Gamonal, cuando el pueblo dice no

Gamonal, cuando el pueblo dice no
Gabriel de la Iglesia
GABRIEL DE LA IGLESIABurgos

Hace ahora cinco años, Gamonal se convirtió en foco informativo nacional -e incluso internacional- a raíz de los disturbios que, durante cuatro noches, se propagaron por el barrio. Unos disturbios que sin duda eran noticia en sí mismos, pero que no fueron sino la consecuencia de la convergencia de múltiples factores. Los coletazos del 15-M, la incidencia de la crisis económica y financiera y, sobre todo, el hartazgo de los vecinos de a pie supusieron el caldo de cultivo perfecto para que las protestas contra el proyecto del bulevar de la calle Vitoria, inicialmente pacíficas, traspasaran la línea roja y desembocaran en una auténtica batalla campal por las calles del barrio.

Y no es que no hubiese señales premonitorias. Las hubo, y muchas. La primera, y quizá más significativa, ocurrió nueve años antes, también en Gamonal. En agosto de 2005, los vecinos de Eladio Perlado -hoy renombrada Avenida de los Derechos Humanos- paralizaron a las bravas las obras del aparcamiento subterráneo proyectado por el equipo de Gobierno. En aquel momento, el equipo de Juan Carlos Aparicio, entonces regidor municipal, cometió el error de no escuchar la oposición vecinal y el conflicto le estalló en la cara. Nueve años después, Javier Lacalle cometió el mismo error.

Durante meses, buena parte de los vecinos del barrio se mostraron contrarios al proyecto del bulevar. El coste de la obra, la crisis, las dudas en torno a la transparencia del proceso de redacción y adjudicación de las obras y la sustitución de plazas de aparcamiento en superficie por un aparcamiento subterráneo de pago no convencían. Y eso se vio en las calles, con movilizaciones que en algún momento alcanzaron el nivel de multitudinarias. Pero el equipo de Gobierno miró hacia otro lado y decidió seguir con el proyecto.

Lo que pasó a partir de ahí es ya historia. Las obras comenzaron y los vecinos las paralizaron, de nuevo a las bravas. La respuesta policial fue inmediata y, lejos de serenar los ánimos, los caldeó. Durante cuatro noches, propios y extraños giraron la cabeza hacia 'El Gamonal', como fue bautizado el barrio por numerosos medios nacionales que apenas discernían si es el Arlanzón o el Orinoco el río que baña Burgos. Detenciones, destrozos del mobiliario urbano, heridos y contenedores ardiendo. Una imagen muy alejada del 'Sonríe, es Burgos' promovido por el Ayuntamiento.

Y a la vista de la situación, a Lacalle no le quedó más remedio que dar marcha atrás. En realidad, no tenía otra opción ante la presión que estaba recibiendo el Consistorio. Y eso que apenas unas horas antes de anunciar la paralización de las obras se había reafirmado en su postura. Pocas veces se ha pasado del no rotundo al sí en tan poco tiempo.

Hoy, aquel capítulo de la historia reciente de Burgos es apenas un recuerdo. Sin embargo, lo ocurrido en aquellas cuatro jornadas queda como aviso de que los gobernantes nunca pueden gobernar de espaldas al pueblo.

 

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