Un camino que engancha

Con la llegada del verano, son numerosos los peregrinos que recorren las calles de Burgos con la mirada puesta en Santigo de Compostela

Dos compañeros de camino esperando en la puerta del albergue/AIA
Dos compañeros de camino esperando en la puerta del albergue / AIA
Andrea Ibáñez
ANDREA IBÁÑEZBurgos

La llegada de la temporada estival trae cada año consigo días de relax, tardes de pueblo y noches de chiringuito para los más afortunados; en definitiva y como dice la famosa canción de Marta Sánchez, 'arena y sol'. Los que no tienen tanta suerte aprovechan para refrescar sus cuerpos –por dentro y por fuera- en la piscina con una cerveza fresquita tras salir de trabajar. Pero sin duda, una de las opciones favoritas para los que pueden elegir es por excelencia atravesar de este a oeste la Península ibérica. Muchos serán los que hayan aprovechado sus vacaciones para calzarse las botas y llegar en este 25 de julio, día de Santiago, para besar al santo que les espera en la catedral de Santiago de Compostela. Pero aun queda mucho verano por delante y muchos peregrinos a los que recibir en nuestra ciudad. Atentos aquellos que estén pensando en ponerse a ello, tomen nota con atención y sobre todo, vayan sacando ropa desde ya de la mochila.

Laura Hinojo es una joven barcelonesa que visita Burgos por primera vez. Visiblemente alucinada busca el ángulo perfecto para hacerse la foto perfecta junto a la Catedral que certifica –al menos a ojos de sus seguidores en las redes sociales- que acaba de finalizar una etapa más de este camino. El año pasado, Laura realizó el tramo desde Sarria hasta Santiago de Compostela- 100 kilómetros- junto a una amiga. Este verano, decidió iniciar la aventura desde el principio -Sant Jean Pied de Port- hasta Santo Domingo de la Calzada. Pero una cosa llevo a la otra y tres etapas más tarde se encuentra en Burgos y lo único que sabe es que hasta el 15 de agosto no tiene nada que hacer. Así, ahora mismo, su plan de ruta es no tener plan. Y según su experiencia, la clave del éxito para tener un buen camino es «retarse en cada tramo».

Los que no caminan solos son Israel Moreno y Elena Domech, una pareja de Zaragoza que realiza el camino en una modalidad algo especial. Lo completan a tramos cada fin de semana o puente libre del que disponen. Tras realizar los últimos kilómetros hasta Santiago, ahora se han lanzado a hacerlo desde el principio y llegar hasta Finisterre. Al día siguiente trabajan, pero parece no preocuparles este hecho; además ya tienen su mirada puesta en el siguiente reto caminero, después del Camino Francés vendrá el Aragonés.

Acercándose hasta la puerta del albergue municipal se pueden encontrar innumerables peregrinos haciendo cola con sus mochilas alineadas, mientras otros apuestan por echar un refrescante trago en la terraza del bar de enfrente. Justo allí, se encuentran Miguel Alumbreros, de Madrid, y Javi Paz, de Bilbao, ajenos a que el albergue abrirá en menos de cinco minutos. Estos dos 'amigos' se conocieron durante el camino y pretenden seguir la ruta haciéndose compañía. Ambos tienen claro que terminaran esta aventura en Santiago, pero no solo de una vez, ya que sus apretadas agendas se lo impiden por el momento. Tampoco son nuevos en el peregrinaje, ya que el año pasado realizaron una buena parte del recorrido, pero este año tiene puesta su meta en León y Astorga hasta que puedan llegar al final oficial.

Sin duda, son muchos los factores que pueden influir en que el camino sea más o menos agradable y uno de ellos es que al final del día las condiciones del albergue sean óptimas para que el sueño sea verdaderamente reparador y arrancar frescos de madrugada a caminar unos cuantos kilómetros. Laura es bastante conformista y no tiene queja en cuanto a los albergues, aunque reconoce que ha llegado a ver sábanas de papel. Los zaragozanos son más de hostal o de habitación doble con baño por 25 o 35 euros. Miguel y Javi son de los que no desconectan y lo que echan de menos sobre todo, son los enchufes. «El móvil te puede valer en alguna emergencia, salvar de una lesión o indicarte el camino correcto», concluyen. Lo que más le molesta a Javi es la falta de limpieza en algunos de de los albergues. «No he visto ninguno especialmente mal, pero alguno es mejorable».

Después de estas declaraciones no es difícil de imaginar cuáles son algunos de los objetos que no faltan en sus mochilas -ni deberían faltar en las de los futuros peregrinos-. El móvil y la tarjeta, un pequeño botiquín, vaselina para evitar rozaduras en los pies, chubasquero, una chaquetita o un saco-sábana. Pero los más animados de este camino -Miguel y Javi- aseguran que lo indispensable es una muda «para no ir en pelotas» y agua para paliar el calor, «aunque una cerveza también está bien» – dicen entre risas-.

Si ya han incluido lo necesario en su mochila no suelten papel y boli porque llega el momento de los consejos de estos experimentados peregrinos. Bien es cierto que la tentación es llenar la mochila hasta los topes pero no es lo idóneo. No llevar más del 10% del peso de uno mismo, incluir solo lo necesario e ir lavando sería lo ideal. Por lo tanto, no echar de más en la mochila se convierte en el consejo estrella. Por otra parte, aclarar que el camino no es una broma. Hay que entrenar, si quieren llegar, lo que hay que hacer no lanzarse a la aventura.

Para dejar buen sabor de boca, las cosas más positivas de los protagonistas que son incapaces de escoger entre lo mejor que les ha dado el camino.«Sorprende, da mucha paz, te sientes en el mejor sitio», «conoces a gente que se convierte en parte de tu vida en un día», «hay mucha gente que te cuanta cosas bonitas», resaltan los más filósofos. Los más románticos destacan que «lo mejor es el compañerismo, la gente que no conoces de nada, compartir experiencias». En definitiva, en el camino no hay idiomas, es una descompresión mental, una experiencia positiva total. Y debe serlo, porque todos ellos tienen planes para finalizarlo. Ninguno llegará a Santiago esta vez, pero no parece ser lo más importante. Recuerden, mochila medio vacía y cabeza llena de experiencias en un camino que engancha.

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