100 días gobernando sobre espinas

Daniel de la Rosa toma el mando como alcalde el pasado 15 de junio/Aythami Pérez Miguel
Daniel de la Rosa toma el mando como alcalde el pasado 15 de junio / Aythami Pérez Miguel

El PSOE de las promesas cumple cien días de gobierno en minoría con una centroderecha que planta batalla pero sigue desunida

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Daniel de la Rosa se convirtió por sorpresa en alcalde de Burgos el 15 de junio. Tras un sprint final, en el que Vox fue el protagonista indiscutible de una maniobra maestra del PP que dejó en evidencia las carencias de Ciudadanos, el PSOE se hacía con la Alcaldía de Burgos como primera fuerza política de la ciudad frente a la mayoría de centroderecha. Tres meses más tarde, los socialistas han comprobado que el gobierno en minoría es un camino de rosas lleno de espinas y que el PP se va a cobrar todas y cada una de las afrentas del último mandato, en el que Javier Lacalle también estuvo gobernando en solitario, a expensas de la oposición.

Los inicios no han sido fáciles y, de hecho, ni siquiera Podemos, que se ha articulado como el principal apoyo de los socialistas aunque no sea su socio prioritario, está conforme con la acción de gobierno municipal. Y eso que De la Rosa ha tenido que enfrentarse innumerables marrones, en forma de contratos caducados, concursos paralizados, expedientes perdidos y facturas pendientes de pago. También desbloquear temas enquistados, herencias del PP, y comerse algún sapo que otro, como que los 'populares' hayan cambiado de opinión sobre el desarrollo del Parque de Artillería, tirando por tierra el acuerdo existente y el trabajo de los últimos años.

Los socialistas han intentado hacerse fuertes, marcar territorio y recordar que, aunque sea en minoría, son equipo de Gobierno y les corresponde liderar la acción de gobierno. El alcalde califica de «frenética» la actividad municipal y asegura que están «cogiendo el toro por los cuernos», en cuestiones como el futuro de la Escuela de Relaciones Laborales. Mientras, la oposición insiste en que el Ayuntamiento está paralizado y De la Rosa se dedica solo a reuniones protocolarias, en las que va sumando compromisos que, recuerdan, tendrán que soportarse en un presupuesto municipal para el que todavía no hay ni borrador, ni mucho menos acuerdo político.

El PP se ha erigido en líder de la oposición y, aprovechando la ventaja que ofrece su experiencia al frente del gobierno municipal, no le ha dejado ni los cien días de cortesía antes de atacar. Las críticas han sido constantes y Javier Lacalle asegura que el PSOE está viviendo de las rentas, sacando adelante iniciativas que los 'populares' ya dejaron encauzadas (extremo en el que no le falta razón, pues un gobierno hereda la tramitación del anterior, si bien toca recordar que muchas iniciativas, sobre todo en inversiones, fueron pactadas con los socialistas).

Los 'populares' presumen de hacer una oposición férrea, pero responsable, y niegan ser bloqueantes, si bien todavía no han explicado su espantada en el Parque de Artillería, por poner un ejemplo. Mientras, Vox y Ciudadanos lamentan que la voluntad de diálogo y búsqueda de consenso, de la que presume el gobierno municipal, se esté quedando solo en buenas palabras. Critican que el PSOE haya maniobrado para mantener el control de comisiones y organismos autónomos cuando no suman votos, y que tomen decisiones de manera unilateral, imponiéndoselas a la oposición bajo la responsabilidad última de sacarlas adelante.

Eso sí, no toda la posición es estrictamente oposición. Los dos ediles de Podemos están colaborando, aunque solo sea con la abstención, a la acción de gobierno, mientras van sacando adelante las que consideran sus 'prioridades'. Esos sí, nada evita que también muestren su descontento con De la Rosa, pues consideran que está siendo tibio y poco atrevido para ejecutar el cambio comprometido cuando tiene una moción de censura sobre la cabeza que podría materializarse en cualquier momento.

Una moción que sobrevolará, como una amenaza constante, el Ayuntamiento mientras no se conforme un gobierno estable. De la Rosa es bien consciente de ello pero, insiste, su equipo trabaja sin tenerlo en cuenta, sin «obsesionarse». Pero, de momento, la moción tiene pocos visos de salir adelante. Interés al PP no le falta, pero cualquier gobierno alternativo debe pasar por un alcalde del PP, y no de Cs como se pactó antes de la investidura. Ciudadanos no lo comparte y acusa al PP de no querer compartir el poder. Y, con estas mimbres, Vox cree que la moción es poco viable a corto plazo, pues la oposición está desunida. Ni siquiera se han sentando a hablar, afirman.

La confluencia en planteamientos y propuestas existe, en algunas ocasiones bien dirigida por el PP, y así se demostró, por ejemplo, nada más arrancar cuando la oposición frenó el intentó del PSOE de alterar la representatividad en las comisiones. O cuando convirtió en un espectáculo el acuerdo de retribuciones y dedicaciones exclusivas, con preacuerdos, descuelgues y hasta enfrentamientos directos en el Pleno, quizás lo más vergonzoso que se ha visto hasta ahora en el Ayuntamiento.

Unos y otros aseguran que el próximo reto, que definirá el devenir político de Burgos, serán los presupuestos de 2020. Ahí se verá hasta dónde llega el espíritu de diálogo y consenso del equipo de Gobierno y el interés de la oposición por sumar o bloquear la acción de gobierno. La ciudad lleva dos años con un presupuesto prorrogado, no se puede permitir un tercer ejercicio, y a priori parece que no hay líneas rojas, al menos por parte de los socialistas. Si no se consigue acuerdo, poco quedará para lanzar una moción, esa que clamaba Javier Maroto minutos después de la investidura y que acabó atragantándosele al PP: