Azul desvaído

El Partido Popular arranca curso político en alerta ante la incertidumbre de una convocatoria electoral y la necesidad de conformar nuevas listas

Azul desvaído
Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Con una paella, el Partido Popular toma el pulso al curso político cada mes de septiembre. La cita le sirve a los 'populares' de termómetro para saber si tienen calentura, simples décimas o el mercurio cae a la zona de los muertos vivientes. Y, en esta ocasión, la temperatura del cuerpo 'popular' oscila entre el azul desvaído y el rojo fiebre, porque no es lo mismo ser el afortunado ocupante de un puesto para los próximos cuatro años que ver cómo se aproxima una nueva convocatoria electoral.

En Arcos de la Llana, el PP arrancó ayer un curso político marcado por la incertidumbre. Bien lo saben Sandra Moneo y Javier Lacalle, diputada y senador a los que les tocaría volver a defender su candidatura si se repiten las elecciones. O Cristina Ayala, que en ese caso volvería a tener opción de re-ocupar su puesto en el Senado. Unos y otros comieron ayer paella en ausencia de Jaime Mateu y Salvador de Foronda, damnificados del éxito del PSOE de Pedro Sánchez en Burgos.

La incertidumbre se manifiesta también en el Ayuntamiento de Burgos, sin saber cómo afectaría una nueva cita electoral a la presencia no solo de Javier Lacalle, que sigue en Burgos pese al empeño periodístico de mandarlo a Madrid, sino también de otras figuras como Vicente Marañón. El de Ciudadanos ya se postuló como cabeza de lista al Congreso, aunque el puesto finalmente se lo llevara Aurora Nacarino-Brabo, y tras el fiasco del pacto PP-Cs-Vox podría querer irse en Madrid.

Con más tranquilidad ven el mundo en la Diputación y la Junta de Castilla y León, y eso que tienen por delante cuatro años de acuerdo PP-Cs. Aquí ya se sabe quién es procurador y quién diputado, no va a haber cambios, y los gobiernos son estables, al menos hasta que salten por los aires por diferencias irreconciliables de sendas bicefalias. De ahí que hasta Arcos se acercase ayer Ángel Ibáñez, recibido con la ovación que merece un burgalés convertido en consejero de la Presidencia.

O Inmaculada Ranedo, actual procuradora, que llegó de la mano de una exprocuradora, Irene Cortés. O la exconcejal Lorena de la Fuente, que se quedó a las puertas de las Cortes, pero no por eso reniega del Partido Popular. Mucho más escasa fue la presencia de diputados provinciales, alcaldes y concejales. Y es que la partida ya ha empezado, las cartas están repartidas y quedan cuatro años para volver a barajarlas, tiempo suficiente para méritos y posicionamientos.