' cerca del Parque Güell./C. R.
Cartel que promociona el 'balconing' cerca del Parque Güell. / C. R.

En Barcelona, la turismofobia se hace patente con unos llamativos carteles que invitan al 'guiri' a tirarse al vacío

CRISTIAN REINOBarcelona

¿Tiene límites el humor negro? El debate se ha colado estos días en el tórrido verano barcelonés, después de la aparición de pintadas y carteles en las zonas turísticas de la ciudad en los que se invita a los visitantes a practicar el 'balconing'. La actividad, popularizada por los 'guiris', consiste en saltar desde el balcón de la habitación del hotel hasta la piscina, la mayoría de las veces con unas cuentas copas de más. «Balconing is fun» es el lema que decora estos días el entorno del Parque Güell, una de las zonas más saturadas por el turismo y que los locales ya apenas visitan. «Estimado turista, ¿sabes qué es el 'balconing'? Prevé la gentrificación, mejora la calidad de vida de los vecinos… ¡y es muy divertido!»

Los carteles no pasarían de una mera gracieta, incluso simpática y por qué no decirlo ocurrente, si no fuera porque el 'balconing' se ha convertido ya en sí mismo en un problema en muchas zonas turísticas españolas, hasta el punto que este verano solo en Mallorca han perdido la vida seis personas al practicarlo. Algunas de ellas del Reino Unido, de ahí que estos días la prensa sensacionalista inglesa se lo haya tomado muy en serio y haya acusado a los antituristas de Barcelona de reírse de la tragedia.

El Ayuntamiento de Barcelona, que este verano ha estado en el ojo del huracán por la agresión que sufrió un turista norteamericano por parte de un mantero, ha tenido que salir al paso, rechazando el mensaje de los carteles y ordenando a su servicio de limpieza que los retire.

Al pie del monumento de Gaudí, visitado por dos millones de personas cada año, las opiniones son de todo tipo. Hay quien cree que no hay que sacar las cosas de quicio y que solo se trata de una campaña ciudadana simpática, pero hay quien no le ve la gracia por ningún lado. «Mejor no hacer chistes con las desgracias de los demás», señala Joseph, un joven turista norteamericano.

Barcelona recibe unos 10 millones de turistas al año, una cifra que se ha multiplicado por cinco desde 1990. Este aumento exponencial y en tan poco tiempo, tiene sus consecuencias en la población, en la economía local, en el mercado de la vivienda y genera rechazo, como se ha manifestado en la capital catalana en los últimos tiempos. Ahora es la incitación al 'balconing', pero el año pasado ya aparecieron pintadas que decían «tourists go home» y se produjeron algunos episodios como ataques a hoteles durante protestas vecinales, pintadas amenazantes (dianas) y el surgimiento de movimientos sociales que plantan cara al lobby turístico.

El punto de inflexión se produjo hace cuatro años con la publicación en la prensa de una imagen de dos turistas italianos desnudos, saliendo de un colmado, junto a la playa de la Barceloneta. Algunos cayeron en la cuenta de que su ciudad se había convertido en un parque temático y se dispararon todas las alarmas.

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